Notas a vuelapluma de una tertulia sobre trascendencia, azar y eneagramas.

tunel

La trascendencia. El azar. El eneagrama. El discurso. Quién me iba a decir a mí que el ir llorando sobre la mala suerte que persigue a mi equipo de fútbol tras caer eliminado en Copa del Rey iba a acabar (de)generando una conversación así. La inescrutabilidad, añado.

Yo no sé explicar muy bien qué es eso que me aterraba de niño y que en la actualidad me fascina. Esa percepción de exclusividad vital, de unicidad, de conexión con mi propio ser. Esa consciencia (si es que puede ser consciencia) de que estoy sentado delante de un ordenador tecleando este escrito. Que lo hago yo. Una persona. Esta persona. Mi persona. Yo. Me toco un brazo después de escribir ésto. Sigo sin saber explicarlo. Me encanta, por otra parte, no saber explicarlo. Me pareció entender a mi contertulio que las religiones nacieron precisamente con el fin de superar ese miedo a no encontrar explicación a esa aterradora y fascinante sensación. Y que, más o menos, de eso va un poco todo el rollo de la trascendencia. No sé, me suena todo muy new age, la verdad, y nunca me he considerado yo muy espiritual aunque quizá lo sea. Y ya no tengo pelo para dejarme coleta.

El azar, por otra parte, quedó un poco denostado. La suerte, la fortuna, ese concepto abstracto al que muchas veces nos agarramos para, nuevamente, tratar de explicar(nos) cosas. Creo que lo sustituimos por confianza o autoconfianza. Creer. Creérnoslo. La profecía autocumplida y tal. El efecto Pigmalión. Llámalo fe, qué sé yo. Y salió, claro que salió, el nombre de Simeone como ejemplo. Igual pecamos de evidentes y de obvios pero, ojo, los datos le han respaldado. Este tipo parece que generó confianza en el Pupas. Y se lo han creído a pies juntillas.

Y el discurso. O, mejor dicho, la narración del discurso. Que llegue el gurú y difunda su mensaje pero que tenga altavoces, resonancia. Siguiendo con el fútbol como ejemplo, recordamos a la Roja cuando aún no lo era. Mi compañero dijo que fue Luis Aragonés quien rebautizó así a aquella España que hasta 2008 no pasaba de cuartos de final. Un rebautizo, una refundación, un cambio. Y una cohorte de voceros dispuestos a difundir la nueva buena y una audiencia que se la cree. Todos los medios hablando de La (nueva) Roja y creyendo en que algo había cambiado. Campeones de Europa. Algo cambió, sí.

Autoconfianza, fe, nuevo discurso y nuevas formas de narrarlo y difundirlo.

Y ya tampoco me preguntéis como pasamos a hablar del Eneagrama de la Personalidad. Y aquí ya no me pidáis reflexiones tan sesudas (lo digo como si las anteriores lo hubieran sido). Me quedo con lo anecdótico, con el colorín: soy un siete, un 7, soy un puto cienfiebres que hoy tiene que plasmar por escrito lo que disfrutó teniendo una tertulia así y mañana quilosá qué será lo próximo que le entusiasme.

Buenas tardes.

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2 comentarios en “Notas a vuelapluma de una tertulia sobre trascendencia, azar y eneagramas.

  1. La verdad es que hablar, lo que es hablar…pero con pasión, hace que sucedan cosas. Cosas que importan, cosas que te enseñan, cosas que quedan y cosas que construyen. Simeone es pura pasión, el Eneagrama me apasiona, el Baraka F.C. te apasiona colegui…En esta ensalada de speed conversador como no sorprendernos y , a su vez, aprender del desconcierto???

  2. Pingback: 23 de enero. Mi banda sonora. | 100 Fiebres

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