La puta senectud.

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Creo que me apropié de la palabra senectud en BUP, en la asignatura de Literatura. Supongo que repasando a algún literato de la Generación del 27. O del 98. A saber. El caso es que es una palabra que me gustó y que me gusta. Al fin y al cabo, no deja de ser un sinónimo elegante para referirse a la vejez. La vejez suena más fea. Al menos a mí.

La vejez no mola. O, al menos, algunas vejeces. Cuando el círculo vital se cierra con el renglón torcido se pasa una época desagradable. Mi suegro a veces dice, muy acertadamente, que con los niños gusta estar pero con los viejos no. Es así. A casi todo el mundo le gusta ir a las casas donde hay niños pequeños pero no a las de personas mayores. Los niños pequeños transmiten alegría. Las personas mayores, si no están bien, no. Niños y mayores. El círculo. Cuando las personas llegamos a viejas, en muchos casos, sufrimos un deterioro que es, a su vez, una regresión: volvemos a necesitar el apoyo y la supervisión de otros; necesitamos un tacataca; nos tienen que dar de comer; nos tienen que ayudar para asearnos; y así. El cierre del círculo vital. Esa imagen geométrica me parece muy descriptiva.

Recuerdo una conversación online con Marta a raíz del cómic ‘Un adiós especial’ de Joyce Farmer (al que corresponde la viñeta que encabeza esta entrada). Mi amiga decía que esta obra tenía una visión de la vejez DESGRACIADAMENTE muy real. Desgraciadamente. Una novela gráfica de tono autobiográfico en el que la autora describía el deterioro de su padre y su madrastra. La verdad es que el cómic es duro. Y bueno. Lo recomiendo. En esa misma tertulia, Marta también decía que la vejez le ponía nerviosa cuando le tocaba vivirla en primera persona. Que no tenía paciencia. Ahora mismo entiendo bastante bien aquellas sensaciones que transmitía mi amiga.

A pesar de que con mi abuela materna ya me tocó vivir en primera línea de fuego la vejez chunga, la intensidad ahora, cuando son mis padres los protagonistas de esta etapa, es mucho mayor. Sí, mis padres son y están mayores. Están viejos (iba a poner viejitos así como para edulcorar la cosa) y con muchos de los rasgos chungos que se describen DESGRACIADAMENTE en el muy real cómic antes mencionado. Y nos centramos en atenderlos, visitarlos y darles mucho cariño y tal pero temblamos cuando nos suena el teléfono y vemos en la pantalla que es de su casa o vamos a ella y vemos el panorama.

Esto es así, por mucho que utilicemos diminutivos, eufemismos o sinónimos elegantes aprendidos en BUP. La vejez. La senectud. La puta senectud.

Buenas tardes.

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Un comentario en “La puta senectud.

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