Dolores Caro Mora (1935 – 2014)

Un último sacrificio. Cuando la cabeza empezaba a nublarse de forma irremisible, Dolores, Lola ordenó parar a su corazón. Un último gesto de generosidad dirigido a su familia. A nosotros. Una muy dolorosa ofrenda para su familia. Para nosotros.

Una muesca más, la última, de abnegación que añadir a su vida. Un nombre, Dolores, que, como a veces dijo ella misma, le venía que ni pintado. Una niñez marcada por una guerra, por perder a su padre en la misma, una posguerra y por vivir atrapada en un pequeño pueblo extremeño al servicio de la viuda, de su madre, de mi abuela.

Una mujer inteligente, muy inteligente, que tuvo que ver como a su hermano sí se le permitía salir del pueblo para formarse. Ella lo abandonaría casada en busca de un futuro próspero en una lejana y gris tierra del norte, en otro pueblo infinitamente mayor que su Santiago del Campo, una ciudad en la que ya pasaría más tiempo que en el lugar que le vio nacer y al que ya no quiso volver. Más barakaldesa que santiagueña aunque nunca perdiera su acento castúo.

Cinco hijos, marido, madre e incluso posaderos a los que acoger. Y ella como matriarca y gestora de toda la prole. Y, si se podía, trabajando fuera de casa. Sacrificio. Abnegación. De nuevo.

Sus gafas. Su envidia por las dentaduras perfectas y los pechos grandes. Sus veranos en Santander con su prima. Su repelús a los bares. Su “creo a satisfacción”. Sus depresiones. Sus jodidas depresiones. Unas sonrisas y unas risas caras, difíciles de ver pero, precisamente, cuando aparecían, era porque realmente lo sentía, porque lo que se lo generaba realmente merecía la pena.

Dormir con ella, de niño, cuando mi padre tenía turno de noche en la fábrica. Ser yo su niño cuando le faltaba poco para ser abuela.

Mereció disfrutar más. Mucho más. Sin duda. Pero quiero pensar que, al igual que con sus risas, cuando gozó, lo hizo intensamente.

Al igual que a su madre, mi abuela, le empezó a fallar la cabeza al final. Pero, a diferencia de ella, a mi ama le falló siendo más joven. Y, a diferencia de ella, se ha ido más pronto. Se ha ido de una forma discreta, rápida. Se ha ido antes de que su cabeza quebrase en demasía la nuestra, se ha marchado para evitarnos mayores y prolongados sufrimientos. Y, a modo de consuelo, se ha ido sin padecimiento.

Descansa Dolores. Lola. Ama.

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4 comentarios en “Dolores Caro Mora (1935 – 2014)

  1. SIEMPRE, JODIDAMENTE SIEMPRE, EN LA MEMORIA DESMEMORIDA DE QUIEN NO PUEDE MAS QUE GRITAR EN SILENCIO QUE SOLO DESAPARECE LO QUE SE OLVIDA Y SE QUE JAMAS LA OLVIDAREMOS. GRACIAS RAUL, MIL GRACIAS.
    LUCCIO. UN ABRAZO.

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