Caída y auge de las Paredes que Hablan

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No sé muy bien qué le ha pasado en los últimos días al blog de Paredes que Hablan. No sé lo que le ha pasado pero me alegro de estar escribiendo ésto.

Lo que sí sé que le ha pasado es que, últimamente, no paro de recibir notificaciones de Tumblr en el móvil en el que se me avisa de que a no sé quién le ha gustado tu post y que no sé cuál ha reblogueado tu post. Sí, es un poco txapa recibir notificaciones (aunque sean mudas) pero también gusta saber que hay feedback.

Lo que sí sé que pasa es que Paredes que Hablan es otra de esas chaladuras que, a lo mejor, no he cuidado lo suficiente o, al menos, no he cuidado como se merece. Y mira tú que es uno de mis vomitorios digitales que más satisfacciones, por decirlo de alguna manera, me ha proporcionado. Por ejemplo, en 2011, cuando el blog estaba alojado en wordpress (bitácora que, por cierto, se puede seguir visitando), ganó la primera edición de los premios Euskalblogs en la categoría de Fotoblog. Y gracias a ello, un miniordenador de aquellos que se llevaban hasta que irrumpieron las tablets que me llevé a casa y unos pintxicos bien ricos y una bonita tertulia que compartimos los premiados.

Luego, no recuerdo bien por qué, dejé que Paredes que Hablan se apagase hasta que, gracias a la insistencia de algunas personas y ante la certeza de que mantener dicho espacio no tenía porqué llevarme demasiado tiempo, decidí rescatarlo pero ya en la plataforma Tumblr desde la que, a día de hoy, sigue funcionando.

Y sigue funcionando porque mucha gente, además de parabienes, me sigue nutriendo de paredes cuando mi archivo se va agotando. La gente abre las orejas e intenta escuchar a los muros de sus ciudades y de sus pueblos. Intentan rescatar reflexiones, llamamientos, curiosidades y soberanas bobadas para, desinteresadamente, cedérmelas a mí. Gracias a todos.

Y funciona compitiendo con pintadas virales, de esas de Acción Poética, de esas que la gente encuentra en el Facebook y me las pasa y yo las rechazo (el único criterio que impongo es que si alguien me pasa una pared, que la haya escuchado de verdad, no que sea un hallazgo en la red). Paredes que hablan. Pintadas, guarradas que a veces estropean patrimonio y otras lo enriquecen. El muro, la pared, la tapia… Soporte que, guste más o menos, se seguirá usando y se seguirá leyendo, escuchando.

Y llegamos a esa duda con la que abría el artículo. No sé bien por qué ERES LOS MEJORES DÍAS DE MI VIDA y TODOS QUEREMOS LO QUE NO SE PUEDE han sido tan aclamadas en los últimos días. Misterios de la red, supongo. Sea como fuere, dicho enigma me ha llevado a fijarme otra vez en las Paredes que Hablan, en reflexionar de qué forma puede este espacio seguir proporcionándome placeres y, de momento, lo que he hecho ha sido darle un cambio de look (en la foto) a la espera de decidir si, a nivel de contenido, lo dejo tal cual (es decir, en un formato más visual) o vuelvo al premiado planteamiento de buscar y recibir paredes parlantes y acompañarlas de una pequeña reflexión como hacía antes, en el otro blog.

Caída y auge de las Paredes que Hablan. Bueno, auge, auge… Igual tampoco. O sí. No sé. No sé muy bien lo que ha pasado y lo que está pasando, pero habrá que hacer un poco más de caso a la criatura.

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