The 13th Floor Elevators: The Psychedelic Sounds of The 13th Floor Elevators. Mi Banda Sonora.

Está claro que no me da para mantener la idea primigenia de Mi Banda Sonora. Escucho casi todos los días música, sí, pero no actualizo el que debiese ser consiguiente diario. No problem. Reconvertimos la sección.

Mi banda sonora puede ser atemporal. Permanente. Nostálgica. Puede echar la vista atrás sin abandonar el presente. O sea, puedo, de vez en cuando, retomar las escuchas que realice un día determinado si realmente merece la pena contar por qué he llegado a ellas. Pero, mientras, vamos a intentar escribir sobre música (temática que, normalmente, no me exige demasiado y, por tanto, dada mi galvana actual, es ideal para que no muera el blog) en una clave parecida, esto es, rememorando por qué llegué a un determinado disco, a una determinada canción, en su momento. Qué emociones, eventos, motivos, personas, lugares, interacciones me llevaron a incorporar equis álbum a mi colección.

Es, en definitiva, volver a rescatar un tipo de artículo con la música como trasfondo pero en clave personal o alejada absolutamente del análisis más, digamos, técnico. Unos textos que, cuando teníamos en marcha La Furgoneta Azul, englobé bajo el epígrafe ‘Biocríticas’. Las biocríticas, por tanto, son ahora (también) Mi Banda Sonora y esta nueva versión arranca eligiendo un disco desde un criterio muy simple: es el primero, alfabéticamente hablando, que encabeza mi colección.

Sea.

Alta Fidelidad. Alta Fidelidad fue una gran fiebre. El libro de Nick Hornby y la película de Stephen Frears. El film protagonizado por John Cusack arranca con los abrasivos acordes de “You’re gonna miss me” de los de Austin, Texas. Ahí, en ese instante, conocí a los 13th Floor Elevators.

Energía y psicodelia que ganan mi atención. Un gutural, casi atávico, sonido protagonizado por el jug que me lleva a fijarme en un garage-rock, con toques punkarras, en el que no había reparado previamente porque, a pesar de emerger de una década que sí me interesaba, no se correspondía con los sonidos más accesibles a los que uno estaba acostumbrado, amén de no estar ubicados a este lado del Atlántico, prácticamente única fuente geográfica de procedencia musical en la que me fijaba entonces.

Así, de arrancar el CD de la banda sonora de la peli de Frears se dio el paso a hacerme con otro CD que veo en el escaparate de Long Play (la tienda de discos del pueblo) en el que la lisérgica portada del “The Psychedelic Sounds of The 13th Floor Elevators” (en edición especial) atrae mi atención y de ahí, como decía, a abrir mi listado de discos en Word y a reinaugurar un nuevo formato para Mi Banda Sonora.

NdA: no sería justo si no admitiese que el blog del gran Endika, My 366 Songs, también ha influido a la hora de dar un cambio de rumbo a esta sección. Vamos, que me ha dado cierta envidia.

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