THE ARCADE FIRE: “Funeral”/ “The Suburbs”. Mi Banda Sonora.

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Fue en 2006 cuando nos acercamos a Boadilla del Monte, al festival Summercase. Una primera noche caótica, cansada, que finalizó con una infructuosa búsqueda de taxi que nos acercase a pernoctar, un medio de transporte que nos costó cerca de cuatro horas conseguir. Fue la segunda noche, la del sábado, cuando la cosa mejoró. Más descansados, más ambientados, nos dejamos llevar por la programación de conciertos y por la fiesta inherente a este tipo de eventos. Ni viernes ni sábado los canadienses Arcade Fire actuaron en la planicie madrileña. No formaban parte de aquel (gran) cartel que confeccionó la gente del extinto sello Sinnamon. Pero fue al amanecer del domingo, en una carpa, con DJ Amable a los platos, si no recuerdo mal, cuando el tema “Rebellion (Lies)” atronó e impresionó, de alguna forma, a este que escribe. Hasta ese extraño momento, hasta esa especie de comunión música-contexto- ambiente-loquesea, no había prestado excesiva atención a los Arcade Fire, a pesar de que, ya con ese primer disco, “Funeral”, eran un auténtico hype. De repente, una canción, esa canción, implosiona, revienta y emociona. Una canción que me obliga a la semana siguiente a acudir a la tienda de discos que fuese a comprar el CD en cuestión. Una rebelión (y sus mentiras) que me llevó a un funeral.

Una rebelión (y sus mentiras) y un funeral que me llevaron, de nuevo, a Madrid, a verles en directo en el Palacio de los Deportes el 20 de noviembre de 2010. Arcade Fire presentaban su, por entonces, último trabajo, “The Suburbs”, un álbum ya asociado a esa noche, aunque ya lo hubiese degustado previamente. Un directo intenso, de tintes épicos, en cuya descripción no me detendré. Porque los recuerdos que me sobrevienen cuando me pongo el “The Suburbs” en casa o en el coche se asocian a un brownie que nos esperaba a la salida de la parada de metro preparado por una amiga, hasta entonces, virtual, Henar, desvirtualizada en ese momento junto a Javier y Manuel. Se asocian a otra desvirtualización furgonetera, la del mítico Marcos, aka Merridew, y su amigo James Earl (ahora sólo puedo recordar su apodo de Facebook) y la noche que ambos nos brindaron cenando mollejas y cosas así en un garito de Malasaña, tomando copas en El Garaje Sónico o acabando la misma, garrafón incluido, en el Nasti. Se asocian a una vuelta de empalmada en avión, en el mismo avión en el que viajaba Rafa Alkorta (que habría estado presenciando el clásico Madrid – Barça que también aquella noche se celebró en el Bernabeu), un avión en el que mis ronquidos atronarían como atronó aquel “Rebellion (Lies)” en Boadilla. Se asocian a una vuelta a casa desde el aeropuerto hasta casa, en el coche de Javi, escuchando a Iron & Wine (allí, en el 206 de Javi, se prendió la fiebre hacia Sam Beam) y a los abrazos de despedida con el otro Javi, Andoni, Luismi y Raúl.

“Funeral” y “The Suburbs”, por tanto, quedan unidos a noches castizas, en distintos enclaves de la capital del reino. Como también es un disco netamente madrileño el “Black Market Music” de Placebo, pero esa es otra historia, otra personal banda sonora que, espero, también será relatada.

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