La camarera atractiva

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En el origen de todo está ella. La camarera atractiva. Tiene aspecto de proceder de un país de Europa del Este. Su acento también lo denota. Es alta, delgada, con curvas, con una piel perfecta, unos ojos oscuros rasgados y una sonrisa comercial. Es difícil identificar un estilo estético ya que siempre va ataviada de camarera. Una camarera de bar moderno. Camiseta y pantalón negro y una danzarina cola de caballo, que recoge un cabello precioso.

La presencia de la camarera venida de una antigua república socialista generó las primeras citas. La certeza de que ella serviría sus mesas hizo nacer sus tertulias. Un sentimiento, una atracción. No es lo mismo, claro, que el amor que ellos sienten hacia sus esposas. No. Es un amor más animal, más homínido. Sí, atracción. Un amor. Otro amor.

Las reuniones, de hecho, no son lo mismo si la camarera atractiva no está, si no no trabaja ese día. Ella ejerce de motor de arranque de la plática. Cuando se acerca y pregunta con su acento rumano, albano, bosnio o polaco qué se va a tomar, ellos se lanzan miradas cómplices, más propias de adolescentes barbilampiños que de tipos que consumen cine coreano.

Ella podía haber sido la mecha de una PYME; de un fanzine; de un club de lectura; ella podría haber motivado el inicio de un casting para un cortometraje; gracias a ella podría haber nacido un partido político o un sindicato; la camarera atractiva venida del Este de Europa generó más filosofía que la lectura de los clásicos griegos.

La camarera atractiva. La camarera atractiva no estuvo en el turno de mañana. Tampoco en el de tarde. No estuvo ayer ni ha estado hoy ni se la espera mañana. Preguntar al encargado del bar por ella suena excesivo. Obsesivo. No para él sino para ellos mismos. Se podrían rastrear otros garitos a ver si la han contratado en otro sitio. Una nueva sede para el club, para la tertulia.

No se ha vuelto a saber de ella. No han vuelto a saber nada de la camarera atractiva. De la bella camarera eslava. La conversación decrece. El diálogo mengua. La plática disminuye. Ya no se habla de cine, de política, de medios de comunicación. Ni siquiera se critica a otros. En el origen de todo estaba ella. Ella ha desaparecido. Ha sido el fin de todo.

* La foto es de Juan Blanco, quien la ha compartido en Flickr con licencia CC.

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