El conato de respuesta, de nuevo, un mes después.

La periodista se dirige a mí buscando fuentes. Necesita una voz autorizada que pueda dar una opinión sosegada al respecto. Se me ocurren dos nombres. Me comprometo a consultarlos.

El primero de ellos me dice que no. No le apetece hablar en primera persona y, ni mucho menos, representando a la institución para la que trabaja. Es un tema demasiado delicado. No cree, de hecho, que la propia institución diese permiso para ello. El segundo nombre también rechaza participar. Comenta que el momento no es el más idóneo. Las emociones están a flor de piel. Quizá, comenta, dentro de un mes o así no haya problema.

Traslado ambas negativas a la periodista. Desde su rol entiendo que la alternativa de esperar un mes no le vale. Ella trabaja en/con/para/desde la actualidad. No pasa nada.

El mes está a punto de cumplirse. Efectivamente, ya no hay ruido. No hay debate público, ni runrún inmisericorde. Ya no hay conversaciones de bar al respecto. Tampoco en las fruterías o en las pescaderías. La actualidad va demasiado aprisa, más en estos tiempos. La realidad, en cambio, sigue ahí. Las potenciales fuentes del principio siguen trabajando con jóvenes, violentos o no. Quizá más cómodos ahora, cuando los chicos han dejado de ser noticia.

Muchas de estas educadoras sociales, de estos profesionales de la intervención social, sea cual sea su especialidad, son escépticos, a su vez, con las administraciones. Las mismas que se activaron en aquellos aciagos días pidiendo explicaciones, demandando medidas, solicitando ayuda a sus subalternos en la trinchera. El mencionado escepticismo responde a la sensación de que, en breve, todo volverá a estar igual que antes; en standby, a la espera, cruzando los dedos para que no vuelva a ocurrir algo que les ponga en el disparadero, en el foco de la actualidad, una actualidad que ofrecía preguntas, que pedía respuestas. Una actualidad que, por diferentes motivos, rehusaron.

Yo no me pude contener. El pasado 26 de enero escribí un texto en EducaBlog en el que analicé, también, a mi forma, de la manera más sosegada que pude, lo que estaba ocurriendo. Traté de responder a la actualidad, hecha carne en forma de interrogantes que me planteaban familiares y amigos. Un conato de respuesta sobre los desgraciados episodios violentos protagonizados por menores que sacudieron Bilbao durante días.

Casi un mes después lo traigo aquí. Para que no se nos olvide. Para que todos aquellos que nos activamos aquellos días seamos conscientes y no bajemos la guardia. Para que pese a que el tema en cuestión ha desaparecido de los encabezamientos a cuatro columnas y de los titulares de los telediarios, la gente sea consciente de que se sigue trabajando para que sucesos así no se repitan, pretendiendo incidir, de hecho, de nuevo desde un punto de vista periodístico, en que, quizá, también se podrían sacar noticias poniendo en valor ese trabajo sordo y oscuro que se realiza cotidianamente con carácter preventivo, un trabajo que también merece ser reconocido por la todopoderosa actualidad, aunque falten componentes morbosos que aumenten el número de clicks.

Si queréis, aquí está: Ya que me lo preguntas, querido… conato de respuesta sobre la violencia protagonizada por menores.

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