Las manos siguen frías

Desentumezco los dedos. Escribo esto ahora para desentumecerlos. El corrector del word me subraya en rojo desentumezco y desentumecerlos. Me resulta extraño que las primeras palabras de este texto sean esos verbos, en esas formas. Verbos que no parece reconocer la máquina, el procesador de texto. Me dan ganas de parar. Casi hasta de llorar. No. Confesaré que esto último es una especie de licencia que he añadido al releer este primer párrafo. No, no he sentido ganas de llorar.

Esto que nos ocupa me ha sobrevenido hace un par de horas o así, mientras fumaba un cigarro. He inhalado humo y he chupado frío. He bajado con una chaqueta fina al portal de la oficina. Y con un café de máquina. Si hubiese quitado la tilde a máquina, la esdrújula sería una llana y habría rimado con fina y oficina. Lástima de reglas ortográficas y gramaticales.

Bebía y fumaba con una fina chaqueta ya de noche, decía. Noche cerrada. Mucha gente abandonaba ya el edificio tras acabar su jornada laboral. Yo sólo me tomaba un pequeño descanso. En él, he decidido, decía, empezar a escribir algo para desentumecer los dedos. Curioso: el procesador de texto no me subraya ahora el infinitivo.

Las manos siguen frías. Pensaba que al escribir esto las calentaría. O, al menos, templaría las falanges tecleando. Al usar ese sinónimo, falanges, para no volver a decir dedos me ha sobrevenido una sonrisa. ¡Qué tontería! He pensado en el otrora sindicato o partido o lo que fuese: la Falange. La Falange Española. Lo que iba a ser un ejercicio para desentumecer los dedos parece virar hacia un texto en el que incluir referencias políticas. Puedo desviarme, de hecho, al ascenso de VOX y tal. Realizar una reflexión acerca del auge de la extrema derecha en Europa. En breve, de hecho, empezaré a leer ‘Ilska – La Maldad’ que versa, precisamente, sobre esto. Pero no.

No. No estoy ahora aquí para eso. Que va. He abierto un documento en blanco para desentumecer los dedos. Ahora voy a poner en cursiva, en el párrafo anterior, dedos y falanges y, a continuación, voy a buscar un sinónimo para desentumecer. Y también lo voy a poner en cursiva. Esperad. Ya está: desentorpecer, desadormecer, desentumir, reavivar. Os confesaré que también he buscado un sinónimo para dedo. Y no: falange no aparecía como sinónimo. Mejor. Era la excusa que necesitaba para no llevar este escrito hacia vericuetos ideológicos.

Desadormezco los dedos. Los desentorpezco, los reavivo. Pero las manos siguen frías. He salido a cuerpo gentil a la calle, a fumar y a beber sucedáneo de café y ahora no entran en calor. Tampoco estoy tecleando de una forma compulsiva, obsesiva. Y eso que me gusta imaginar que lo que va surgiendo a medida que avanzo en este escrito es una especie de declamación sin sentido como la de aquellos artistas que igual, qué sé yo, en los años 20 o 30 del siglo pasado practicaban algún tipo de escritura automática de la que brotaban textos inconexos, con poco sentido y que, estos sí, golpeaban con fruición las teclas de una vieja Olivetti llevados por no sé qué motivación. Aunque a lo mejor lo hacían a mano. En un café lleno de humo. No me pararé a buscar ahora información sobre ellos en la red para saber qué instrumento utilizaban, para saber en qué década lo hacían, ni siquiera para comparar esta serie de párrafos aburridos con lo que en mi cabeza visualizo como escritura automática o algo de esa índole. No quiero hacerlo para que no se me enfríen más las manos y, sobre todo, porque no quiero que penséis que con esta perorata absurda pretendo emular a aquellos bohemios que buscaban vete a saber qué mediante ejercicios así. No. No quiero parecer un impostor aunque sea demasiado tarde.

Además, he sido sincero desde el principio: esto ha surgido para desentumecer los dedos, las falanges (ay, no), para desentorpecerlos y reavivarlos, tras un café y un cigarro. Como una especie de entrenamiento para hipotéticos futuros nuevos textos que no interesarán a nadie. Ya es suficiente. Se ha producido un salto de página y estoy en la dos. Ya vale. Te compadezco si has llegado al punto y final. Gracias por ayudarme a desentumecerlos.

Las manos siguen frías. Son las de la foto. Frías y feas. Es difícil que unas manos salgan bonitas – una mano – en un picado con el teléfono móvil.

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