Brian Clough y David Movilla

Le comparé con Brian Clough cuando escribí sobre el ismo basado en su apellido. Dije que, como el viejo zorro inglés, David Movilla no creía en la suerte. Ayer, lunes 13 de marzo, se produjo un hito que vuelve a poner en paralelo las trayectorias de ambos entrenadores: Movilla fue cesado como manager y entrenador por desavenencias con la directiva del Barakaldo CF; las mismas razones (los conflictos con los rectores del club) que hicieron que Clough tuviese que abandonar su querido Derby County.

Y digo, en el caso del ya ex entrenador gualdinegro, desavenencias con la directiva como la hipótesis más plausible a su salida. Y digo esto porque, hasta el momento, no se han dado explicaciones precisas a esta salida. No se ha hecho en el comunicado que se hizo público ayer en la web del Barakaldo ni en ninguna otra forma. Además, no parece que se pueda atribuir esta decisión al devenir deportivo ya que, precisamente, los últimos resultados están siendo bastante buenos, gracias a una racha de 10 de 12 puntos posibles y a estar a tan sólo tres puntos del playoff de ascenso. Así pues, parece un secreto a voces que una guerra interna desatada dentro de la institución vizcaína ha dejado como consecuencia la mencionada destitución y, lo que es peor, a mi modo de ver, ha dejado fracturada a la masa social gualdinegra.

Para quienes no saben muy bien qué es lo que ha pasado para que se desencadene toda esta situación, trataré, en las próximas líneas, de relatar una especie de histórico de los acontecimientos acaecidos, eso sí, siempre desde mi perspectiva, desde un punto de vista personal y, por tanto, subjetivo ya que, sobre todo en lo ocurrido en las últimas semanas, no ha habido posibilidad de acceder a hechos, sólo a conjeturas.

Como ya dejé entrever en un post de evidente tono irónico, una de las peores cosas que le ha podido pasar al Barakaldo en esta temporada 2016-2017, la del centenario, fue haber obtenido la campaña anterior la impresionante cifra de 80 puntos, clasificarse al playoff y todo ello con actitud y buen juego. Estos extraordinarios logros deportivos marcaban un listón muy alto para el presente curso sobre todo si, como es habitual en este deporte, las miras se quedaban a corto plazo. Y, efectivamente, la evolución deportiva del equipo en el primer tercio de campaña ha sido irregular y los tonos críticos (y poco constructivos comenzaron a aflorar a las primeras de cambio) Sin embargo, tras el parón navideño y tras los refuerzos que se incorporaron en el mercado de invierno, parece que se empezaba a volver a coger el pulso a la competición y el conjunto de Movilla se acercaba de nuevo a los puestos nobles.

He aquí que, hace cosa de tres semanas, más o menos, se empieza a detectar cierta rumorología. En un primer momento, llegaban voces que advertían de que había mal rollo dentro del vestuario y luego otros aspectos relacionados con el día a día del club que no acababan de concretarse en nada. Por mi parte, a pesar de conocer algunas cosas, no supe ver lo que se avecinaba. Quizá por mi inherente ingenuidad y quizá por estar aún emocionado con el sentimiento que se transmitió en la maravillosa gala del centenario que se celebró en el Teatro Barakaldo el pasado 3 de enero, pero, como decía, lo que me llegaba lo acababa atribuyendo a la actitud de mucha gente que parece que sólo sabe estar en la vida a malas, envileciendo y malmetiendo.

La cosa empieza a cambiar cuando el día 28 de febrero, la página web del Barakaldo CF anuncia que tres directivos dimiten por cuestiones personales. El tema me empieza a parecer más serio una vez que comienzo a atar algunas de las cosas que me llegaban y esta salida. De los tres junteros, además, me llama la atención la salida de uno. Me sorprende enormemente su salida dada su dedicación y amor al club. A todo esto, la rumorología no cesaba y en ella empieza a barruntarse que el presidente del Barakaldo, Orlando Sáiz y su equipo tenía pensado fulminar a David Movilla. La ola de txaskarrillos no mengua y en plena vorágine de dimes y diretes, se filtra el contenido de un documento firmado por el hasta ayer míster del primer equipo dirigido a la junta directiva en el que, entre otras cosas, demanda la salida de Iñaki Zurimendi, secretario técnico del club, a quien cuestiona su trabajo, su aptitud e incluso su actitud. Asimismo, ahora no recuerdo si en el citado documento o en algún runrún, también se menciona un informe del propio Zurimendi en el que también recomienda a la directiva a cesar a Movilla, documento que, en todo caso, no se ha llegado a filtrar.

Sigue leyendo

39 de 100. Felicidades al centenario Barakaldo CF.

Un Barakaldo – Ortuella de categoría juvenil. Finales de los 80 o principios de los 90, no recuerdo bien. Allí estábamos mi hermano mayor y yo, viendo como el mediano salía desde el vetusto banquillo para posicionarse en la posición de extremo derecho, situarse junto a la cal y practicar fintas y filigranas.

Tardes de domingo en la grada de piedra adyacente a la vieja tribuna de madera, comiendo pipas y haciendo aviones de papel con los humildes match-program para hacerlos volar y tratar que se clavasen en el casi siempre embarrado césped. Fantasear con crear una peña llamada Fondo Pollo.

Koldo, delantero bajito, calvo, ex del Baskonia (¿o puede que fuese al equipo basauritarra después de su paso por el Baraka?), ídolo porque en un partido hizo una chilena. Semejante acrobacia, impropia de la categoría, era suficiente para admirar a un futbolista.

Pedir para Reyes el dinero del carné del Baraka. Desde los 15 o 16 años, no recuerdo bien.

Ser boina en Lasesarre varios años. Recibir un balonazo en la cara estando en la puerta de La Cábila picando un carnet. Tener que lidiar con los socios que salían en el descanso a echar una copa a las tabernas de Letxezar. Escribir un cuento titulado “Mi puerta” del que aún hoy en día se ríen mis amigos. Colar a Tom en la tribuna y éste, con su cresta de colores, su lata de cerveza barata y sus grandes auriculares, atufar a todos los tribuneros con el olor de sus porros. Una evocación que ya conté en EducaBlog.

La revista ‘Ambigú’ que realizamos David, Aitor y yo. Entrevistando a Panini, el que canta los irrintzis en Lasesarre, a los padres de las cuatrillizas de Retuerto, a David, del Colectivo. Experiencia periodística en clave gualdinegra. Y, en la actualidad, el fantástico trabajo de la página de Facebook Histórico y Centenario Barakaldo CF.

La bronca que me pegó un anciano socio gualdinegro, ataviado con su bufanda, cuando me puse a insultar a los jugadores del Getafe ante un flagrante robo que, entendía yo, estábamos sufriendo.

Pablo Zuloaga volviendo loca a la defensa del Alavés. Zamarripa, Gómez-Cos, Aitor Bouzo, Sendoa, Jon Orbegozo, Mario Barco… Nuestros hombres-gol.

Aquel Barakaldo – Salamanca en el que los nuestros ganaron 2-0. Un partido netamente norteño, con lluvia y barro, y las dos hinchadas, la gualdinegra y la charra, apelotonadas en la maravillosa cubierta del antiguo Lasesarre. Y Patxi Bedia subiéndose a la valla de la misma gritando “¡por vosotros!” tras la consecución de uno de los goles.

El mencionado Bedia, Abel, mítico capitán, Noain, Luis Martín, Zubieta, Gontzal Sueiro, Fuentes, Armendariz, Iñaki Moreno, Donosti, Isidro, Urbano, Ibai Rejas, Galder Cerrajería, Kepa Zárraga, Coca, Octavio Basso, Unai Alba, Rebollo, Federico Comini, René, Aitor Aguirre…

Aquel Barakaldo – Las Palmas, con el Colectivo dándolo todo, haciendo una griega, y yo tratando de ver, entre los brazos de los hinchas, cómo el equipo amarillo se aproximaba a las inmediaciones de nuestro área y, efectivamente, nos hacía un gol, un tanto que fulminaba las escasas posibilidades de ascenso. Y la griega seguía y a mí se me saltaban las lágrimas.

O aquel Barakaldo – Castellón, ya en la Ciudad Deportiva, que acabó como el rosario de la Aurora por el enfrentamiento entre hinchadas. O aquel Barakaldo – Girona, ya en el nuevo Lasesarre, del que, a decir verdad, no recuerdo demasiado ya que bebimos demasiado antes del match. O aquel triste Barakaldo – Aguilas, última eliminatoria de ascenso a 2ªB, no hace tanto, que fue el epítome de un partido bronco, feo, sucio, en el que tuve que explicar lo inexplicable a mi sobrino Asier, como era que los hinchas del mismo equipo, del nuestro, acabasen a golpes. Menos mal que aquella eliminatoria tuvo final feliz.

El hat-trick en la segunda parte de Mikel Aguirregomezkorta. El gol desde el centro del campo de Moska en un partido de copa frente a Osasuna. Un gol con la espalda de Peña, un delantero cántabro con coleta que vistió nuestra elástica. La novia o mujer de Sergio Bilbao que hacía que toda la tribuna se girase y la novia o mujer de Jonny Kuyami y su precioso hijo, majísima contertulia en un partido de playoff contra el Reacreativo de Huelva.

Ricardo Moreno, entrenador del Baraka, llamando a la policía para solicitar control de alcoholemia al colegiado de un 0-3 que nos endosó el Numancia un domingo de Santa Agueda, anécdota que fue radiada en El Larguero de José Ramón de la Morena.

Las lágrimas de Germán Beltrán en Girona. Las galopadas de Raúl Gañán por la banda derecha. Los derbis con el River y con el Alavés. La pancarta, precisamente, de “Gracias Liverpool” en un partido de copa en la Ciudad Deportiva frente al conjunto babazorro.

El gol de Garrido en Águilas. Los golazos de Sendoa. El gol de Alain al Valencia. El “ponla bonita” que le dirigíamos a Isaac Cortés cuando iba a botar un córner justo debajo de nuestros actuales asientos en el actual estadio.

Elías y Pototo. La peña Peñarol y el Colectivo. Los Baraka Mods que nunca tendrán pancarta. Mi primer viaje, a Avilés. La invasión a Logroño. El brutal ambiente frente al Huracán. La frustración por no haber ido a Coruña, a Gandía, a Parla, a Lleida, etc.

El paso por la escuela de Milanello de Alfonso del Barrio. Iñaki Zurimendi. Alfonso Barasoain. Peio Agirreoa y David Movilla. Daniel Sedano, Roberto Gijón, Alberto Romero.

Etcétera.

En fin. Recuerdos, anécdotas, nombres, apellidos, jugadas, sonrisas y lágrimas de 39 de 100. De los 39 palos de este que firma dentro de los 100 años del Barakaldo CF. Bueno, no he vivido en clave gualdinegra el total de mis 39 primaveras pero 25, mínimo, sí que son de auténtica fiebre por estos colores, una entre cien. Y, a decir verdad, no sé bien cómo pudo surgir. Mi padre nunca me llevó a Lasesarre. No era socio ni excesivamente futbolero. Mi madre tampoco. Ni mi hermana, ni mi hermano mayor. Sí deberíamos atribuirle parte de culpa al mediano, el que jugó de extremo derecho en el Barakaldo juvenil contra el Ortuella. Él sí estaba infectado y, no sé cómo, me contagió. Luego, pues no sé, la propia idiosincrasia de esta institución. Lo que sea. El caso es que ahí estamos, ahí seguimos, celebrando (somos gente de celebrar aunque no se presenten excesivas ocasiones para hacerlo) este 2017, este año que dice que pertenezco, que pertenecemos a una familia centenaria, de la que sé que no me despegaré hasta el final de mis días. Felicidades, por tanto, por estos cien años.

* La imagen que acompaña al texto la he cogido prestada de Histórico y Centenario Barakaldo CF, página que ya hemos mencionado antes y en la que, desde hace unos años y ahora, coincidiendo con el centenario, especialmente, se está haciendo un trabajo extraordinario de recopilación de material histórico y nostálgico de nuestro Baraka.

“¡Movilla, vete ya!”. Crítica a los nuevos ricos sobrados de crítica.

– “Movilla, ¡vete ya!” – gritamos, en tono de chanza, el año pasado mis amigos y yo en la presentación oficial del Barakaldo CF y del, desde entonces, nuevo entrenador de la nave gualdinegra. Una exhortación a que se marchase aunque aún no hubiese dirigido ni un mísero entrenamiento.

Una broma con la que reírnos de la actitud que, muchas veces, destila una parte de la afición del club de Lasesarre. Una parte de la hinchada que no acaba de estar contenta casi nunca y que se muestra, a menudo, excesivamente crítica con lo que ven sobre el césped, en la tribuna, en el palco, en los vestuarios, en los ambigús y, a veces, incluso en las propias calles del pueblo.

Y, ojo, no seré yo quien niegue el derecho a ser crítico y a cuestionar las cosas cuando no se comparten o se no ven subjetivamente bien, siempre que, eso sí, esas críticas se hagan desde el respeto. Creo, de hecho, que el poder cuestionar determinados aspectos de una entidad u organización significa que la gente que la rodea está viva y que la vive y que, bien encauzadas, estas críticas pueden ayudar a progresar. En todo caso, hay veces que se pasan o nos pasamos de castaño oscuro.

Sea como fuere, el curso pasado no dejó mucho lugar a los más agoreros. Una temporada de 80 puntos, en la que se perdió la primera plaza en la última jornada, en la que nos clasificamos para el playoff y en la que se avanzó en la copa hasta disputar una eliminatoria contra un equipo Champions, entre otros muchos aspectos, sepultaron las voces más agrias. Y, aún así, haberlas, húbolas.

Lo que debí imaginarme al término de la misma es que una temporada tan buena podía dar alas a las facciones más recalcitrantes. El listón se había puesto demasiado alto y, por lo tanto, la pretensión para esta nueva campaña debía ser igualarlo o superarlo.

No importa que, precisamente, como consecuencia de un año tan sobresaliente, la plantilla haya sufrido una importante desbandada; no importa el hecho de que se confirmase el despropósito federativo que volvía a confeccionar un surrealista grupo II que reúne, este año, a seis o siete clubs que, sólo por nombre, son claramente candidatos a ocupar las plazas nobles del mismo, además de equipos que, quizá sin tanto nombre, han recogido un importante maná económico que, por ende, ha transformado a sus plantillas en potentes escuadras listas para aspirar a las más altas cotas y todo ello sin olvidarnos de las habituales sorpresas que se dan o se pueden dar año tras año. Es decir, junto al propio Barakaldo, por supuesto, vislumbro una competencia de unos 8 o 9 equipos durísimos para acceder a las cuatro primeras plazas.

No importan estos y otros factores que, a buen seguro, se me escapan. No importa. Habida cuenta de lo conseguido, hay que volver a petarlo. Y no me parece mal que, a priori, se parta con ambición y con objetivos grandes, siempre y cuando, eso sí, se tengan en cuenta las dificultades y se tengan los pies asentados en la tierra, en la realidad.

Y tampoco con todo esto quiero poner vendas antes de la herida. Pero veo que han bastado seis jornadas de liga y dos eliminatorias coperas para que se desenfunden las escopetas y se empiece a disparar a todo lo que se mueva. Tres victorias, dos derrotas y un empate. Y la eliminación del torneo del KO. Aceptando lo irresoluble de esta última competición, en liga el conjunto gualdinegro ocupa la sexta plaza empatado a 10 puntos con Arenas, Real Unión y Toledo. Los de Movilla se hallan, en estos momentos, a tres puntos de la primera posición, ocupada por un sorprendente Leioa. Los más negativos me pueden decir que también a cinco de los puestos de descenso. Pues vale.

Me parecen, por tanto, exageradas las críticas que estoy leyendo y escuchando en estos últimos días, sobre todo a raíz del empate con el Sestao River. Creo que una parte de la afición se está comportando como nuevos ricos, acostumbrados a la élite y a los privilegios olvidando, muy pronto, dónde estábamos antes de ayer y dejando de lado el contexto comentado anteriormente, contexto que, por otra parte, también explica las posiciones de otros equipos grandes.

Insisto: seis jornadas. ¿Debíamos comandar ya, a estas alturas, la clasificación en solitario y con mano de hierro? No lo creo. Sí, el año pasado así fue pero el guión en estas categorías varía mucho de un curso a otro como bien sabe todo aquel que, como es mi caso, sufrimos y disfrutamos el fútbol de bronce desde hace décadas.

Creo que hay que tener un poco más de paciencia y confiar en el cuerpo técnico actual avalado, en mi opinión, por todo lo demostrado la campaña pasada, no sólo a nivel deportivo. Confiar también en la actual plantilla. Puedo admitir e incluso comparto que parece más descompensada que la del curso anterior. Creo, sinceramente, que hay más calidad pero menos músculo y menos fondo de armario.

A pesar de ello, insisto. No nos volvamos locos. Esto acaba de empezar. Del mismo modo que la temporada pasada no era de los que lanzaba las campanas al vuelo por el hecho de que en la jornada seis se marchase en primera posición con 15 puntos, ahora no podemos verlo todo negro por haber perdido contra un claro favorito al título como el Albacete, por haber caído en la complicada cancha de un equipo que también disputó playoff el curso pasado (Socuéllamos) o por haber dejado escapar dos puntos en el derbi de la margen izquierda.

Un poco más de sosiego, por favor. Cada cual tiene sus puntos de vista, sus sensaciones pero la realidad son 10 de 18 puntos posibles. Ningún drama, vaya. Crítica sí, pero si puede ser constructiva, mejor. De lo contrario, el “¡Movilla vete ya!” del principio se convertirá en una especie de profecía autocumplida que devuelva a los nuevos ricos a ese axioma que nos ha enseñado la crisis socio-económica de lo de vivir por encima de nuestras posibilidades.

PD: la imagen que acompaña a la entrada, si no recuerdo mal, es del diario El Correo, e ilustra la alegría momentánea que se vivió en la última jornada de liga, contra el Arenas, cuando Alain Arroyo nos puso por delante. Este sábado volvemos a Gobela. Estoy seguro que no se va a repetir el ambiente de dicho partido pero sí espero y deseo que podamos vivir escenas como esta en esta temporada.

Mi Cosecha 2015. El fútbol.

2016 pinta bonito para el Barakaldo CF. Sí, ya sé que esto es un repaso a lo acaecido en 2015 pero precisamente por ello me atrevo a vaticinar que el nuevo año se prevé positivo para el conjunto gualdinegro. Y es que la primera mitad de la temporada 2015-2016 acaba de forma inmejorable para los dirigidos por David Movilla. Líderes en liga, con sólo una derrota en el casillero, firmando los mejores números de los cuatro grupos de la 2ªB y, lo mejor de todo en mi opinión, transmitiendo unas sensaciones de seguridad, ambición y poderío que hacía mucho no se veían en Lasesarre.

La temporada pasada, mismamente, se mantuvieron las opciones de clasificación para el playoff de ascenso casi hasta el final pero, sin embargo, el equipo generaba dudas, se le intuía frágil y no se veía sobre el césped la capacidad de generar ilusión. Fue una pena porque la plantilla, a priori, parecía muy competitiva y también porque me hubiese gustado que el último año de Alberto Romero como presidente del Barakaldo CF finalizase de forma exitosa.

Afortunadamente, como decía, las tornas parece que han cambiado. Algo ha cambiado, como ya me lancé a predecir (en modo absolutamente cienfebrista, obviamente) a principio de esta campaña. Y precisamente uno de los grandes responsables de ese cambio ha sido el mencionado expresidente. Romero y su junta directiva. Ellos cimentaron las bases de algo que parece que ahora mismo empieza a cristalizar. Sin sacar al club del pozo deportivo y económico en el que cayó al inicio de su legislatura, hubiese sido imposible que ahora las expectativas de los socios gualdinegros sean las que son. Por ello, de nuevo, despidiendo 2015, hay que volver a entonar ese Gracias, Alberto.

Pero fútbol es fútbol, como decía aquel, y por mucho que se haga una buena gestión desde los despachos si esta no se refrenda en el verde, poco se puede hacer. Y, en este sentido, podemos identificar, desde el pasado verano, a un claro responsable de que las cosas, también en lo deportivo, se están haciendo bien: don David Movilla.

El técnico de Romo, me consta fehacientemente, no era la primera opción para la directiva liderada por Orlando Sáez pero hemos de agradecer a los dioses que esa primera apuesta no fructificase y se decidiesen por Movilla. Así, el míster, acompañado por otro viejo conocido de la casa en la tarea de director deportivo, Iñaki Zurimendi, confeccionaron, en pleno estío, una renovada plantilla que por la procedencia de muchos de los futbolistas (muchos de ellos de fuera de Euskadi) y, por tanto, por el desconocimiento de los mismos, ofrecía dudas. Dudas que se fueron disipando prácticamente desde la primera jornada.

El juego de este Barakaldo ha recuperado las señas de identidad del club, basadas en la pelea, la brega, la lucha, la presión y una clara vocación ofensiva, incluso con el marcador a favor (algo que no debería destacar pero que hago habida cuenta de los recientes precedentes) Vemos ahora un equipo que transmite la sensación durante los 90 minutos de que el partido en liza no se va a escapar bajo ningún concepto. Y vemos ahora una plantilla muy compensada en la que se tiene la certeza de que juegue quien juegue lo va a hacer bien. O, dicho de otro modo, cada domingo hay 16 jugadores potencialmente titulares.

Evidentemente, este mérito hay que otorgárselo al entrenador. Pero más allá de ello, creo que el verdadero gran logro y ya gran éxito de la presente campaña por parte de Movilla, es el hecho de que el discurso, la idiosincrasia y el mensaje que genera la entidad ha virado del agorerismo, el escepticismo y el “no se puede” a la fe, a la ambición deportiva y al “sí se puede”. Una victoria que se está viendo en liga y que se ha visto en el otro gran hito gualdinegro de este ya casi extinto 2015: la participación del Baraka en la copa del Rey.

La actitud demostrada en esta competición ejemplifica bien a las claras de qué va este Barakaldo. No sólo en la eliminatoria frente al Valencia CF sino en las rondas previas, con la que le enfrentó al Huracán como culmen. Una comunión entre todos los estamentos del club que dan como resultado éxitos deportivos, sociales e incluso económicos (sí, deportivos también ya que, aunque se cayese contra un Valencia de Champions, la imagen mostrada por los pupilos de Movilla tanto en Lasesarre como en Mestalla ha reforzado, bajo mi punto de vista, el proyecto)

Y esto, amigos, no es casualidad. Es fruto del trabajo y de la planificación. De una dedicación brutal. Trabajo, planificación y dedicación son los principales rasgos que definen la labor de Movilla. Él no cree en la suerte. Así nos lo dijo en un encuentro que tuve la suerte de disfrutar hace un par de meses con el míster y un par de colegas más y que fue un hito más en ese ismo que ha nacido en este 2015: MOVILLISMO.

Sigue leyendo

Movillismo. Keep the faith!

IMG_4963

Se trata de adelantar la línea defensiva. Apretar más arriba. En función, claro, del campo y del rival. Un rival estudiado hasta el más mínimo detalle. Un contrario cuyos vídeos habrán sido estudiados con ensimismamiento. Un contrincante al que David Movilla habrá visto en directo, allá donde juegue, aunque haya tenido que recorrerse cientos de kilómetros por su cuenta y riesgo.

Se trata de mantener las señas de identidad del Barakaldo. Jugar con garra y dejándose la piel. Eso Movilla lo tiene claro. Eso exige a sus pupilos. Una demanda que extiende a jugadores, técnicos, utilleros, jardineros e incluso a directivos. Que quiere extender al pueblo.

Se trata de jugar más abierto, más cerrado, por fuera, por dentro, más a ras de verde o de forma más directa pero, en cualquiera de los casos, sin bajar los brazos. Es el Baraka. Sabe a qué club ha venido y sabe lo que hay que dar a la parroquia de Lasesarre.

Pero también hay que cambiar cosas. Sobre todo una. David Movilla sabe que hay que modificar una idea o una emoción o un rasgo que también está arraigado hasta el tuétano. El Barakaldo CF tiene que dejar de ser un pupas. Tiene que dejar atrás su historia negra. Olvidarse de las derrotas. Huir de las sombras, de las decepciones. Exorcizar sus fantasmas. El Barakaldo tiene que creer. Los jugadores, técnicos, utilleros, fisios, jardineros, directivos y, por supuesto, la hinchada tiene que creer. Creer. CREER. Tener fe. Fe en el Movillismo. KEEP THE FAITH!

La suerte no existe, dice David. Es una sentencia muy onda Brian Clough. Creer y creer. Creer en una idea, en unas fórmulas. Trabajar. Trabajar duro. De eso no falta. David Movilla es el primero que llega a Lasesarre y es el último en abandonarla. Entre doce y catorce horas diarias. Viendo vídeos, analizando a los rivales y analizando a sus chavales. Hablando con el empleado del club, con el responsable del mantenimiento del césped. Reuniéndose con las peñas. Innovando. Viviendo en el pueblo. Poteando en los bares. Contagiando.

Reconozco que la gente que dedica tanto tiempo a su trabajo, a veces, me da como, no sé, penica. Pienso en todo lo que abandonan por su puesto. En la apuesta tan arriesgada que hacen. David Movilla lo está haciendo. En este caso, no sé si arrastrado por mi sentimiento gualdinegro o porque, realmente, sé de primera mano que el tipo disfruta de una manera irracional con lo que hace, no me inspira esa lástima. El Movillismo es esto.

“El campo contra el Valencia se va a llenar y el equipo va a salir a fuego”.
“El pueblo tiene que engalanarse con banderas. En los bares, en los balcones, en las ventanas”.
“Hay que generar entusiasmo, hay que enganchar a la gente, hay que cambiar el discurso”.
“Faltan muchas cosas pero trabajamos para compensarlas”.
“Si hay confianza, si se cree, la aventura, la apuesta va a salir bien”.

– David, ¿dónde te ves dentro de quince años, con 50 palos?
– Entrenando al Barakaldo CF.

Movillismo. Keep the faith! La imagen que encabeza este texto o una muy parecida, ya se ha filtrado, ya ha empezado a circular por ahí. Ya se ve que ilustra la foto de perfil de algún aficionado del Baraka. Ya la comparte la gente en sus muros y en sus tuits. El Movillismo ha llegado para quedarse. Para hacer historia. Es nuestro hombre. No le demos más vueltas.