Cosecha 2017. Los libros.

Llega el turno de las lecturas del año. Los libros sin viñetas ya que, habida cuenta de que este año he incrementado el número de cómics que han caído en mis manos, les dedicaré un post ad hoc. No me enrollo más. Son 16 los títulos que he leído este 2017 de los cuales cuatro han sido editados en dicho curso (curiosamente, tres de ellos han sido los últimos que he leído) Como veréis, hay variedad de estilos y géneros. Ahí van, ordenados de peor a mejor calificación.

16.- MÚSICA DE MIERDA (Carl Wilson): Admito que quizá esperase algo más ligero, menos académico, un ensayo menos ensayo… Quizá se ha debido a que lo leí durante las fiestas de Navidad de 2016-17 por lo que, al final, por hache o por be, no acaba uno de abstraerse lo suficiente. Sea lo que sea, este ensayo sobre los gustos (buenos y malos), sobre las tendencias, las modas, etc, a partir de la obra y figura de Celine Dion, me ha dejado un poco frío aunque ya digo que quizá merecería otra lectura más sosegada.

15.- DE QUÉ HABLO CUANDO HABLO DE ESCRIBIR (Haruki Murakami): No me extenderé. No es Murakami uno de mis novelistas favoritos, la verdad. Quizá nunca he acertado con sus títulos excepto una vez: cuando, precisamente, se puso el traje de ensayista y disertó sobre la actividad de calzarse unas zapatillas y salir a correr. En aquella ocasión, me encantó. Motivado por aquella experiencia me acerqué motivado a este “De qué hablo cuando hablo de escribir” y, la verdad, me sigo quedando cuando hablaba de lo de correr.

14.- EL CAFÉ CELESTIAL (Stuart Murdoch): Nada, que sigo sin encontrar títulos escritos por músicos que admiro que me satisfagan completamente. En este caso, salvo algún momento que otro, lo mejor que he encontrado en esta especie de pseudo diario de Stuart Murdoch, líder de mis idolatrados Belle and Sebastian, han sido las playlist que puedes hacerte con su lectura y el hecho de que me ha dado pie a ponerme a menudo a la banda escocesa.

13.- CAMINAR (Henry David Thoereau): Librito de 60 páginas basado en una conferencia de Thoreau defendiendo el acto de deambular y la conexión con la naturaleza y el estado salvaje. Salvando algunas reflexiones realmente buenas, me ha parecido muy dogmático a veces y caótico otras.

12.- EL HIJO DE LA HUIDA (Carlos Télez Sedano): Debut novelístico del escritor barakaldés Carlos Télez. Los amigos, el barrio, la búsqueda trepidante de emociones, la música, el amor… una retahíla de temáticas que se tocan con un protagonista como hilo conductor quien, efectivamente, no deja de huir aunque, a mi modo de ver, no consigue nunca escapar.

11.- ANTES DE ONOCERNOS (Julian Barnes): De cómo enfermar de celos. De celos pretéritos. Celopatía retrospectiva. Este hombre, Barnes, siempre remueve, oigan.

10.- YUGOSLAVIA, MI TIERRA (Goran Vojnovic): Me compré este libro sin leer la sinopsis. Mis expectativas al hacerlo era la de leer un ensayo o un detallado reportaje histórico sobre la guerra en los Balcanes de principios de los 90. Sin embargo, ‘Yugoslavia, mi tierra’, es una novela personalísima en la que el conflicto en cuestión es un (importante o determinante) atrezzo que contextualiza una historia personal o familiar del protagonista que tiene, en definitiva, más de psicológico (¿constelacional, sistémico?) que de histórico. Recomendable título, con todo, aunque a veces peca de ser un poco abigarrado.

9.- ES MUY RARO TODO ESTO (Pablo Martínez Zarracina): Cincuenta y cuatro piezas después, es decir, tras acabar “Es muy raro todo esto” de Pablo Martínez Zarracina y, por tanto, tras desternillarme un buen rato, me reafirmo en lo que suelo proclamar en diferentes espacios: Zarracina es uno de los mejores columnistas que tenemos en España. Muy puto amo.

8.- LA NOCHE DE LA PISTOLA (David Carr): El que fuera prestigioso periodista del New York Times, David Carr, se aplicó muy mucho durante una época larga en una máxima: “moderación en todas las cosas, especialmente en la moderación”. De esta forma, fue, durante mucho tiempo, un gran y aplicado drogadicto. Tan largo fue el periodo, que son abundantes las lagunas y, por ello, Carr decide emplear sus capacidades periodísticas y las herramientas que la profesión le dio para indagar sobre sí mismo, labor que plasma en este muy recomendable libro, complementándolo con su “transfromación” (no sin mucho esfuerzo) en una “persona normal”.

7.- PATRIA (Fernando Aramburu): La historia de “Patria”. El verdadero asunto en “Patria” son sus siete protagonistas y su pueblo y el contexto político, social y cultural. Y el terrorismo de ETA. Sí, también. El estilo coral, con saltos en el tiempo, con intercambios constantes de personas (de la primera a la tercera y, de ahí, a la segunda, etc), la profundización en su psique, el efecto “best-seller” que te engancha, etc… El posicionamiento. Sí, el autor se moja, se posiciona al lado de las víctimas pero empatizando, a mi modo de ver, con todos los implicados. Y lo que cuenta, todo lo que cuenta, es perfectamente real, ha sido real. Ha ocurrido o ha podido ocurrir. Sí, me ha gustado mucho el libro, el fenómeno “Patria”.

6.- FARIÑA (Nacho Carretero): Qué, quién, cuándo, dónde, cómo, por qué y demás del narcotráfico en Galicia respondidas de una forma ágil, amena, muy entretenida. Un extraordinario trabajo que por momentos le lleva a uno a alucinar de lo que se vivió (y aún se vive aunque sin tanto eco mediático) en esa maravillosa tierra.

5.- MOBY DICK (Herman Melville): Ha sido mi año Melville. Y de tres de sus títulos, éste, el más conocido y aclamado, su obra máxima, es la que menos me ha gustado afirmación ante lo cual no entiendan que le hago de menos o que me ha resultado decepcionante o que es una especie de posicionamiento snob. Ni mucho menos. Pero sí admitiré que esos extensos capítulos dedicados con fruición a la cetología y a los más diversos e insignificantes detalles referidos a la “industria ballenera” son duros y pesados, aunque creo que, tras leerlo, son necesarios porque ejemplifican muy bien la obsesión (gran protagonosita del libro) a la que arrastra el capitán Ahab a Ismael, al resto de la tripulación y, por último, al propio lector. Un artefacto, con todo, inaudito e impresionante.

4.- BILLY BUD, MARINERO (Herman Mellville): A diferencia de “Moby Dick”, esta pequeña obra, más simple, más directa, más dinámica, me ha llegado más. Y no por su poca extensión o su ligereza hay que pensar en que no esconde mucha miga. Todo lo contrario. Esta maravilla (la edición de Alba Clásica en la que lo he leído es una preciosidad) nos plantea conflictos como el de la virtud frente a la justicia (de guerra) o el de la inquina frente a la ingenuidad. En fin: simplemente, magnífico.

3.- BARTLEBY EL ESCRIBIENTE (Herman Melville): Este ya era favoritísimo. Ya lo leí en su día y ya me impactó. Pero la edición que he degustado este año, de Alianza Editorial, ejemplar con preciosas ilustraciones de Stéphane Poulin, me lleva a situarlo como mi tercer libro favorito del año.

2.- EL REGRESO DE REGINALD PERRIN (David Nobbs): La secuela de la inconmensurable “Caída y auge de Reginald Perrin”. Si aquella era (es) de 10, esta no le va a la zaga. Hilarante. Jardielista con acento de Clinthorpe. Descojono continuo sin perder la vis trágica. Si alguna vez me da por escribir, me gustaría imitar a Nobbs en su saga Perrin aunque no creo que me acerque.

1.- EL RUIDO DEL TIEMPO (Julian Barnes): La valentía de sobrevivir siendo un cobarde en medio del pánico. El mejor libro que he leído este año. El mejor de los últimos años. Probablemente, el mejor que leeré en los próximos.

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Mi cosecha de 2016. Los libros.

Diecisiete títulos han caído este año. Novela, teatro, cómic, ensayo. Papel y, por primera vez desde que comparto en la red mis lecturas anuales, formato electrónico. De los 16, creo que sólo tres son novedades editadas este año. Sin más preámbulos, os dejo con mi cosecha de 2016 en lo que se refiere a lecturas.

17.- LOS POSESOS (Albert Camus): quizá la adaptación que hace Camus de “Los endemoniados” de Dostoievski no sea el título más adecuado para leer en el marco de una piscina municipal. Quizá por el ambiente o quizá porque le faltaba un poco de contexto a la obra de teatro, pero me ha resultado un tanto atropellada y liosa. A pesar de ello, grandes personajes, con gran profundización en sus desvelos emocionales/existenciales y relacionales, con un interesante trasfondo político pre-revolucionario.

16.- NEW ORDER, JOY DIVISION Y YO (Bernard Sumner): aceptable (no brillante) memoria del líder de New Order, recordando los tiempos en Joy Division, los propios New Order, giras, anécdotas, personajes… Entretenido pero sin más.

15.- LOS CAPRICHOS DE LA SUERTE (Pío Baroja): la salida de España y la estancia de exiliados por la guerra civil en París. Costumbrismo y reflexiones en medio de dos guerras. Es el tomo que menos me ha gustado de los tres que componen la trilogía “Las Saturnales” pero algunas cosas he subrayado de esta obra.

14.- MISERIAS DE LA GUERRA (Pío Baroja): miserias de la guerra. Miserias humanas, miserias morales. Crónica de Baroja de una atávica, atroz, cruel y brutal España durante la contienda civil a través del diario del diplomático inglés residente en Madrid Evans. Me encanta la portada de esta edición, por cierto.

13.- LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA (Paul Preston/José Pablo García): la adaptación a la viñeta de un libro eminentemente histórico. O de historia. Muy bien para los interesados en la temática, quizá aburrido para los que busquen algo más, aunque la pretensión de adaptar este título al cómic sea, precisamente, acercar ensayos al gran público.

12.- EL CANTOR VAGABUNDO (Pío Baroja): primer tomo de la trilogía “Las Saturnales” de Pío Baroja. Aunque arranca y finaliza con la guerra civil como marco contextual, el libro se centra en la figura de su protagonista, Luis Carvajal y Evans, y su deambular, sus anhelos, ilusiones, desilusiones… Un libro de gran riqueza literaria y con una gran carga filosófica. Como ‘pero’ diré que, a veces, resulta francamente caótico.

11.- LOS CUENTOS (Ramiro Pinilla): profundizando en el Universo de Pinilla, en su mitológico Getxo, en sus ensoñaciones sobre la guerra civil, a través del cuento, de los cuentos…

10.- ELOISA ESTÁ DEBAJO DE UN ALMENDRO (Enrique Jardiel Poncela): sólo por el desternillante prólogo al primer acto, ya merece la pena leer está divertida obra. #JARDIELISMO.

9.- LA SOLEDAD DEL CORREDOR DE FONDO (Alan Sillitoe): puede que el monólogo del protagonista del relato “La soledad del corredor de fondo” que da título a esta colección de relatos del autor británico Alan Sillitoe, sea uno de los mejores que he leído nunca. Las reflexiones de un adolescente internado en un Borstal (una especie de reformatorio) cargadas de inquina, de mala baba, dirigidas a sus enemigos (los responsables del internado, la policía, la sociedad, sus iguales… ¿todo dios?) y la consiguiente estrategia personal de dar un golpe en todos los morros a todos esos enemigos en el transcurso y final de una carrera de fondo, perdiéndola, dejándose ganar para, precisamente, ganar él en dignidad o, al menos, siendo consecuente con los principios que expone durante todo el relato.

Sobre el resto de piezas del libro, las hay igualmente sobresalientes (“Ocaso y decadencia de Frankie Buller”, claramente autobiográfico, me ha maravillado) y otras un poco más flojas pero todas ellas, incluida la de Collin Smith, protagonista de “La soledad del corredor de fondo”, con un evidente sesgo ideológico sin que, curiosamente, quede la impresión de que los personajes y su autor se adscriban a ninguna tendencia o grupo sino que defienden un individualismo a la defensiva. En fin, magnífico.


8.- NEBULOSA (Pier Paolo Pasolini): nunca había leído un guión hasta ahora. Este lo es. Un proyecto planteado para el cine que diseñó Pasolini y que nunca llegó a ver la luz en la pantalla. “Nebulosa” relata una noche de fin de año en Milán protagonizada por un grupo de ‘teddy boys’ que se dedican a realizar actos vandálicos. Aunque puede que no tengan nada que ver, por momentos, leyendo este guión, me venían a la cabeza imágenes de “La Naranja Mecánica” (aunque la pieza de Pasolini es tres años anterior a la de Burguess) Infelicidad, hastío, doble moral… traducidas en violencia juvenil.

7.- ANTONIO B., EL RUSO. CIUDADANO DE ETRCERA (Ramiro Pinilla): miseria. Poderdumbre. Ignorancia. Hambre. Uno de los libros más duros que he leído nunca. El objetivo era avanzar en su lectura para que el sufrimiento de Antonio B., El Ruso acabase, para bien o para mal. Un libro-documental (como dice mi amigo Javier Ikaz) basado en una terrible historia real. Tremendo.

6.- EL HAMBRE (Martín Caparrós): crónica que da voz a los hambrientos, a los ‘desechables’ (sic) de Níger, de India, de Sudán del Sur, Madagascar, EEUU, Argentina… y que se complementa con datos, reflexiones sobre causas y consecuencias y la búsqueda constante de la respuesta o respuestas a la incómoda pregunta de ‘¿cómo carajo conseguimos vivir sabiendo que pasan estas cosas?’

5.- BLANKETS (Craig Thompson): emotivo y precioso repaso autobiográfico de la infancia y la adolescencia de Craig Thompson. Su primer amor, la adaptación y evolución en una comunidad ultra-religiosa… En fin, cumple con las expectativas que siempre había escuchado sobre este título.

4.- LA BALADA DEL NORTE (Alfonso Zapico): lo empecé una mañana y lo acabé esa misma tarde. Fue mi primera lectura de este casi finiquitado 2016. Sobresaliente relato de un episodio histórico que no conocía (la revolución social-popular en Asturias en 1934) y fantásticos personajes (obviamente, fan absoluto de Apolonio) Deseando que salga ya el segundo tomo.

3.- LA CASA (Paco Roca): lo ha vuelto a hacer. Historia emotivísima a partir del relato más sencillo, cotidiano, universal… Me tocó especialmente. Paco Roca es un grande.

2.- A SANGRE Y FUEGO. HÉROES, BESTIAS Y MÁRTIRES DE ESPAÑA (Manuel Chaves Nogales): duro. Triste. Asombrosamente vívido. Dramático. Estremecedor. Cada uno de los relatos de este libro (inspirados en episodios y situaciones reales conocidas directamente por el autor, director, durante la época, del diario ‘Ahora’) es un sopapo para significar lo que es una guerra, con sus héroes (pocos, siendo éstos los que conservan la dignidad suficiente para no ser cegados por su bandera ante las tropelías de unos y otros), sus bestias (muchas, siendo éstas las que no dudan en segar vidas de forma cruel arrastradas por el odio de una contienda fratricida) y sus mártires (o víctimas, las más, las sufridoras, en última instancia de unos años terroríficos) Lo mejor y más conmovedor que he leído hasta ahora sobre la Guerra Civil española. Brutal.

1.- LAS CENIZAS DEL HIERRO (Ramiro Pinilla): pues nada. Acabé la trilogía “Verdes valles, colinas rojas” culminada con “Las cenizas del hierro”. Acabo, por tanto, una obra que, a mi modo de ver, podría acompañarse de epítetos como ‘universal’ o ‘maestra’. Este definitivo tomo termina por contar la historia de Euskadi desde la posguerra y casi hasta la actualidad a través de las ya familiares sagas de Getxo, una narración (los tres libros) absolutamente cosmogónica.

La desaparición de personajes y la aparición de otros vitales, los guiños al presente (me encanta el escenario que se presenta al final de este libro) y demás, rubrican una de las mejores novelas – la trilogía entera – (sino la mejor) que he leído escritas por un autor de aquí.

Hambre. El Hambre.

Antonio B., El Ruso pasó hambre. Sufrió palizas, persecuciones, violencia, humillaciones, desdicha, exclusión, pobreza. Pero, sobre todo, pasó hambre. Un hambre que se contagiaba. Ramiro Pinilla logra, en la transcripción de los relatos que El Ruso le hizo para componer ‘Antonio B., El Ruso, ciudadano de tercera’, que al lector le duela el hambre. Sí, sé que esto queda muy bonito como figura literaria o metafórica y que, afortunadamente, yo no sé lo que es pasar hambre. Sí me lo puedo imaginar leyéndolo. O tampoco.

Acabo el libro de Pinilla e inicio ‘El hambre’ de Martín Caparrós, un ambicioso y amplio ensayo en el que el periodista argentino plasma un ingente trabajo en el que habla de malnutrición, hambrunas, causas, consecuencias, habla de un mal actual e histórico, fruto de las injusticias o de la injusticia, así, en general. Caparrós escribe recordándonos o haciéndonos saber que esto, el hambre, es la principal causa de muerte evitable del mundo. Evitable. Vivimos en un momento de la historia en el que hay comida para todo el mundo pero no está bien repartida. Evitable.

El hambre mata más personas cada año – cada día – que el sida, la tuberculosis y la malaria juntos, y no existe. El hambre no participa del misterio, las sombras insondables, lo inmanejable de la enfermedad: la impotencia frente a lo incomprensible. El hambre se entiende demasiado aunque no existe: es un invento del hombre, nuestro invento.
Y podría ser, tan fácil, nuestro pasado inverosímil
”. (Caparrós, Martín. ‘El Hambre’, página 72. 2015. Anagrama)

Hay números y estadísticas pero nos recuerda que, muchas veces, estos números y estadísticas cosifican y, en cierta forma, silencian el hambre. Por ello, Caparrós se acerca, nos acerca, las vidas de niños, niñas, madres, padres, viejos, viejas, etcétera, cuya máxima prioridad, cuya máxima duda es saber si van a comer al día siguiente, contingencia que les acerca a humanos prehistóricos, a hombres y mujeres que vivían constante y únicamente para alimentarse.

Somos más humanos cuanto más saciados. Y somos más humanos cuanto menos tiempo debemos dedicar a saciarnos”. (Caparrós, Martín. ‘El Hambre’, página 84. 2015. Anagrama)

Mientras leo este volumen, creo haber engordado dos kilos. Los he engordado en mis vacaciones. Comida y descanso. Ocio. Tiempo en el que no me preocupaba si iba a comer al día siguiente. Una preocupación que no existe en mi mundo más cercano. Una preocupación que mantiene en vilo a millones de personas. Una preocupación que, al no resolverse, mata a 8 personas al minuto. O sea, mientras escribo esto, varias personas fallecen como consecuencia directa de no poder ser alimentados.

El hambre es el mal que más personas sufren, después de la muerte que sufren casi todas. Y es, por eso, el que más mata – sí, después”. (Caparrós, Martín. ‘El Hambre’, página 117. 2015. Anagrama)

Esto debería molestarme. Molestarnos. Pero tampoco sé muy bien cómo canalizar ese enfado. ¿Aportando dinero a una ONG que luche contra esta lacra?, ¿votando a partidos políticos que aborden este tema en sus políticas internacionales y nacionales?, ¿leyendo las seiscientas y pico páginas de esta obra y compartiendo algunas de las reflexiones que aporta, doblando esquinas de sus páginas y subrayando algunos fragmentos?, ¿yéndome de cooperante?, ¿haciendo un consumo responsable?, ¿alimentándome de lo que generan pequeños productores, evitando comprar a multinacionales que encarecen las materias primas alimenticias?, ¿ingiriendo menos carne?

Leer todo esto, eventualmente, pensar en todo esto podría provocar cierta culpa en los espíritus más débiles. ¿Para qué sirve la culpa? ¿Qué hacer con la culpa? ¿Es la culpa la emoción más apropiada para tratar de hacer algo? Y si no tratamos, ¿qué hacer entonces con ella? ¿O esa pequeña dosis de sufrimiento que la culpa te da ya cumple con su cometido tranquilizador y nos quedamos más tranquilos?
Lo más fácil, faltaba más, es no pensar. Se puede casi siempre
”. (Caparrós, Martín. ‘El Hambre’, página 154. 2015. Anagrama)

No sé si pido o busco respuestas para estas preguntas. Tampoco creo que sea fácil encontrarlas. Ni siquiera creo que el libro de Caparrós las aporte. En sus seiscientas y pico páginas (al menos en las doscientas y pico que he leído hasta el momento) señala a sistemas culturales, familiares, políticos y religiosos que generan pobreza, pobreza que, obviamente, provoca hambre. Se da caña a sí mismo, a nosotros, a todos. A los que nos inventamos justificaciones para sobrellevar mejor la carga que supone convivir con la realidad de que hay mucha gente que muere cada día por una causa evitable.

No hay ideología que haya funcionado sin convencer a los hambrientos de que lo son por su culpa, su culpa, su grandísma culpa”. (Caparrós, Martín. ‘El Hambre’, página 91. 2015. Anagrama)

La miseria que consiste en no creer ni haber aprendido ni sospechar que existen otras vidas y que las otras vidas no son siempre sólo de los otros.
El futuro es el lujo de los que se alimentan
”. (Caparrós, Martín. ‘El Hambre’, página 75. 2015. Anagrama)

No tienen plata, no tienen propiedades, no tienen peso: no suelen tener formas de influir en las decisiones de los que toman decisiones. Hubo tiempos en que el hambre era un grito, pero el hambre contemporánea es, sobre todo, silenciosa: una condición de los que no tienen la posibilidad de hablar. Hablamos – con la boca llena – los que comemos. Los que no comen generalmente callan. O hablan donde nadie les escucha”. (Caparrós, Martín. ‘El Hambre’, página 117. 2015. Anagrama)

Leo ‘El Hambre’ y me surgen estos apuntes a vuelapluma. Leo y escribo saciado, con la tranquilidad de que en unas horas volveré a ingerir alimento. Buscando respuestas o preguntas o qué sé yo. Seguiremos leyendo hasta el final aunque la pregunta que se repite sea: ¿cómo podemos seguir sabiendo lo que sabemos?

Imagen vía: reseña en PROSALUS de ‘El Hambre’ de Martín Caparrós.

cuerpos

“Todo será cierto mientras creamos en ello. Así de complicada es la historia de los pueblos, Asier”

Don Manuel ha vuelto. Aunque he de reconocer que en esta segunda parte de “Verdes Valles, colinas rojas”, en este “Los cuerpos desnudos”, estoy observando al maestro de Algorta excesivamente conservador. Demasiado atávico. Demasiado atado a las tradiciones. A lo mejor siempre ha sido así. No lo sé. El gran descubrimiento de este desenfreno, de este despiporre, de este desparrame literario que es la trilogía de Ramiro Pinilla es Fabi, la hija de Cristina Oiaindia. Igual peco de evidente sintiendo atracción por ella. No lo sé. Quizá, a lo mejor, el personaje a seguir, en realidad, es Roque y lo es del primero de los tomos y del segundo y del tercero. No lo sé. En realidad, el personaje constante es Getxo. Sí, Getxo. Como lo es Baltimore en The Wire. Como lo es Macondo en “Cien años de soledad”. Sí, Getxo.

Don Manuel ha vuelto.

PD: la imagen es el cuadro “La aldeanita del clavel rojo” de Adolfo Guiard, obra que se expone en el Museo de Bellas Artes de Bilbao y sirve como imagen de portada de “Los cuerpos desnudos”.

Las #EdusoHistorias ya están en el horno

edusohistorias

Se acabó. Realizado. Hemos terminado. Hemos finiquitado la fase de recopilación, de lectura, de relectura, de ordenación, de corrección, de estructuración, de re-revisión, de maquetación, de debate, de… ufff. ‘#EdusoHistorias: un viaje por la Educación Social’ ya se dirige a las máquinas de impresión o, mejor dicho, ya está en manos de la plataforma con la que lo vamos a (auto)editar que no es otra que Bubok. Digamos, por tanto, que entramos en la última fase del embarazo antes de dar a luz. Y sí, también estamos un poco pesados y achacosos y tenemos muchas ganas de ver las orejas a la criatura.

Tengo la confianza de que así sea dentro de poco tiempo. Próximamente, volveré para dar la buena nueva y para anunciar fechas de presentación del mismo y fastos inaugurales varios que estamos diseñando. Me conformo con que nos lo pasemos igual de bien que nos lo pasamos cuando presentamos ‘EducaBlog 2006 – 2011: de la Red al Papel’.

Mis felicitaciones por el trabajo realizado a Asier, Iñigo y Jorge. Y a mí mismo, claro. No me gustaría pecar de grandilocuente, optimista o vanidoso pero creo que nos ha quedado un libro realmente bonito.

Buenas tardes.

PD: si no sabes muy bien de qué hablo, visita este link.