Gabinete Caligari: “Camino Soria”. Mi Banda Sonora.

“Son muy buenos. Empieza por G”. Una especie de cuestionario, de juego de concurso de preguntas y respuestas que yo le hacía a mi hermano mayor cuando yo rondaría la tierna edad de 9 años. Una contestación sencilla habida cuenta de que él, José, había inducido, sin pretenderlo, durante semanas, la propia respuesta: Gabinete Caligari.

El, por aquel entonces, nuevo disco de Jaime (de) Urrutia y compañía había sonado sin parar en el vetusto radio-cassette de casa. Y las loas y parabienes a ese “Camino Soria” eran el acompañamiento habitual a cada escucha. Y yo, influenciado por las opiniones de mis hermanos, secundaba. Me adhería a los halagos mientras imitaba a Urrutia, air-guitar incluída, usando el picaporte de la puerta de la sala como remedo del micrófono. Aprendiendo las canciones del mencionado álbum.

“Camino Soria” quedó relegado en mi adolescencia al marasmo. Quizá, al principio, lo escuchaba como podía escuchar el “Tren de largo recorrido” de La Unión, esto es, en la intimidad del hogar y sin admitir públicamente o entre mi círculo de amistades que lo hacía. No podía reconocer que me gustaba algo que le gustaba a mis hermanos. Aún más, con el pistoletazo de salida a mi melomanía, derivado por el advenimiento de aquello que fue el brit-pop, no podía abrazar un disco cantado en castellano, con bastantes guiños que yo entendía como folclóricos o con unos miembros, los de Gabinete, con un look que se alejaba muy mucho al de mis, por entonces, nuevos héroes.

A pesar de todo, “Camino Soria” me seguía pareciendo un discazo absoluto y ese sentimiento, esa certeza, me llevó a comprármelo en un momento en el que compraba cosas muy alejadas de ello. Ahí ya contaba con más años y empezaba a admitir, tímidamente, lo que me gustaba ese disco. Mi sorpresa fue cuando, en un determinado momento, empecé a conocer y coincidir con respetadas voces de mi entorno musical que también se jactaban de admirar a los Caligari.

Ahí, ya sí, eliminé el ‘guilty’ y me quedé exclusivamente con el ‘pleasure’. Pero, a pesar de ello, parecía que para ser verdaderamente pata negra, debía uno referirse a la época más oscura del conjunto madrileño, a sus trabajos previos en escuderías independientes, a su sonido más oscuro, más new wave. “Camino Soria”, en definitiva, seguía pareciendo, en determinados círculos y en cierta forma, menor por el hecho de que se editó en una major y porque triunfó comercialmente. O, al menos, eso me pareció percibir a mí.

Y sí, por ejemplo, ese “Cuatro rosas” previo es una jodida maravilla pero, no sé, creo que sigue lejos de “Camino Soria”. Y lo digo no sólo porque, en cierta forma, este trabajo haya formado parte de mi banda sonora personal y biográfica sino porque desde el tema que lo abre, los “Pecados más dulces que un zapato de raso” hasta la homónima canción que lo cierra, “Camino Soria”, todas y cada de las nueve son auténticas joyas, con magníficas historias detrás, perfectamente conjuntadas y musicadas. Una colección de canciones que hacen que para mí, el exitoso “Camino Soria” pueda/deba ser incluído en un top ten de los mejores discos españoles de la historia. En el mío, evidentemente.

Y sí, esto es Cienfiebres. Y ayer, 14 de febrero, salió a la venta “Camino Soria”, el libro, editado por Contra y escrito por el que fuera batería de la banda, Edi Clavo, ya presente en mi estantería. Hagan, por tanto, la cuenta para comprender lo escrito hasta aquí. De hecho, se me podría tachar de oportunista o facilón al sumarme hoy a una ola que se compone de muchas opiniones positivas de fans irredentos, advenedizos varios o personalidades volubles, como la mía. Es más, releyendo lo plasmado antes de darle a publicar, no creo salir bien parado en esta especie de confesión en la que me puedo llegar a presentar como una veleta que se ha movido según como soplase el viento, demasiado pendiente de las opiniones de los demás, siempre, quiero pensar, dentro de unas edades en las que esto puede llegar a ser lo más normal del mundo entre la mayoría de la gente. De hecho, mentiría si dijese que con este álbum ha sido la única vez en la que he bandeado. Qué va. Puede haber – hay – más vaivenes así.

Lo que sí digo, aquí y ahora, ya para acabar y como testimonio de ello queda este escrito que quedará perdido en la ingente e inabarcable red de redes, lo que sí sentencio, decía, es: no volveré a renegar de “Camino Soria”, por más que (no lo descarten) surjan voces en el futuro que lo vilipendien a raíz del libro de Clavo y la promoción del mismo, amén de la próxima reedición de lujo que va a salir, voces que buscan la distinción y que, en pos de ella, son igual de volubles que el abajo firmante. “Camino Soria” es un clásico atemporal e histórico, digan lo que digan.

Gracias, José.

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Cosecha 2017. Los discos.

En las canciones, mis canciones, mis favoritas de 2017 que os presenté el otro día, no jerarquicé. Podría haberlo hecho, sí, pero no lo hice. No sé si me pudo una especie de gula o premura por publicar. De hacerlo antes que la Navidad nos pille de lleno y la gente ya no presté atención a las millones de listas que se están publicando en estos días. O quizá fue, simplemente, porque me costaba hacerlo, me costaba distinguirlas, teniendo en cuenta, además, que, de alguna forma, quedarse con diez de 172 ya supone una clasificación. Bueno, el caso, en todo caso, es que hoy, con los discos, planteo una disposición típica del 10 al 1, siendo 10 el mi décimo disco favorito del año y el 1, pues eso.

Mucho rollo, amigos, para introducir mi Cosecha 2017 en forma de discos. Y más rollo, claro, el que os viene a continuación pero sé que lo estabais esperando… Con ello os dejo, con mis diez álbumes favoritos de estos doce meses:

10.- LOS PLANETAS: “Zona temporalmente autónoma”. Igual me traiciona mi condición de fan de J y cía. Nada sorprendente para quien me conozca. Pero más allá de ser seguidor declarado de Los Planetas, su nuevo disco, “Zona temporalmente autónoma” nos ha devuelto, en mi opinión, lo mejor de los granadinos. Sólo por “Islamabad” o “Espíritu Olímpico” se merecen estar aquí. Recordad, en todo caso, que esto va de fiebres, de cienfiebres, y esta, desde un punto de vista histórico-biográfico, (casi) siempre merecerá un hueco en mis cosechas anuales.

9.- THE LUNAR LAUGH: “Mama’s Boy”. La dosis de sol de la costa Oeste de 2017, de pop de guitarras delicioso, de folk-pop pluscuamperfecto, etcétera. Vaya disco más bonito es “Mama’s boy”, joder. No queda otra que agradecer a Pedro Vizcaíno y su sello You are the Cosmos esta labor por descubrirnos cotidinamente la belleza en forma de canción redonda. “Mama’s Boy”, insisto: ¡Qué cosa más bonita! De esos discos de darle al “repeat” en varias canciones. De esos discos que le gustan a la dueña y que me pide que vuelva a poner en el coche. ¡Qué cosa más bonita!, insisto.

8.- LAS KASETTES: “Bajo el sol”. Me llamaron la atención con el maravilloso cover que hacen del tema de Elia y Elizabeth “Ponte bajo el sol”. Pero me escuché el disco entero y me conquistaron absolutamente. Si alguien organiza una fiesta o un picnic musicado, por favor, que pinchen el LP o, directamente, que las contraten para actuar. Maravillosas.

7.- SLOWDIVE: “Slowdive”. ¡Viva el Shoegazing! ¡Viva Creation Records! ¡Vivan los Slowdive! Una banda favorita que ha regresado este año con nuevos temas después de que su última referencia date del año 1995, o sea, 22 años. Y regresan con un señor disco, de aire oscuro, introspectivo y atmosférico, intenso, con deje experimental, que contiene, por otra parte, una señora canción prototípica, “Star roving”, para los que somos fans, en definitiva, de las bandas que se miran los pies al tocar y que editan para Creation. Putos amos.

6.- HAVOC: “Amado líder”. Cienfebrismo, sí. Los donostiarras se llevan el dudoso honor de componer uno de los mejores discos de 2017 para un Cienfiebres por una sencilla razón: porque me han proporcionado un chute de nostalgia (ese sentimiento que tanto nos gusta a todos por mucho que algunos se empeñen en negarlo) pielgallinesca. Escuchando “Amado líder” me he retrotraído a una época en la que el “Tejido de felicidad” era uno de los discos que más escuchábamos en la lonja; un momento en el que pagué una pasta por el “Sensazione” de Flow; días en los que nos íbamos a Basauri (cuando nadie tenía coche ni había metro) para ver, junto a cuatro pelagatos más, a La Habitación Roja; o me recuerda el bolo de Los Planetas en el Azkena de Vitoria y la brutal farra que nos corrimos esa noche o el de Sexy Sadie en Sopelana y tres cuartos de lo mismo; o me hace revivir como le insistía a Ana para que escuchase “Evolution” de Mercromina; o cómo quemé aquel recopilatorio llamado “Ruido” con, supuestamente, los grupos del momento de esa etiqueta que entonces era mucho y ahora no es más que algo manoseado hasta la extenuación llamada Indie… pues eso, Havoc han conseguido hacer que sienta algo como lo que sentía hace veinte años (y alguno más) y eso ya ha sido la hostia.

5.- JOSELE SANTIAGO: “Transilvania”. Nunca he sido muy fan de Los Enemigos, lo admito. Sé que esto me restará puntos para acceder a los puestos nobles del manual del buen rockero patrio pero es lo que hay. Dicho lo cual, quién me iba a decir a mí que este disco, este “Transilvania” iba a ser uno de los que más acabaría escuchando este año que se nos va, convirtiéndose en uno de mis favoritos. El caso es que me enganchó un tema, “El bosque”, quizá por sus formas más suaves, atemperadas y evocadoras, y una vez mordido el anzuelo, la manzana, canciones como “Un guardia civil” o “Ángel” o cualquiera de las nueve restantes me arrastraron irremisiblemente a un universo personalísimo e íntimo en el que en cada escucha se siguen encontrando nuevos y fascinantes territorios. Un auténtico discazo.

4.- MIQUI PUIG: “Escuela de capataces”. El cienfebrismo, como bien sabéis, es decir que el disco “Escuela de capataces” de Miqui Puig es lo mejor del año. Es decirlo, claro, en el mes de junio. Y, por supuesto, que, al de dos semanas, otro álbum y artista le arrebaten ese título. Esto es así. De hecho, son tres los que le han sacado de tan honorífico puesto. Pero también dije ese mismo mes de junio que “Escuela de capataces” estaría en mi top 5 y, ahí sí, afiné más. Y es que es una maravilla. Y es que vaya colección de canciones más bonitas que se ha vuelto a currar el ex Sencillos… Y es que sólo por el hecho de que unos de sus temas empiece diciendo “tan normal no será, cuando nos gusta la sangre embutida”, ya me ha ganado. Y si encima dicho tema y los diez restantes están realizados por un tipo que se mantiene coherente a sus señas de identidad y al buen gusto a la hora de elaborar temas de pop sin mayores pretensiones, pues eso, como para no incluirle entre mis discos favoritos de mi Cosecha 2017.

3.- BIZNAGA: “Sentido del espectáculo”. Álbum arrollador de punk-rock oldschool (¿soy el único que cree percibir el punk inglés de finales de los 70?), cargado de actitud. Más allá de la palabrería barata que yo pueda escribir, he devorado este álbum hasta la saciedad, me ha emocionado infinítamente, me ha reavivado esa especie de crisis pre-40’s que me ha hecho rastrear un pasado musical que debía haber vivido hace 20 años, desbrozando pasadizos llenos de alimañas, abriéndome las puertas de tugurios que no pensaba yo que fuese a conocer, enfebreciéndome, al fin, como ningún otro disco editado en España ha conseguido este año. Un artefacto tremendo y absolutamente certero en los mensajes que transmite.

2.- THE JESUS AND MARY CHAIN: “Damage and joy”. Algo típico, va: el último trabajo de los hermanos Reid gana con cada escucha. De hecho, cada una de esas ganancias le ha convertido en mi segundo favorito del año. Además, he de admitir que empecé con él con ciertas reservas porque algunas críticas leídas lo llegaba a tildar, en general, de medianía. Quizá a muchos de los que lo ven así, este regreso les pueda parecer excesivamente “accesible”. Bendita accesibilidad, añado. Canciones de rock clásico, con guitarras marca de la casa, canciones redondas, una tras otra, muy bien cohesionadas y algunas llamadas a convertirse en himnos del 2017 (“All things pass”, “Always sad”, “The two of us”…) En fin, fiebre total con este álbum.

1.- ROBYN HITCHCOCK: “Robyn Hitchcock”. Amenazo: os voy a escribir un artículo, algún día, reivindicando a los advenedizos. Lo digo en estos días de adviento. Los que llegamos los últimos, a veces, a elementos consagrados. A símbolos reconocidos. A propuestas de culto, con legiones de seguidores que, a menudo, pueden mirar por encima del hombro a los recién llegados pero que, finalmente, reciben de buen grado al nuevo miembro de la secta. Siguiendo con el tono ecuménico que está adquiriendo este texto, doy gracias a Dios por ser un advenedizo al universo Hitchcock. Me complace, además, llegar al mismo con el disco que muchos de sus feligreses aciertan a señalar como uno de los mejores, si no el mejor, de la extensa obra del británico. Yo, como advenedizo cienfebrista, lo he flipado, la verdad. Y no es que el que fuera miembro de los Soft Boys haya descubierto la pólvora, pero Hitchcock, en este trabajo que lleva su propio nombre y apellido, amalgama de tal forma el pop y el rock que todo amante del buen pop y el buen rock debe escuchar, que el disco en cuestión sirve de guía cuasi espiritual para cualquier persona presta a escuchar un puñado de canciones redondas, perfectas. “Robyn Hitchcock” logra recoger de una forma inmejorable algunos de los mejores sonidos que pueblan, en definitiva, la música popular históricamente: esas guitarras power poperas, esos guiños sixties psicodélicos, ese nervio nuevaolero, esos devaneos pseudo-countries… “I want to tell you about what I want”, “Mad Shelley’s letterbox”, “Detective Mindhorn”, “Autumn sunglasses”… en fin, Alabado sea el Señor (Hitchcock) y su Palabra en forma de 10 canciones y benditos seamos los advenedizos.

Cosecha 2017. Las Canciones.

Dejémonos de extensos preámbulos. Ya sabemos todos de qué va esto. Es diciembre y en este mes no eres nadie en la red si no compartes tus listas. Y nadie quiere ser nadie. Tus listas de cosas. De discos, de libros, de películas. De lo que sea. Hoy tocan las canciones y, en este blog, es novedad porque en las cosechas de los años anteriores no las listé. Esta vez lo hago porque este 2017, desde el lejano mes de enero, he ido recogiéndolas. A finales del presente curso acumulé una colección de 172 temas. Hace escasos días hice una criba y de dicha cifra, me quedé con 53. Hoy, para empezar la retahíla de Listas Tontas que coparán los contenidos de este sitio en los próximos días, hago este top ten, pero dejando abajo las 53 antes citadas.

Bienvenidos y bienvenidas pues a mis cosechas 2017. La amenaza queda ahí: habrá más.

BIZNAGA: una ciudad cualquiera
HAVOC: Siberia
TRIÁNGULO DE AMOR BIZARRO: Vuelve conmigo a Italia
THE CHARLATANS: Let’s go together
SAINT ETIENNE: Underneath the apple tree
PETER PERRET: An epic story
ST. VINCENT: New York
THE LUNAR LAUGH: Living a lie
SLOWDIVE: Star roving
STONE FOUNDATION: Your baloon is rising

https://open.spotify.com/user/lucce_lfa/playlist/7CplKVT8m5BGKj7o979EFq

Las Fiebres Musicales del cuatrimestre

Del cuatrismestre, amigos. Así, en plan universidad. De agosto, septiembre, octubre y noviembre. Y mejor exponerlas ahora no se me vayan a juntar con la cosecha de 2017 que toca este mes, claro. Y es que no he sacado tiempo de hacer el serial mensual por falta de tiempo. Bueno, decir falta de tiempo puede llevaros a pensar que he estado a tope y tal. Y bueno, aunque en algunos momentos así ha sido, no me escudaré en ello. Ha sido, como tantas otras veces, por pura pereza y por una tendencia casi patológica a la procastinación.

En fin, sea como fuere, no temáis, no me extenderé aunque cuatro meses haya dado para enfebrecerme por muchas cosas, tanto a nivel de novedades musicales como de grupos, discos o canciones de cualquier época que, por equis razón, me han soliviantado en este periodo.

Lo dicho, no me extenderé, ahí van, no sin antes amenazaros a que en poco tiempo, pues eso, traeré mis discos, libros, canciones, películas, momentos futbolísticos o lo que sea de 2017, es decir, un repaso en clave Cienfiebres al año que se nos va. Venga, ahí os dejo, cuatro y cuatro, va.

Belle and Sebastian. “This is just a modern rock song”.

Ya lo he dicho otras veces. Belle and Sebastian merece un capítulo aparte como una de las bandas que conforman mi propia banda sonora personal, valga la redundancia. De hecho, supongo que algún día lo haré. Si sois fieles seguidores de este blog, podréis comprobar que en los capítulos dedicados a repasar mis fiebres musicales mensuales he eliminado del encabezamiento lo de Mi Banda Sonora ya que tengo pensado volver a dedicar esa sección a grupos, canciones o álbumes que tengan un carácter más transversal a nivel biográfico y, como decía, los escoceses merecen mención especial. El caso es que no sé si fue en agosto o en septiembre, volví a dedicarles mi tiempo. Volví a recorrer los surcos de sus LP’s, las pistas de sus CD’s. No sé si el motivo fue que entonces me acabé el libro de Stuart Murdoch, ‘Café celestial’ (un tanto decepcionante, por cierto) o porque me compré uno de los EP’s que me faltaban, este “This is just a modern rock song”. Sea como fuere, como tantas otras veces en estos últimos, qué sé yo, 20 años, Belle and Sebastian volvieron a acompañarme de de forma febril.

Gentle Brent. “The lonely one”

Intercalemos ahora una novedad que añadí a mi lista de Spotify Agosto 2017. Gentle Brent. Maravilloso himno pop respaldado por el no menos maravilloso sello You are the cosmos que se empeña, regularmente, en traernos gemas pluscuamperfectas, artefactos sin pretensiones y artificios, sólo canciones, preciosas y redondas canciones. Para muestra, un botón esta “The lonely one” (qué bien pega, por cierto, pinchada justo después de la de B&S)

Johnny Lytle. “Babo”.

No sé quién tuvo la idea de añadirme en septiembre o por ahí a un grupo de Facebook llamado Jazz Club, dedicado, como su propio nombre indica, a este género. No sé a quién se le ocurrió ni por qué ya que poco puedo aportar yo al respecto. Sin embargo, lo bueno para mí es que la mayor parte de la gente allí presente sí que controla y con ellos se aprende un montón y se descubren cosas realmente buenas. De todo ello, de todo lo encontrado, hubo un tema que alguien compartió en octubre, que, permítanme, me volvió loco. Un tema de esos que uno desearía poder pinchar a todas horas, en cualquier elegante fiesta que se preste y que, desde entonces ha pasado a formar parte de mis favoritísimas. Con todos ustedes, “Babo” de Johnny Lytle. De nada.

St. Vincent. “New York”.

Cambiemos de tercio. Hallazgo de septiembre. St. Vincent. Una de esas artistas siempre reivindicadas por la gente que se supone que sabe de qué va esto y a la que uno nunca le prestó demasiado atención. Error. En esta ocasión, esa gente que se supone que sabe, realmente sabe. Annie Erin Clarck, la persona que se esconde bajo el pseudónimo del santo patrón de la anteiglesia de mi pueblo, nos lleva de Barakaldo a la costa este norteamericana con un elegantísimo tema que, maldita sea, debe encabezar las listas de las canciones más cool del año. Intensa, emotiva, épica, trascendental. Se me agotan los adjetivos para, en realidad, no decir nada. Haced el viaje, va, iros hasta New York de la mano de St. Vincent.

Carlos Berlanga. “Indicios de arrepentimiento”.

Lo dije, en octubre, en modo cienfiebres: el “Indicios” de Carlos Berlanga es, posiblemente, uno de los mejores discos de pop de la historia de la música española. Y punto. Y no recuerdo ahora por qué me dio por ahí. Pero ni falta que hace. Atrapado durante varias semanas. Única banda sonora en el coche durante días. Sin duda, una de las fiebres del cuatrimestre. Y del año. Y para siempre.

Noel Gallagher’s High Flying Birds. “Holy mountain”.

Me ha pasado como con el disco anterior en solitario del mayor de los Gallagher: mi intención era no acercarme a él siquiera. Para alguien como yo que fue muy fan de Oasis, abrazar las aventuras en solitario de los hermanísimos me resulta, a priori, insultante. A priori. Porque el caso es que luego, por casualidad (¿casualidad?, no lo creo), acabas escuchando alguna canción por ahí suelta y, zapa, descubres que, ojo, no está nada mal. Que, ojo, tiene temas frescos, interesantes e incluso diferentes. Y, ojo, es que el disco entero no está nada mal. Y, ojo, que de no querer ni acercarse a acabar comprándose uno el álbum no va nada. Pues eso, que a mí el nuevo trabajo de Noel Gallagher’s High Flying Birds, como el anterior, me resulta muy reivindicable y sino escuchen sin prejuicios (como yo los tengo o tenía) este tema, “Holy Mountain”.

Luther Russell. “Everything you do”.

Os vuelvo a amenazar: quiero escribir algo reivindicando a los advenedizos. A lo que sea. La capacidad de sorpresa ante algo asentado, que se debería haber descubierto antes pero que, por hache o por be, no se ha hecho, mola. Yo lo soy con un montón de cosas. Ahora es más fácil con los medios tecnológicos, claro, y con la posibilidad de encontrar y seguir a personas con opiniones fundadas, gustos exquisitos, etcétera. Este 2017, por ejemplo, he accedido a algunos artistas que llevan ahí la tira de tiempo y que yo ahora los abrazo como si hubiesen debutado esta misma tarde. Me ha pasado este año, por ejemplo, con Robyn Hitchcock y con Luther Russell. Casualidad, ambos artistas compartieron escenario (el pequeño del Antzoki) el pasado 30 de noviembre y mi fiebre se elevó a cotas altas. Sobre todo en el caso del estadounidenses (Russell) ya que con el inglés (Hitchcock) llevo así casi todo el año. Pues eso, que he llegado, aterrizado, descubierto a un honesto y humilde creador de magníficas composiciones de rock y que me encanta haberlo hecho.

Rusos Blancos. “Pimentón húngaro”.

A ver, que es que le mandé un wathsapp a un colega con un enlace a esta canción diciéndole algo así como “¡qué guapo este tema de Rusos Blancos!”. Yo creo que ya es motivo suficiente, ¿no? El caso es que a este grupo siempre le he seguido así como un poco de refilón, sin restarle valor ni sin atribuírselo en demasía. Recuerdo que, en su momento, sacaron un disco llamado “Sí a todo” que me moló mucho pero, a partir de ahí, pues eso: canciones que sí y otras que psché. El caso es que ésta, “Pimentón húngaro” me parece un SÍ total y tampoco me pidáis que lo argumente que ya llevo un rato aquí dándole a la tecla y, como buen cienfebrista, tengo otros frentes absolutamente intrascendentes que atender. Vosotros escuchadlo a ver qué os parece.

Las Fiebres Musicales de Julio (y II)

Once canciones (+1) guardadas en la lista de reproducción de spotify JULIO 2011 que se autodestruirá en cuanto le dé a “Publicar” a esta entrada. Doce variados descubrimientos de temas editados en el presente año que, de una forma u otra, me han llamado la atención.

JOSELE SANTIAGO: El Bosque

Nunca he sido muy fan de Los Enemigos, lo admito. Sé que esto me restará puntos para acceder a los puestos nobles del manual del buen rockero patrio pero es lo que hay. Quizá por el hecho de que el que fuera su líder se haya mostrado en este “El bosque” en unas formas más suaves, atemperadas y evocadoras, rockeras, sí, pero, no sé, más cercano a Quique González, por ejemplo… y todo amén de una muy poética y preciosista letra… pues quizá, digo, me haya ganado lo suficiente como para tener este tema como uno de mis favoritos del pasado mes y para estar muy atento a lo que será su nuevo disco de estudio, “Transilvania”, que verá la luz el próximo 29 de septiembre.

BELLE AND SEBASTIAN: We were beautiful.

Fuimos hermosos. Fueron hermosos. Mucho. Belle and Sebastian (una de mis bandas favoritas) representaron para mí uno de los grupos que lograban alcanzar la belleza máxima a través de sus composiciones. Sobre todo en sus primeros trabajos. Quizá por eso me gusta que este tema, “We were beautiful”, esté conjugado en pasado. Y que lo que esta canción ofrece entronque con aquellos hermosísimos Belle and Sebastian. Y que nos deje pensando que, a lo mejor, en el futuro, puedan (deban) seguir siéndolo.

TORO Y MOI: “Mirage”

Aunque el tiempo no está acompañando por el norte peninsular (ni en julio ni en agosto), ponerse este tema de Toro y Moi invita a pensar en un clima soleado y húmedo. Evoca sensualidad. Hedonismo. Sofisticación. Elegancia. Una suerte de gema lounge deliciosa. Un caramelo (no, mejor un cocktail) que me parece de lo mejor que he escuchado en lo que llevamos de año.

LAS KASETTES: Ponte bajo el sol

Me llamaron la atención con este maravilloso cover que hacen del tema de Elia y Elizabeth. Pero me escuché el disco entero, “Bajo el sol”, y me conquistaron absolutamente. Si alguien organiza una fiesta estival en las próximas semanas o un picnic musicado, por favor, que pinchen el LP (yo ya me lo he comprado) o, directamente, que las contraten para actuar. Maravillosas.

CABBAGE: Uber capitalist death trade

Pusieron muy bien el bolo de estos británicos en el pasado BBK Live. Me imagino que debió ser divertido, saltarín, pogueador y destinado a vaciar los más primarios instintos. No sé, así lo veo yo mientras escucho el tema presentado que también da título a su último álbum. Banda sonora ideal para hacer el hooligan. O el cabra, va.

CIRCA WAVES: Goodbye

Introspección y oscuridad con etiqueta indie. De esos temas que atrapan sin saber muy bien cómo. Para los días que no podáis bajar a la playa y se os ponga el día tontorrón. O para cuando llegue el día de decir gooodbye al verano.

GERENTE: Arquitectura de interiores

Gerente es bien. Gerente son colegas. Gerente nos engatusaron cuando telonearon a los Tachenko en nuestras terceras NPP. Y Gerente han vuelto con un EP llamado “Papá oso” del que destaco este tema que me recuerda muchísimo a La Costa Brava y a un montón de cosas buenas y bonitas del pop de aquí y de allá. A mí me parece un súper hit.

TIGRES LEONES: Disfraz de tigre

Que la peña siga versionando a Hidrogenesse, please. El pasado abril ya situé como canción favorita de dicho mes el cover que Triángulo de Amor Bizarro realizan de “Vuelve conmigo a Italia”. Y hoy incluyo esta revisión de “Disfraz de Tigre” que hacen Tigres Leones. Y vale, “Disfraz de tigre” ya es en sí mismo todo un himno pero los madrileños la aceleran, la electrifican y la elevan a la categoría del desgañite máximo. Bravo.

PAUL DRAPER: Things people want

Me dio fuerte en su momento con Mansun. Sí, a mediados-finales de los 90, en plena eclosión britpopera. En aquel momento, surgió un disco, “Attack of the grey lantern”, y una canción, “Wide open space” que me enfebreció muchísimo. Algún día debería dedicarle un post nostálgico mencionando a Santi (que me lo grabó, con portada y todo) por mil pelas y tal. El líder de aquella banda era Paul Draper. Paul Draper se estrena ahora en solitario con un disco titulado “Spooky action”. Habrá que escucharlo ya que, de momento, su adelanto, este “Things people want” suena realmente bien. Quizá y fundamentalmente porque emparenta con aquellos Mansun del primer disco (y, afortunadamente, nada con aquella pretenciosa y horrible obra que fue su segundo disco, “Six”) O sea que las things people want, lo que queremos, es que la cosa vaya por ahí.

BIFANNAH: Kala-mala

La dosis psicodélica del mes, con cierto regustillo prog, procede de Galicia. Son Bifannah y el tema en cuestión es un lisérgico caramelo que lo mismo marida que te cagas con un vermú en una terraza en la playa que en un oscuro y nocturno tugurio de la zona de copas de Vigo. Que si con esto no os digo nada (que ya sé que no) pues le dais al play y os convencéis por vosotros mismos.

SUPERCHUNK: I got cut

Os aviso. Os amenazo. Os debo una entrada explicando por qué los últimos conciertos a los que he acudido han sido todos del género punk. Por qué me da a mí, a estas alturas de la película, por estos sonidos. Como ahora no me apetece hacer spoiler de los que os tenga que contar, me explico con este pildorazo de dos minutos y pico que facturan los Superchunk. Queda claro, ¿no?

WITHNEY: You’ve got a woman

Venga, que no se diga. Que estamos en verano. Para acabar un refrescante tema. Buen rollo funki-pop para quedarte con la peñita. Pídelo en tu chiringuito de confianza y ya verás como te invitan a la próxima ronda. Si no, pago yo.