Las Fiebres Musicales del cuatrimestre

Del cuatrismestre, amigos. Así, en plan universidad. De agosto, septiembre, octubre y noviembre. Y mejor exponerlas ahora no se me vayan a juntar con la cosecha de 2017 que toca este mes, claro. Y es que no he sacado tiempo de hacer el serial mensual por falta de tiempo. Bueno, decir falta de tiempo puede llevaros a pensar que he estado a tope y tal. Y bueno, aunque en algunos momentos así ha sido, no me escudaré en ello. Ha sido, como tantas otras veces, por pura pereza y por una tendencia casi patológica a la procastinación.

En fin, sea como fuere, no temáis, no me extenderé aunque cuatro meses haya dado para enfebrecerme por muchas cosas, tanto a nivel de novedades musicales como de grupos, discos o canciones de cualquier época que, por equis razón, me han soliviantado en este periodo.

Lo dicho, no me extenderé, ahí van, no sin antes amenazaros a que en poco tiempo, pues eso, traeré mis discos, libros, canciones, películas, momentos futbolísticos o lo que sea de 2017, es decir, un repaso en clave Cienfiebres al año que se nos va. Venga, ahí os dejo, cuatro y cuatro, va.

Belle and Sebastian. “This is just a modern rock song”.

Ya lo he dicho otras veces. Belle and Sebastian merece un capítulo aparte como una de las bandas que conforman mi propia banda sonora personal, valga la redundancia. De hecho, supongo que algún día lo haré. Si sois fieles seguidores de este blog, podréis comprobar que en los capítulos dedicados a repasar mis fiebres musicales mensuales he eliminado del encabezamiento lo de Mi Banda Sonora ya que tengo pensado volver a dedicar esa sección a grupos, canciones o álbumes que tengan un carácter más transversal a nivel biográfico y, como decía, los escoceses merecen mención especial. El caso es que no sé si fue en agosto o en septiembre, volví a dedicarles mi tiempo. Volví a recorrer los surcos de sus LP’s, las pistas de sus CD’s. No sé si el motivo fue que entonces me acabé el libro de Stuart Murdoch, ‘Café celestial’ (un tanto decepcionante, por cierto) o porque me compré uno de los EP’s que me faltaban, este “This is just a modern rock song”. Sea como fuere, como tantas otras veces en estos últimos, qué sé yo, 20 años, Belle and Sebastian volvieron a acompañarme de de forma febril.

Gentle Brent. “The lonely one”

Intercalemos ahora una novedad que añadí a mi lista de Spotify Agosto 2017. Gentle Brent. Maravilloso himno pop respaldado por el no menos maravilloso sello You are the cosmos que se empeña, regularmente, en traernos gemas pluscuamperfectas, artefactos sin pretensiones y artificios, sólo canciones, preciosas y redondas canciones. Para muestra, un botón esta “The lonely one” (qué bien pega, por cierto, pinchada justo después de la de B&S)

Johnny Lytle. “Babo”.

No sé quién tuvo la idea de añadirme en septiembre o por ahí a un grupo de Facebook llamado Jazz Club, dedicado, como su propio nombre indica, a este género. No sé a quién se le ocurrió ni por qué ya que poco puedo aportar yo al respecto. Sin embargo, lo bueno para mí es que la mayor parte de la gente allí presente sí que controla y con ellos se aprende un montón y se descubren cosas realmente buenas. De todo ello, de todo lo encontrado, hubo un tema que alguien compartió en octubre, que, permítanme, me volvió loco. Un tema de esos que uno desearía poder pinchar a todas horas, en cualquier elegante fiesta que se preste y que, desde entonces ha pasado a formar parte de mis favoritísimas. Con todos ustedes, “Babo” de Johnny Lytle. De nada.

St. Vincent. “New York”.

Cambiemos de tercio. Hallazgo de septiembre. St. Vincent. Una de esas artistas siempre reivindicadas por la gente que se supone que sabe de qué va esto y a la que uno nunca le prestó demasiado atención. Error. En esta ocasión, esa gente que se supone que sabe, realmente sabe. Annie Erin Clarck, la persona que se esconde bajo el pseudónimo del santo patrón de la anteiglesia de mi pueblo, nos lleva de Barakaldo a la costa este norteamericana con un elegantísimo tema que, maldita sea, debe encabezar las listas de las canciones más cool del año. Intensa, emotiva, épica, trascendental. Se me agotan los adjetivos para, en realidad, no decir nada. Haced el viaje, va, iros hasta New York de la mano de St. Vincent.

Carlos Berlanga. “Indicios de arrepentimiento”.

Lo dije, en octubre, en modo cienfiebres: el “Indicios” de Carlos Berlanga es, posiblemente, uno de los mejores discos de pop de la historia de la música española. Y punto. Y no recuerdo ahora por qué me dio por ahí. Pero ni falta que hace. Atrapado durante varias semanas. Única banda sonora en el coche durante días. Sin duda, una de las fiebres del cuatrimestre. Y del año. Y para siempre.

Noel Gallagher’s High Flying Birds. “Holy mountain”.

Me ha pasado como con el disco anterior en solitario del mayor de los Gallagher: mi intención era no acercarme a él siquiera. Para alguien como yo que fue muy fan de Oasis, abrazar las aventuras en solitario de los hermanísimos me resulta, a priori, insultante. A priori. Porque el caso es que luego, por casualidad (¿casualidad?, no lo creo), acabas escuchando alguna canción por ahí suelta y, zapa, descubres que, ojo, no está nada mal. Que, ojo, tiene temas frescos, interesantes e incluso diferentes. Y, ojo, es que el disco entero no está nada mal. Y, ojo, que de no querer ni acercarse a acabar comprándose uno el álbum no va nada. Pues eso, que a mí el nuevo trabajo de Noel Gallagher’s High Flying Birds, como el anterior, me resulta muy reivindicable y sino escuchen sin prejuicios (como yo los tengo o tenía) este tema, “Holy Mountain”.

Luther Russell. “Everything you do”.

Os vuelvo a amenazar: quiero escribir algo reivindicando a los advenedizos. A lo que sea. La capacidad de sorpresa ante algo asentado, que se debería haber descubierto antes pero que, por hache o por be, no se ha hecho, mola. Yo lo soy con un montón de cosas. Ahora es más fácil con los medios tecnológicos, claro, y con la posibilidad de encontrar y seguir a personas con opiniones fundadas, gustos exquisitos, etcétera. Este 2017, por ejemplo, he accedido a algunos artistas que llevan ahí la tira de tiempo y que yo ahora los abrazo como si hubiesen debutado esta misma tarde. Me ha pasado este año, por ejemplo, con Robyn Hitchcock y con Luther Russell. Casualidad, ambos artistas compartieron escenario (el pequeño del Antzoki) el pasado 30 de noviembre y mi fiebre se elevó a cotas altas. Sobre todo en el caso del estadounidenses (Russell) ya que con el inglés (Hitchcock) llevo así casi todo el año. Pues eso, que he llegado, aterrizado, descubierto a un honesto y humilde creador de magníficas composiciones de rock y que me encanta haberlo hecho.

Rusos Blancos. “Pimentón húngaro”.

A ver, que es que le mandé un wathsapp a un colega con un enlace a esta canción diciéndole algo así como “¡qué guapo este tema de Rusos Blancos!”. Yo creo que ya es motivo suficiente, ¿no? El caso es que a este grupo siempre le he seguido así como un poco de refilón, sin restarle valor ni sin atribuírselo en demasía. Recuerdo que, en su momento, sacaron un disco llamado “Sí a todo” que me moló mucho pero, a partir de ahí, pues eso: canciones que sí y otras que psché. El caso es que ésta, “Pimentón húngaro” me parece un SÍ total y tampoco me pidáis que lo argumente que ya llevo un rato aquí dándole a la tecla y, como buen cienfebrista, tengo otros frentes absolutamente intrascendentes que atender. Vosotros escuchadlo a ver qué os parece.

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Las Fiebres Musicales de Julio (y II)

Once canciones (+1) guardadas en la lista de reproducción de spotify JULIO 2011 que se autodestruirá en cuanto le dé a “Publicar” a esta entrada. Doce variados descubrimientos de temas editados en el presente año que, de una forma u otra, me han llamado la atención.

JOSELE SANTIAGO: El Bosque

Nunca he sido muy fan de Los Enemigos, lo admito. Sé que esto me restará puntos para acceder a los puestos nobles del manual del buen rockero patrio pero es lo que hay. Quizá por el hecho de que el que fuera su líder se haya mostrado en este “El bosque” en unas formas más suaves, atemperadas y evocadoras, rockeras, sí, pero, no sé, más cercano a Quique González, por ejemplo… y todo amén de una muy poética y preciosista letra… pues quizá, digo, me haya ganado lo suficiente como para tener este tema como uno de mis favoritos del pasado mes y para estar muy atento a lo que será su nuevo disco de estudio, “Transilvania”, que verá la luz el próximo 29 de septiembre.

BELLE AND SEBASTIAN: We were beautiful.

Fuimos hermosos. Fueron hermosos. Mucho. Belle and Sebastian (una de mis bandas favoritas) representaron para mí uno de los grupos que lograban alcanzar la belleza máxima a través de sus composiciones. Sobre todo en sus primeros trabajos. Quizá por eso me gusta que este tema, “We were beautiful”, esté conjugado en pasado. Y que lo que esta canción ofrece entronque con aquellos hermosísimos Belle and Sebastian. Y que nos deje pensando que, a lo mejor, en el futuro, puedan (deban) seguir siéndolo.

TORO Y MOI: “Mirage”

Aunque el tiempo no está acompañando por el norte peninsular (ni en julio ni en agosto), ponerse este tema de Toro y Moi invita a pensar en un clima soleado y húmedo. Evoca sensualidad. Hedonismo. Sofisticación. Elegancia. Una suerte de gema lounge deliciosa. Un caramelo (no, mejor un cocktail) que me parece de lo mejor que he escuchado en lo que llevamos de año.

LAS KASETTES: Ponte bajo el sol

Me llamaron la atención con este maravilloso cover que hacen del tema de Elia y Elizabeth. Pero me escuché el disco entero, “Bajo el sol”, y me conquistaron absolutamente. Si alguien organiza una fiesta estival en las próximas semanas o un picnic musicado, por favor, que pinchen el LP (yo ya me lo he comprado) o, directamente, que las contraten para actuar. Maravillosas.

CABBAGE: Uber capitalist death trade

Pusieron muy bien el bolo de estos británicos en el pasado BBK Live. Me imagino que debió ser divertido, saltarín, pogueador y destinado a vaciar los más primarios instintos. No sé, así lo veo yo mientras escucho el tema presentado que también da título a su último álbum. Banda sonora ideal para hacer el hooligan. O el cabra, va.

CIRCA WAVES: Goodbye

Introspección y oscuridad con etiqueta indie. De esos temas que atrapan sin saber muy bien cómo. Para los días que no podáis bajar a la playa y se os ponga el día tontorrón. O para cuando llegue el día de decir gooodbye al verano.

GERENTE: Arquitectura de interiores

Gerente es bien. Gerente son colegas. Gerente nos engatusaron cuando telonearon a los Tachenko en nuestras terceras NPP. Y Gerente han vuelto con un EP llamado “Papá oso” del que destaco este tema que me recuerda muchísimo a La Costa Brava y a un montón de cosas buenas y bonitas del pop de aquí y de allá. A mí me parece un súper hit.

TIGRES LEONES: Disfraz de tigre

Que la peña siga versionando a Hidrogenesse, please. El pasado abril ya situé como canción favorita de dicho mes el cover que Triángulo de Amor Bizarro realizan de “Vuelve conmigo a Italia”. Y hoy incluyo esta revisión de “Disfraz de Tigre” que hacen Tigres Leones. Y vale, “Disfraz de tigre” ya es en sí mismo todo un himno pero los madrileños la aceleran, la electrifican y la elevan a la categoría del desgañite máximo. Bravo.

PAUL DRAPER: Things people want

Me dio fuerte en su momento con Mansun. Sí, a mediados-finales de los 90, en plena eclosión britpopera. En aquel momento, surgió un disco, “Attack of the grey lantern”, y una canción, “Wide open space” que me enfebreció muchísimo. Algún día debería dedicarle un post nostálgico mencionando a Santi (que me lo grabó, con portada y todo) por mil pelas y tal. El líder de aquella banda era Paul Draper. Paul Draper se estrena ahora en solitario con un disco titulado “Spooky action”. Habrá que escucharlo ya que, de momento, su adelanto, este “Things people want” suena realmente bien. Quizá y fundamentalmente porque emparenta con aquellos Mansun del primer disco (y, afortunadamente, nada con aquella pretenciosa y horrible obra que fue su segundo disco, “Six”) O sea que las things people want, lo que queremos, es que la cosa vaya por ahí.

BIFANNAH: Kala-mala

La dosis psicodélica del mes, con cierto regustillo prog, procede de Galicia. Son Bifannah y el tema en cuestión es un lisérgico caramelo que lo mismo marida que te cagas con un vermú en una terraza en la playa que en un oscuro y nocturno tugurio de la zona de copas de Vigo. Que si con esto no os digo nada (que ya sé que no) pues le dais al play y os convencéis por vosotros mismos.

SUPERCHUNK: I got cut

Os aviso. Os amenazo. Os debo una entrada explicando por qué los últimos conciertos a los que he acudido han sido todos del género punk. Por qué me da a mí, a estas alturas de la película, por estos sonidos. Como ahora no me apetece hacer spoiler de los que os tenga que contar, me explico con este pildorazo de dos minutos y pico que facturan los Superchunk. Queda claro, ¿no?

WITHNEY: You’ve got a woman

Venga, que no se diga. Que estamos en verano. Para acabar un refrescante tema. Buen rollo funki-pop para quedarte con la peñita. Pídelo en tu chiringuito de confianza y ya verás como te invitan a la próxima ronda. Si no, pago yo.

Las Fiebres Musicales de julio (I)

Galbana estival. Y sin estar de vacaciones, oigan. Lo atribuiremos a ello. Pereza para casi todo. Incluso para enfebrecerme por discos o canciones. Y es que las calenturas musicales del pasado julio han discurrido de forma proporcional a la climatología que hemos tenido por estos lares. Es decir, no han sido excesivamente altas. Unas décimas. Pasen y vean, que no me extenderé.

De los Zebra Hunt ya les hablé en mi banda sonora del mes de mayo. Ha sido uno de los descubrimientos de lo que llevamos de año. El caso es que es una de esas bandas con canciones tan redondas que te dices: “oh, esto en en directo tiene que ser una maravilla”. Y hete aquí que el pasado 3 de julio actuaban no muy lejos, en Donosti. No muy lejos pero sí lo suficiente como para descartar la idea al tratarse de un lunes en el que este que escribe salía de currar a las 9 de la noche. Para desquitarme, rallé un poco el disco los subsiguientes días. Y para morir de envidia, el vídeo en el que interpretan en directo, en dicho bolo, en la sala Dabadaba, el segundo corte del “In Phrases”, titulado “Bad terms”.

El rollo nostálgico sacude en cualquier época, chavales. Nos ponen los discos o las canciones de cuando peinábamos menos canas y demás. Cómo nos impactaron y tal. El caso es que pensando en hacer una lista sobre discos en directo (atentado que finalmente perpetré) me tiré una tarde entera escuchando, prácticamente en bucle, el “It’s alive” de los Ramones. ¡Qué discazo! Me acordé del Blanco, amigo de la infancia, que me lo grabó, y de lo chinorris que éramos, desgañitándonos con el “Blitzkrieg bop”. Yo creo que aún ni íbamos al instituto. Aún me puedo ver con el walkman quemando la cinta TDK en que quedó registrado. Ay, la añoranza no se toma vacaciones.

Y acabo con los Ride. Los británicos han sido confirmados, hace escasas semanas, para el cartel de la próxima edición del festival BIME, en Barakaldo. Este año no tenía ninguna intención de acudir a este evento pero este anuncio ha trastocado los planes. Nunca les he visto en directo y siempre ha sido una banda que me ha gustado mucho, tanto en sus inicios más shoegazer como en su etapa más brit. Además, según me han dicho, su pasada actuación en el FIB debió rozar lo memorable por lo que, nada, habrá que, de momento, ir pensando en comprar entrada de día para el mencionado festival. Y, con todo, derivado de todo esto, pues unos cuantos días los dediqué a repasar los discos de Ride.

Bola extra: dos canciones que me fliparon y a las que llegué después de leer esta fantástica entrevista a Juan de Pablos en la Jot Down y, tras la lectura, escuchar unos cuantos programas antiguos de Flor de Pasión. Ahí las tenéis. “Angellina” de Joan Baez y este “January” de Pilot. Escuchadlas porque son simplemente magníficas.

Las Fiebres Musicales de junio (y II)

Ocho son las canciones que componen el chart de junio en Cienfiebres, seleccionadas de un total de 18 guardadas. Espero sean de vuestro agrado.

MODERN COSMOLOGY: The Berlin Friend.

Ya comenté, a principios de mes, que siempre es bien recibida la noticia de que la señora Laetita Sadier esté de actualidad por alguna novedad musical. En esta ocasión, el nuevo proyecto de la artista gala lleva por nombre Modern Cosmology (editado por Elefant) y surge de la alianza que ha fraguado con el combo brasileño Mombojó a raíz de una visita que la ex Stereolab realizó al país americano o algo así. De esta fusión, Modern Cosmology ha parido un EP titulado “Summer long” en cuyas cuatro canciones podemos reconocer el habitual tono introspectivo de los últimos trabajos de la Sadier, pero también podemos intuir las influencias tropicales de Mombojó, con claros y deliciosos guiños a la bossa (ese “Power of touch” maravilloso), preciosistas arreglos y, por supuesto, algún que otro deje kraut como el que se puede apreciar en la canción propuesta aquí, “The Berlin friend”.

SAINT ETIENNE: Undernetah the apple tree

Sasint Etienne meets Northern Soul. La canción del mes. Maravilloso hit. Los londinenses se empeñan en hacer bailar al respetable con su sofisticado pop electrónico o marcándose este revientapistas negroide que es una absoluta maravilla. El resto del disco en el que aparece esta canción, titulado “Home counties”, es un muy buen álbum pero, en mi opinión, esta gema, noveno corte del mismo, sobresale sobre el resto. Hoy es viernes: dale al play.

IRON & WINE: Call it dreaming.

Sam Beam vuelve. Lo hace con un nuevo disco, titulado “Beast Epic” que saldrá a la venta el próximo 25 de agosto y del que ya hemos podido disfrutar de un precioso adelanto, este “Call it dreaming”. Y como casi todo lo que toca este hombre, es una auténtica preciosidad de pop-folk americano, soleado, evocador y optimista. El vídeo que lo acompaña también lo es (esa furgoneta a la que todos nos queremos subir, sobre todo cuando estamos un poco perdidos) y, con todo, sólo nos queda esperar a la fecha anteriormente mencionada para corroborar que su nuevo disco seguirá por estos magníficos derroteros.

PETER PERRET: An epic story

Otro regreso, éste muy celebrado por los mitómanos: Peter Perret, quien fuera alma máter de The Only Ones, vuelve a la actualidad con un disco en solitario que lleva por título “How the West was won”. El tema seleccionado, “An epic story”, suena nuevaolero total, o sea, algo así a lo que debió hacer junto a su banda a finales de los 70, lo cual, por otra parte, no puedo aseverar y, por tanto, me apunto un debe para este mes de julio: conocer un poco a esos Only Ones. Si abundan los temas como esta canción, doy por segura una fiebre.

FRÀNÇOIS & THE ATLAS MOUNTAINS: Bête Morcelée

Ahora que algunos de mis conocidos y amigos se hallarán en el monte Kobeta asisitiendo al BBK Live o en el Madcool de Madrid o incluso los que estuvieron hace unas semanas en el Azkena de Vitoria, pienso que, en principio, el único festival que voy a visitar este año va a ser el Kutxakultur de Donosti, allá por septiembre. Un plan guapo: amigos, casa con piscina y algunos conciertos de bandas que me apetece ver (Jesus & Mary Chain, The Hives, Divine Comedy, claro, etc…) A tiro hecho, sin preocuparme de descubrir cosas nuevas porque sé que, al final, festivales de este tipo, no suelen ser los contextos más propicios para ello aunque a veces ocurra. Lo que sí puedo hacer es escuchar algunos de esos nombres ignotos para mí que, en este caso, componen el cartel del evento donostiarra. Entre ellos, hace poco degusté a los franceses Frànçoise & The Atlas Mountains… y bueno, su último disco, “Solid mirage”, me pareció un poco peñazo, un tanto pretencioso… pero de él rescato este pildorazo de poco más de minuto y medio que, mira, esta sí, me conquistó lo suficiente para traerla hoy aquí. Ya veremos si tenemos la oportunidad de catarlos en directo o no.

THE MOLOCHS: You and me.

A mí porque me han dicho que esta gente son contemporáneos que si no, escucho esta canción, “You and me”, y apostaría por un grupo de la costa oeste americana (de ahí provienen, eso sí) del año 68 o así… Rock luminoso, clásico, con regusto psicodélico, elegante y adictivo… esta canción es una preciosidad que me va a llevar, sí o sí, a degustar el resto del disco, “America’s velvet glory” del que todo el mundo habla maravillas.

ANGEL STANICH: ¿Quién ha elegido muerte?

Único tema cantado en castellano cervantino que se cuela este mes entre mis fiebres. El honor se lo lleva el señor Ángel Stanich, artista que sigue ampliando su perfil canción a canción y destacando gracias a su forma de traer a su terreno el rock americano, a su peculiar estilo y a sus afiladas letras, en este caso con varios recados a la clase política global. Este tema, con todo, forma parte de un nuevo EP que Stanich ha sacado y que lleva por título “Siboney”. Un nombre y apellido que, como ya ha venido demostrando, no hay que perder de vista.

MATTHEW SWEET: Trick

Otro de esos nombres y apellidos consagrados y venerados, en esta ocasión, por los seguidores más acérrimos del power-pop. Matthew Sweet, como digo, rutilante estrella a principios de los 90, regresa a la palestra con un nuevo álbum tras seis años de silencio: “Tomorrow forever” que se abre con este cañonazo que es “Trick”, llamado a convertirse en himno para todos aquellos que gustamos del pop de guitarras.

Las Fiebres Musicales de junio (I)

Ya que hoy ha sido día de txupines, me voy a poner petardo y voy a compartir, como cada mes, en dos cómodos plazos, lo que han sido las fiebres musicales que me han sacudido y las bandas sonoras que han conformado, en este caso, el de junio. Y como se me acaban las paridas con las que hacer la introducción, dejo de introduciros y pasamos a la acción…

En la lonja, bajera, cuarto, local, llámenlo equis, que tuvimos mi cuadrilla y yo hace cosa de veinte años, un enorme póster de Eskorbuto presidía la, digamos, sala de estar. La imagen en cuestión reproducía la portada del disco “Impuesto revolucionario”, en la cual los Iosu, Juanma y Pako aparecían caricaturizados. En aquella época, la banda santurtziarra era de las que más sonaban en la lonja. Competía por el número uno con Extremoduro (y alguna cosilla onda hardcore en plan Rancid y así) y también con los que abanderábamos la vertiente más pop del habitáculo, que insistíamos en pinchar a los Oasis o a Los Planetas, qué sé yo.

Como podréis intuir, yo formaba parte más de ese segundo grupo y, por ende, solía hacer caso omiso a las propuestas del bando rival y, por tanto, Eskorbuto no me despertaba gran interés. Tampoco es que me desagradasen. Además, en cierta forma, me agradaba reconocerles como una especie de símbolo o icono de una comarca como la nuestra, la de la margen izquierda del Nervión. Pero hasta ahí.

El caso es que, como ya he contado en alguna que otra ocasión, ahora, con 39 palos, me veo atraído por sonidos que, teóricamente, son más lógicos – si es que se puede hablar en esos términos – en otras etapas. Y entre ellos, de un tiempo a esta parte, la vida y obra de los malogrados santurtziarras me ha llamado la atención sobremanera. Tal es así que la emisión, el pasado 31 de mayo, de un especial dedicado a los Eskorbuto en El Sótano de Radio 3, disparó mi fiebre a altas temperaturas y durante unos cuantos días del pasado junio me he detenido mucho más en escucharles, leer sus letras, ver vídeos y demás… y, precisamente, analizándolos ahora desde la perspectiva que da la edad puedo concluir que, efectivamente, me parece perfectamente lógico y compatible que me puedan gustar en la actualidad.

Dado que me he venido arriba con la primera de las febrículas de junio, en la presente seré más breve. Carlos pone en su muro de Facebook el clásico corte 60’s “I can’t let Maggie go” de los Honeybus. Yo recuerdo la cara B de ese single, ese maravilloso trallazo beat que es “Tender are the ashes”. Llego a casa, me pongo el CD grandes éxitos que tengo por ahí y que me tosté del original que vendíamos en la tienda de discos y me tiro otro par de días enfebrecido ahondando en una de esas bandas que no tuvieron el impacto de muchas de sus coetáneas pero que merece la pena revisar y redescubrir.

Tercera fiebre: tiramos de tópico y abuso de los dos puntos: a cada escucha del último trabajo de los hermanos Reid, éste gana. Se va a convertir en uno de los discos del año para este que escribe y, por tanto, en una de las fiebres de 2017, no sólo del mes de junio. Además, he de admitir que empecé con el “Damage and joy” de los Jesus & Mary Chain con ciertas reservas porque algunas críticas leídas lo llegaba a tildar, en general, de medianía. Quizá a muchos de los que lo ven así, este regreso les pueda parecer excesivamente “accesible”. Bendita accesibilidad, añado. Canciones de rock clásico, con guitarras marca de la casa, canciones redondas, una tras otra, muy bien cohesionadas y algunas llamadas a convertirse en himnos del año (“All things pass”, “Always sad”, “The two of us”…) En fin, fiebre total con este álbum.

Creo que fue el hilo musical de una tienda, no recuerdo ahora cuál. Soul elegante, elegantísimo. Y sí, no lo negaré: usé Shazam. Tenía que reconocer qué sonaba. Y era él, al que muchos de los entendidos en la materia negra le califican como el puto amo: Mr. Al Green. Y de la tienda en cuestión a una hipertermia de puta madre. Y a explorar un poco más en la figura de uno de esos nombres que siempre estuvo ahí pero en el que nunca me detuve, como buen cienfebrista. Y de ahí a encargar dos de sus álbumes básicos para que pasen a formar parte de mi colección y a secundar a los expertos: el puto amo.

Y ya. Lo dejamos aquí porque no hubo mucho más que me enalteciera en demasía los pasados 30 días y porque tampoco es plan de que nos dé aquí, junto al teclado, el día de San Fermín. Mañana (si es posible) vuelvo con lo descubierto. Ale pues.