[Listas Tontas] Los libros de la década

No era mi intención, de verdad, pero para estas cosas cedo fácilmente a la presión (si se le puede llamar presión a un comentario en Facebook animándome a publicar mis listas de libros de la segunda década del siglo… guiño-guiño, señor Montón). Dicho lo cual, sin grandes preámbulos, doy paso a la misma no sin antes destacar tres breves consideraciones:

1.- Esta década he tenido dos niños.
2.- Me ha costado Dios y ayuda llegar a diez títulos de narrativa editados del 2010 al 2019. Es decir, la mayor parte de las novelas que he leído en estos últimos años han sido publicados en décadas pretéritas.
3.-Ha sido la época de mi vida en la que más ensayos, libros sobre música y cómics he leído.

Les dejo con ellas, recordando, por enésima vez, que el orden y los títulos seleccionados pueden variar tremendamente si me sentase a reescribirlas mañana mismo:

COMICS-TEBEOS-NOVELA GRÁFICA

10.- El caso Pasolini. Crónica de un asesinato (Gianluca Maconi)
9.- Hoy es el último día del resto de tu vida (Ulli Lust)
8.- Un adiós especial (Joyce Farmer)
7.- Yo, Asesino (Antonio Altarriba/Keko)
6.- Wilson (Daniel Clowes)
5.- El ala rota (Antonio Altarriba/Kim)
4.- Intrusos (Adrian Tomine)
3.- La balada del Norte (Alfonso Zapico)
2.- La casa (Paco Roca)
1.- Surcos del azar (Paco Roca)

LIBROS POP

8.- New Order, Joy Division y yo (Bernard Sumner)
7.- Mods: guía para una vida elegante (Dani Llabrés)
6.- Club 45: 90 canciones de la era pop para mods y jetsetters / Club 45 again: 90 canciones para mods y fanáticos del planeta beat (Alex Cooper)
5.- Mañanas negras como el carbón (Brett Anderson)
4.- Una semana en el motor de un autobús (Nando Cruz)
3.- Camino Soria (Edi Clavo)
2.- Atardecer en Waterloo (Manul Recio, Iñaki García)
1.- Mil violines (Kiko Amat)

NARRATIVA

10.- Canciones de amor a quemarropa (Nickolas Butler)
9.- Juliet, desnuda (Nick Hornby)
8.- Sumisión (Michel Houellebecq)
7.- Yugoslavia, mi tierra (Goran Vojnovic)
6.- Los cuentos (Ramiro Pinilla)
5.- Illska.La Maldad (Eiríkur Örn Norddahl)
4.- Marcianos (Sergio Algora)
3.- Patria (Fernando Aramburu)
2.- República luminosa (Andrés Barba)
1.- El ruido del tiempo (Julian Barnes)

ENSAYO

10.- Todo lo que era sólido (Antonio Muñoz Molina)
9.- El puente (Gay Talese)
8.- Es muy raro todo esto (Pablo Martínez Zarracina)
7.- El hambre (Martín Caparrós)
6.- Scunthorpe hasta la muerte (Iñigo Gurruchaga)
5.- La trampa de la diversidad (Daniel Bernabé)
4.- Chavs. La demonización de la clase obrera (Owen Jones)
3.- Aporofobia, el rechazo al pobre (Adela Cortina)
2.- Fariña (Nacho Carretero)
1.- Hijos del fútbol (Galder Reguera)

[Listas Tontas] Los discos de la década

Me he enterado que se acaba la década porque la Rockdelux ha sacado un número especial con unas cuantas listas repasando estos 10 años. En serio. No era consciente hasta verlo. Y, claro, me ha hecho echar la vista atrás.

Esta década de los 10 o cómo se diga ha sido, posiblemente (y en este caso creo no pecar de cienfebrista), la más intensa de mi vida. O la más emocionante. No sé. Hablemos de fútbol, por ejemplo: nada más arrancar la década, va España y gana un mundial. ¡UN MUNDIAL!. Nunca había vivido algo así.Y también en este periodo ha sido en el que he vivido por primera vez, de forma plenamente consciente, caída y auge de mi equipo favorito: descenso a tercera y ascenso inmediato del Barakaldo CF en la siguiente temporada (años 2011 y 2012 respectivamente)

Asimismo, este segundo decenio del siglo XXI arranqué en un curro que acabó convirtiéndose en el que más años he pasado, hasta que inesperadamente me surgió otro trabajo, en el que ahora me hallo. Esta década ha sido en la que junto a mis amigos de EducaBlog hemos publicado tres libros, tres, nada más y nada menos, y también en la que consolidamos ese proyecto sobre la Educación Social en la red, si bien admitiré que últimamente está un poco de capa caída.

Aparte de todo eso, sin duda esta década ha estado marcada por dos hitos biológicos o personales: el fallecimiento de mis padres y el nacimiento de mis dos hijos. Este último hecho, como comprenderán, marca que no hayan sido estos últimos años los que más cine haya consumido, más libros haya leído o los que más conciertos haya presenciado, aunque tampoco puedo quejarme. Curiosamente, sí creo poder aseverar que ésta ha sido la década en la que más pasta me he dejado en libros y en discos, curiosamente cuando han acabado de implantarse totalmente las plataformas en streaming, las que, obviamente, también uso y también pago.

En cualquier caso, hablando de discos y volviendo a la publicación del mencionado especial de la Rockdelux he de decir que ¡hostia, no me siento representado!. Es como si, tomando como referencia los listados de dicha revista, no hubiese vivido estos diez años desde un punto de vista cultural. Me explico con números (y sólo refiriéndome a discos… de pelis, libros y cómics ya hablamos otro día): de los 50 discos nacionales que dice la Rockdelux que han sido los mejores de este segundo decenio, sólo tengo 8 en mi discoteca particular; del mismo modo, de la centena de referencias internacionales, coincido en 12. Es decir, de los 150 mejores discos de la década que va de 2010 a 2019 secundo veinte de ellos. Un 13,33%, si no he hecho mal los cálculos. O sea, que o soy muy poco moderno o muy ortodoxo o no estoy atento a lo que se cuece o yo qué sé.

Así, quizá por envidia o por querer reivindicar mis discos o porque me encantan las listas o por lo que sea, os dejo 40 discos favoritos (20 nacionales y 20 internacionales) de estos diez años. Todo muy yo, claro, aunque mañana mismo estas listas podrían cambiar de cabo a rabo. A ver en cuántos coincidís, va:

Diez discos nacionales:

20. WE ARE STANDARD: Great state
19. HOLA A TODO EL MUNDO: Estela castiza
18. LEÓN BENAVENTE: León Benavente
17. PERRO: Tiene bacalao, tiene melodía
16. CHARADES: Revolución solar
15. CORIZONAS: The News Today
14. FINO OYONARTE: Sueños y tormentas
13. ESPANTO: Rock’n’roll
12. DELOREAN. Subiza
11. TEMPLETON: El murmullo
10. KLAUS & KINSKI: Tierra, trágalos
9. SEÑOR CHINARRO: Presidente
8. AIRBAG: Manual de montaña rusa
7. BIZNAGA: Sentido del espectáculo
6. CAROLINA DURANTE: Carolina Durante
5. NOVEDADES CARMINHA: Juventud infinita
4. LOS PLANETAS: Zona temporalmente autónoma
3. SVPER: Pegasvs
2. JOSELE SANTIAGO: Transilvania
1. TRIÁNGULO DE AMOR BIZARRO: Salve discordia

Diez discos internacionales:

20. THE DRUMS: The Drums
19. JESUS & MARY CHAIN: Damage and joy
18. DIVINE COMEDY: Bang goes to the knighthood
17. IRON & WINE: Kiss each other clean
16. VETIVER: The errant charm
15. DJANGO DJANGO: Django Django
14. THE XX: Coexist
13. FLEET FOXES: Helplessness blues
12. THOSE PRETTY WRONGS: Those pretty wrongs
11. MY BLOODY VALENTINE: m b v
10. TEENAGE FANCLUB: Here
9. REAL ESTATE: Atlas
8. FATHER JOHN MISTY: I love you honey bear
7. DAVID BOWIE: Blackstar
6. ALLAH-LAS: Worship the sun
5. MICHAEL KIWANUKA: Home again / Kiwanuka
4. SUFJAN STEVENS: Carrie and Lowel
3. ROBYN HITCHCOCK: Robyn Hitchcock
2. ARCADE FIRE: The suburbs
1. PJ HARVEY: Let England Shake

Algunas recientes fiebres musicales

He tenido fiebres musicales últimamente, claro. Me apetece hablaros de ellas. De forma intrascendente, claro. Así, por comentar y tal. Sin profundizar, obvio. Para qué. Según me va viniendo, va.

Lagartija Nick. Nunca he sido fan. Ni lo voy a ser. Pero su último disco, “Los cielos cabizbajos”, me ha emocionado… su temática, su portada, su música… lo he intentado con los anteriores y como diría aquel, no es no.

Los Enemigos. A raíz de esta entretenida (y extensa) entrevista a Josele Santiago en la Jot. Y tampoco me haré fan pero su disco “La cuenta atrás” me ha encantado. Otro al que le he dado vueltas, “La vida mata”, en cambio, me ha recordado por qué no me molaban. Y no sé explicar ni lo uno ni lo otro.

Amaia. Sí, Amaia. Sí, la de OT. Después de Los Enemigos. No la había escuchado por el prejuicio del reallity y aún cuando voces para mí autorizadas la reivindicaban. Tanto en directo como en disco un producto (perdón) digno, bello, sofisticado y elegante. De lo mejor del año a nivel patrio.

Hablando de lo mejor del año (y con la vista ya puesta en empezar a pergeñar la consabida Cosecha del 19) algunos anticipos que estarán sí o sí en la misma: el de Doug Tuttle (“Dream road”) sencillamente maravilloso; el nuevo de Comet Gain (“Fireraisers forever”) que lo tiene todo para gustar a alguien como yo; el de Kiwanuka (“Kiwanuka”) que lo tiene todo para convertirse en clásico atemporal.

Nacho Vegas. No encuentro explicación. ¿La situación política me habrá llevado a él? Puede ser. El caso es que me está gustando muchísimo pero muchísimo más de lo que pensaba. Qué cosas. Fiebre con Nacho Vegas y con Woody Allen. Ya ven. Pero lo del neoyorkino lo dejamos para el improbable día que hablemos de mis fiebres cinematográficas.

Belle & Sebastian. A raíz de su último disco (la banda sonora “Days of the Bagnold Summer”) y confirmar, con sus nuevas canciones, que quieren regresar a sonar como en su maravillosa etapa Jeepster. Ojalá. El caso es que les debo un monográfico aquí. Me lo anoto en rojo en la libreta.

El BIME.En realidad me apatecía una crónica del festival que se celebró el primer fin de semana de noviembre en Barakaldo, pero al final, por hache o por be, nada. Decir que me lo pasé muy bien, que fue especial porque fui con Ana en plan novios y porque aunque no acudía con grandes expectativas en cuanto a lo musical, disfruté mucho con varios conciertos. Y todo pese a que el nombre que me hizo comprar el abono de cabeza, el de Michael Kiwanuka, acabó cancelando.

Enric Montefusco: atrayente. Debí prestarle más atención porque, a pesar de saludar a un amigo y charlar un rato con él durante su concierto (sin molestar, quiero pensar) el catalán me atraía, me llamaba (su último disco, “Diagonal”, me ha encantado, por cierto).

Amaia: ahí la descubrí. No digo nada más (amén del fenómeno fan que convocó y la sensación de que puede ser un icono entre el público gay… ¿puede ser?)

Kraftwerk: de lo que más me apetecía. No decepcionó. De hecho, flipé, sin ser yo seguidor de los alemanes.

Foals: me sentí viejo. Y agradecí sentirme así. Pues eso: que a lo mejor con veinte años los habría gozado pero ahora… amén que la fórmula ya me parece cansina. Aún así, sonaba increíble y entendería que se haya calificado de lo mejor del festival. Pero a mí, bluf.

Morgan: psché. Abandonamos sin verlo acabar. Todo el mundo me los recomendaba encarecidamente. Yo no los conocía. Es más, pensaba que cantaban en castellano y que iba a ser una onda Vetusta Morla o algo así. Pues no. Ni parecido. Aún así una cosa muy muy normalita. De esas que no acabas de entender su éxito.

Los Estanques: guau. No me compraría sus discos pero les volvería a ver en concierto. Una propuesta curiosa en la que se entremezcla el rock sinfónico, con el free jazz y el pop (de querencias andaluzas, aunque facturado en Cantabria). No es mi rollo pero me dejó clavado.

Carolina Durante: su cantante es muy chillón y me pareció que el sonido no les favoreció. A pesar de ello, me gustan mucho y tienen un arsenal de canciones-himno. Me apetecía mucho verles y me quité el chinche, aunque no fue la hostia.

The Divine Comedy: Neil Hannon es el puto amo y nunca falla. A pesar de ello, no ha sido el mejor concierto que les he visto y, para más inri, se encontraron (nos encontramos) con una parte del público mal educada e irrespetuosa (por cosas así es por lo que cada vez me dan más pereza los festivales)

Brittany Howard: el (otro, junto a Amaia) gran descubrimiento del festival. Un abrasivo recital de soul, rock y gospel que nos dejó perplejos. A darle a los Alabama Shakes (aunque me temo que los discos no me van allegar tanto)

Jamiroquai: pensaba que iba a ser la anécdota, la broma (de mal gusto al ver que anunciaban que había sido diagnosticado de amigdalitis por la mañana) o la gracieta del festival y, desde que comenzó y hasta que terminó (casi dos horas, si la memoria no me falla), me dejó ojiplático, boquiabierto y haciéndome bailar (sí, bailar, yo) aunque no quisiera. Impresionante deleite de soul, funk con un Jay K en un estado de forma deplorable pero al que hay que aplicarle eso de “el que tuvo retuvo” (además de estar excepcionalmente acompañado por coros y orquesta). El concierto del BIME y uno de los conciertos del año.

Ale, fin. En los próximos días, más música.

*La foto, una de las pocas decentes que hice en el BIME. De Neil Hannon y sus Divine Comedy.

La pasión es el olvido de uno mismo y usted no tiene otra preocupación que la de enriquecer su espíritu”. (La Montaña Mágica, de Thomas Mann)

Si la memoria no me falla, quien así se dirige a Hans Castorp, protagonista de la excelsa La Montaña Mágica, es Mynheer Peeperkorn, el hedonista personaje llegado casi al final del libro al sanatorio Berghof y que cautiva al joven Castorp.

La cuestión es que al leer ese breve fragmento, yo me sentí interpelado. Creo que define muy bien a un Cienfiebres. Un Cienfiebres no es alguien apasionado, aunque pueda parecerlo, aunque pueda sentir entusiasmo por cualquier cosa. Alguien apasionado es quien se vuelca totalmente en algo, quien se obsesiona con algo. Eso es demasiado para un Cienfiebres. Un Cienfiebres no profundiza, sino que se queda en la superficie, aunque no lo parezca.

Un Cienfiebres, volviendo a la frase de Peeperkorn, no se olvida de uno mismo. Un Cienfiebres es un tanto ególatra. Y no sé si suena grandilocuente y demasiado abstracto lo de enriquecer el espíritu, pero, en cierta forma, también lo compro.

Enriquecerse de experiencias, de relaciones, de actividades, de hobbies… si todo eso, entre otras cosas, conlleva el enriquecimiento espiritual, pues eso, que la alusión de Peeperkorn es perfecta.

De hecho, para quien haya leído La Montaña Mágica, resulta evidente que Hans Castorp es un Cienfiebres. Enseguida se suma, con reservas iniciales pero sin ambages a la peculiar vida de allá arriba. Se acostumbra y se adapta a la misma erigiéndose, con el tiempo (ese gran tema en la novela de Mann), en un veterano y experimentado paciente. Por si fuera poco, Castorp se adapta a un ambiente, a priori rutinario, gracias a enfebrecerse con diferentes temáticas: filosóficas, médicas, amatorias, naturalistas, deportivas, musicales… sin profundizar, creo yo, sin apasionarse en ninguna, aunque pueda parecerlo.

En fin, esta interpretación mía, esta analogía que establezco del gran personaje de Mann conmigo mismo puede resultar a quien esté leyendo ésto hasta un tanto patológica, pero no puedo evitar confesar que lo he sentido así y que el fragmento que encabeza esta entrada ha sido el detonante para escribir estas cuatro letras, para volver a darle al teclado en Cienfiebres y eso, tras casi cuatro meses sin hacerlo, no es moco de pavo.

[AUTOBOMBO] ‘La Educación Social en el sistema educativo: una herramienta transversal para mitigar las desigualdades’

Unas cervezas en la plaza del pueblo. En la terraza del bar, a resguardo del implacable sol ribereño. La plática imparable de un chileno y el gusto de uno por conversar. Del Barakaldo, de la U, de política, de memoria histórica, de Educación, de juergas inconfesables y peligrosas, de Stereolab. Etcétera. Y producto de ello, quiero pensar, surge la invitación. “A ti que te gusta escribir”, me dijo, “¿por qué no te animas a hacer un artículo para un libro sobre políticas públicas sobre Educación Social, sobre Educación, etcétera?”. Y no sé, pues supongo que no supe decir que no y de aquellos barros…

Pues que me complace anunciarles que hace escasos días vio la luz el segundo volumen del libro “Políticas Públicas para la Equidad Social”, publicado por la Universidad de Santiago de Chile, en su colección Políticas Públicas y en colaboración con la Facultad de Educación y al Departamento de Didáctica y Organización Educativa de la Universidad de Barcelona.

Y me complace hacerlo, como podrán intuir habida cuenta de la introducción, porque, además de lo interesante de la temática, he tenido el honor y el privilegio de aportar un artículo a dicha obra. El capítulo en cuestión lleva por título ‘La Educación Social en el sistema educativo: una herramienta transversal para mitigar las desigualdades’. Para poder acceder a todo el libro, pinchen en este enlace y si quieren buscar mi escrito pueden acudir a la página 23 del mismo.

Desde este humilde espacio, sólo me queda, pues, agradecer a los responsables de dicha publicación por haberme invitado a participar en la misma. Un libro con unas características especiales, eso sí. Una obra académica, con un evidente tono científico, que he de confesar me ha supuesto un gran esfuerzo sobre todo para adaptarme a los requisitos y normas que un libro de estas características exige.

La experiencia derivada de dicha, digamos, adaptación al medio daría para otro post en el que analizar esas reglas de publicación, comúnmente aceptadas en el ámbito universitario, claro, pero que para profanos en la materia nos resultan especialmente rígidas, entendiendo, insisto, que ese rigor será absolutamente necesario para poder catalogar algo de científico y demás.

Sea como fuere, reiterar mi agradecimiento (¡GRACIAS, PABLO!) y mostrar, por qué no, mi orgullo al colaborar por primera vez en una obra de este tipo. Espero os parezca interesante lo que aporto en la misma, así como el resto de artículos que componen la misma. No me extiendo, que ya lo he hecho bastante en el episodio ‘La Educación Social en el sistema educativo: una herramienta transversal para mitigar las desigualdades’.