Casi todos los creadores de utopías han sido como ese hombre que tiene dolor de muelas y, por tanto, cree que la felicidad consiste en no tenerlo. Quieren forjar una sociedad perfecta mediante la prolongación sin fin de algo que sólo era valioso porque era provisional. El camino más sabio sería decir que existen ciertos criterios por los que la humanidad debe guiarse, que la estrategia global está trazada, pero que las profecías detalladas no son asunto nuestro. Todo aquel que intenta imaginar la perfección no hace más que delatar su propio vacío.

De utopías, utopistas, de felicidad y de anhelos… es verano, en escasas horas me voy de boda, hace calor… no me extiendo. Copio un fragmento y ya, si acaso, algún día, lo comentaré. Ahora me he encontrado con el ordenador encendido y, a la vez, rumiando a partir de la lectura de “¿Pueden ser felices los socialistas?”, ensayo escrito por George Orwell, en Tribune, el día de nochebuena de 1943. No me extiendo, digo. Ni es el momento ni el lugar pero que conste en acta.

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“Aporofobia, el rechazo al pobre” en EducaBlog

Me vienen a la cabeza fragmentos de conversaciones pasadas en las que yo he comentado: “no, tú no eres xenófobo o xenófoba. A ti te molestan los extranjeros que no tienen pasta. Porque, de hecho, idolatras a la estrella africana de tu equipo. Y tampoco veo que te incomoden los extranjeros que llegan a la ciudad de vacaciones. No, tú no eres xenófobo/a”.

Lo que en aquel momento me faltaba era añadir a ese “tú no eres xenófobo/a” lo que sí era la persona aludida: “tú eres aporófobo/a”. Este término nos llega de la mano de la filósofa valenciana Adela Cortina quien con su libro “Aporofobia, el rechazo al pobre”, nos ayuda a definir a esas personas que mostraban o muestran su repudio hacia las que no tienen recursos, las excluidas, sean de aquí o de allí. Aquellas personas de las que, normalmente, no obtenemos nada en una sociedad, como la nuestra, basada en el intercambio.

Sobre ese libro en cuestión, he escrito unas pocas líneas en EducaBlog a modo de resumen de algunas de las ideas más importantes que Cortina refleja en sus casi doscientas páginas. Y es que además de ahondar en el mencionado concepto, la experta nos aporta reflexiones y propuestas más que adecuadas si queremos empezar a pensar en como superar esta fobia que nos rodea, que nos rodea, en mi opinión, mucho más de lo que imaginamos.

Pues eso, que si quieres leer lo que he escrito al respecto, pincha aquí.

“¿Cómo será en un año (si todavía está aquí)?”. Trump: un mes (un año) entre nosotros.

“¿Cómo será Trump en un año (si todavía está aquí)?”. Seth se hacía esa pregunta hace aproximadamente unos 10 u 11 meses. Se la hacía, a modo de reflexión, contestándome a mí. Respondiendo a una serie de preguntas que lancé a unas cuantas personas residentes en los EE.UU. con motivo de la llegada al poder del histriónico personaje. El caso es que ayer, 20 de enero de 2018, se cumplió el año. Y sí: Trump sigue aquí, entre nosotros. Entre ellos, sobre todo.

Trump: un mes entre nosotros. Así había pensado titular aquello. La llegada a la Casa Blanca de Donald Trump ya había generado ríos de tinta y de bits semanas antes de su proclamación, desde que se supo que había ganado las elecciones e incluso antes. Dicha atención mediática (a nivel mundial) y las peculiares características que describían al mandatario, me llamaban poderosamente la atención, al menos desde el punto de vista de querer saber si ese eco y todo lo que le rodeaba, tenía reflejo en la percepción del día a día de personas residentes en dicho país. Por ello, tiré de algunos contactos que andan por allí y me planteé resolver esa duda. Darles un mes (o algo más) para ver qué me decían al respecto de la nueva era.

Como buen cienfebrista (bueno, siendo benévolo conmigo mismo, por falta de tiempo), todo quedó en agua de borrajas. A pesar de ello, hoy, en pleno primer aniversario de su investidura, he revisado mis borradores del ordenador y me he decidido a, por qué no, compartir en este espacio precisamente eso, ese borrador inicial sin finiquitar y, a continuación, algunos de los titulares que mis fuentes me dejaron al respecto y que, como digo, no acabaron en dicho documento. Os dejo con ello (y sí, ya sé que podía haber intentado acabarlo pero – odio decir esto – es lo que hay) recordando, como digo, que tanto lo escrito como lo recogido tiene en torno a 9 o 10 meses de antigüedad, es decir, no sé si dicho periodo podría haber alterado las impresiones de mis contactos.

El pasado 20 de enero de 2017, Donald J. Trump se convertía en el 45º presidente de los EE.UU. El multimillonario empresario y estrella de la televisión asumía un frío viernes de invierno el cetro de emperador mundial, lanzando un encendido discurso de tintes claramente nacionalistas que obtuvo réplicas ciudadanas en forma de marchas, manifestaciones y demás protestas.

A partir de ahí, la polémica no ha dejado de perseguir al mandatario a raíz de los decretos que ha firmado, de las leyes que trata de promulgar o los disparos que realiza a 140 caracteres desde la red social Twitter. Y esta polémica, esta continua actividad, ha generado un incansable seguimiento mediático y, por lo tanto, una presencia casi constante en la actualidad mundial durante este tiempo.

En este sentido, siempre he tenido la sensación, cuando se han producido grandes cambios políticos, que, a nivel cotidiano, no cambiaba nada. O, al menos, en el corto plazo. O sea, los cambios “macro” del recién llegado se producen y, efectivamente, pueden alterar muchas cosas pero, como decía, al menos mi día a día tampoco cambiaba tanto.

Claro que los cambios que yo he podido vivir en primera persona quizá no han sido para tanto o, dicho de otro modo, el sustituido y el sustituyente no diferían tanto entre sí. A lo mejor, cuando acabó el franquismo y se consolidó la democracia, ahí sí se notarían cambios en la calle, en los hogares, en las empresas… de forma inmediata. Digo yo.

Ese contraste entre el cambio político y la sensación de que la cosa no variaba tanto también se genera por el bombo que, normalmente, se le dan a esas permutas. Es decir, los periódicos, revistas, programas de televisión y demás generan (o en mí, al menos, lo consiguen) una expectación ante el cambio que luego no se corresponde con la realidad cotidiana y cortoplacista. Curiosidad o expectativa que, evidentemente, también se encargan de generar los propios candidatos.

A pesar de ello y volviendo al magnate estadounidense, su constante presencia mediática, sus polémicas decisiones, sus vehementes declaraciones, las movilizaciones y respuestas que está provocando, etcétera, lleva a preguntarme si, quizá, esta vez, de forma más evidente o inmediata y con la perspectiva que da el tiempo que lleva entre nosotros, se estará notando algo distinto en el día a día de la ciudadanía, de las personas de a pie.

Por ello, dado que la distancia geográfica me impide comprobarlo in situ, he decidido acudir a personas que viven en los Estados Unidos. Hombres y mujeres que están experimentando estos primeros días de la era Trump, desde un punto de vista personal y subjetivo, basado, obviamente, en su propia realidad, para tratar de aclarar(me) esas dudas.

En este sentido me ha llamado la atención el hecho de que algunos de los que he preguntado han recibido tal impacto con el acceso de Trump al despacho oval que han preferido no calentarse más con el tema. Es el caso de Yuri, antiguo compañero de tertulia radiofónica instalado desde hace unos años en diferentes ciudades de EEUU, que me dijo lo siguiente: “Tras el palo anímico que ha supuesto verle llegar a la Casa Blanca, no tengo cuerpo ni interés alguno en darle coba a este señor”. Una lástima no contar con las opiniones de este amigo.

Como decía, el golpe paralizador no sólo ha afectado al bueno de Yuri. Uge, periodista de Gernika que también lleva viviendo unos cuantos años en la costa Este americana (primero Nueva York, ahora Boston), también se ha mostrado consternado con la victoria del polémico candidato republicano. “Trump me descoloca la agenda a diario”, confiesa. Otro efecto de este nombramiento lo está viviendo a través de las reacciones de su hija de cuatro años: “Por lo pronto, mi hija mayor está aprendiendo de política. Dice que no le gusta Trump y que prefiere el otro”.

Además del amigo Uge, he tenido la suerte de contar con otros dos contactos que residen en la ciudad de Boston. Uno de ellos es la compañera y amiga Noelia, educadora social que reside en la mencionada urbe de la costa Este y que, atendiendo a sus respuestas, sí que parece que está empezando a vislumbrar consecuencias negativas en la era Trump. “Cambridge y Boston son ciudades refugio en las cuales las autoridades municipales no colaboran con la política de Trump. La respuesta del presidente ha sido comenzar a hacer redadas por parte de los de inmigración, especialmente pidiendo los papeles a ciudadanos que parezcan latinos. Esta comunidad está consternada y tiene miedo”.

El otro bostoniano que ha tenido a bien participar y contestar mis breves preguntas ha sido Jim, un hombre del rock, vendedor de electrodomésticos, de las afueras de la ciudad, con amigos en común conmigo y que, ojo, es el único de los participantes en este artefacto que se posiciona sin ambages del lado pro-Trump. “Sí, voté por él. Admito que en lo que lleva, ha cometido algunos errores pero creo que, en cuanto pase un poco de tiempo y con la ayuda de las personas adecuadas, estaremos bien”.

Además de Jim, he tenido la oportunidad de preguntar a otro estadounidense al respecto del que es su nuevo presidente. Al igual que Jim, el lazo común que me une con Seth es la música ya que toca en un grupo que ha actuado varias veces en España. Seth reside en una pequeña ciudad de Carolina del Norte llamada Mocksville. A diferencia de Jim, Seth es muy crítico con Trump y su gabinete. “Es incluso peor de lo que pensé que sería y eso que ya creía que iba a ser un maldito desastre.Trump no está interesado en nada más que ver noticias por cable, twittear y hacer reuniones de campaña”.

Con esta afirmación de Seth no coincide el último contacto que ha tenido a bien saciar mi curiosidad. En esta ocasión, se trata de un científico cordobés, Paco, que ha vivido casi veinte años en Washington DC y que, aunque ha regresado a España hace escaso tiempo, sigue con inusitada atención lo que ocurre al otro lado del Atlántico. “En realidad no ha sido algo inesperado, ya que sabíamos cómo se comportaba. La sensación que yo tengo es que Trump en lo primero que piensa es en sí mismo, después en sí mismo, y más después en sí mismo. Desde mi punto de vista es un narcisista patológico”.

Hechas las presentaciones y avanzados los posicionamientos previos de los encuestados, les insisto en el día a día. Qué ven, qué escuchan, qué perciben en este nuevo tiempo. Así, Noelia admite no haber tenido ningún problema, aunque sí cree haber notado malas caras en alguna tienda “porque, al hablar, mi acento me delata”. “Creo que los que tenían un posicionamiento negativo contra los inmigrantes se sienten más legitimados con Trump en el poder y ahora pueden expresarse de una manera más clara y directa en contra de ciertas personas en el país”. A pesar de ello, la compañera se consuela por vivir en Boston. “Por suerte, esta ciudad es demócrata y no estoy en Winsconsin o Texas, algo que modificaría seguramente mi relato”.

Por su parte, Jim, otro de los bostonianos del artículo, confiesa sentirse bien bajo el mandato de Trump. “Tengo la suerte de tener trabajo y eso me permite mantener a mi familia alejada de la política. Los que no votaron por Trump creen que esto es el fin del mundo. Pasó lo mismo durante los últimos ocho años con Obama. O sea, América y el mundo estarán bien”.

Como os decía al principio, hasta aquí llegó el texto que redacté sin pulir. A continuación, en un acto de generosidad, os dejo con algunos de los fragmentos destacados que, en mi opinión, me dejaron mis contactos. Los pego tal cual, sin mayor edición:

Noelia:

Las redadas se han dado mayoritariamente en el metro, cosa lógica porque aquí nieva y hace frío como para poder encontrar a mucha gente en la calle, en el metro es donde se concentra más gente. Aquí nos hemos manifestado y hay colectivos jóvenes que están empezando a expresar su disconformidad también de forma artística haciendo exposiciones con dibujos y pinturas reivindicativas.

Trump ganó porque aquí hay mucha gente que literalmente odia a Hillary y la alternativa ha sido para ellos lo menos malo, no lo bueno.

Además de eso se unen factores socioeconómicos como un cambio a nivel mundial del modo de producción. Las grandes empresas como General Motors, las del acero, etc, se han ido a pique porque actualmente hemos pasado de una sociedad industrial a una sociedad postindustrial pero esa gente que se ha quedado en paro no ha sabido como reciclarse ya que son zonas donde hay poco trabajo y además aquí estudiar es muy caro. Quieren una solución ya y en este hombre de negocios creen que pueden encontrar la solución a sus problemas.

Lo positivo de todo esto es que la ciudadanía se está moviendo y movilizando como nunca. Desde la lucha por los derechos civiles y las manifestaciones en contra de la guerra del Vietnam la gente no salía de esta manera a la calle. Eso es positivo porque hace que la gente ponga límites al poder, se una con sus semejantes en la comunidad por un mismo fin.

Uge:

En los sindicatos y las organizaciones de la sociedad civil hemos estado trabajando a destajo para parar la nominación de Andrew Puzder a la Secretaría de Trabajo, algo así como el Ministro de Trabajo de Trump. Un ejecutivo de restaurantes de comida rápida, opuesto a la subida del salario mínimo, que ha dicho que los robots son mejores empleados que las personas: “They’re always polite, they always upsell, they never take a vacation, they never show up late, there’s never a slip-and-fall, or an age, sex, or race discrimination case,” Puzder previously said in an interview with Business Insider.

Pararlo ha requerido un nivel de movilización en la calle que no se veía desde hace tiempo. Una pequeña victoria para el movimiento sindical en la era Trump.

Jim:

El mayor cambio con Trump será en los negocios. Con la relajación de las regulaciones y los recortes de impuestos las empresas empezarán a invertir dinero otra vez, empezarán a contratar gente y pagarán más impuestos, con los que podremos rebajar la deuda. Creo que su experiencia en los negocios se impondrá al final, aunque deberá rodearse de gente experimentada para llevar a buen puerto las gestiones del día a día.

(sobre las movilizaciones de buena parte de la población tras la investidura de Trump) Este es un país democrático y la gente ha hablado. No se vio nada parecido en los últimos 8 años con Obama… Hay un pequeño grupo que siempre empieza los disturbios, seguramente del bando perdedor. Nada justifica la violencia ni esta reacción ante unas elecciones que fueron ganadas de forma clara y legítima.

Trump ganó porque ofreció una alternativa frente a algo que no había funcionado durante mucho tiempo. La gente quería cambio.

Seth:

Trump y su “equipo” mentirán desde lo más pequeño a lo más importante, e incluso cuando se les presenta la evidencia de la verdad, simplemente dirán que es “noticia falsa” y continuarán mintiendo.

Su responsable de Educación está totalmente en contra de la educación pública y quiere que la educación religiosa obtenga dinero de los contribuyentes. Su jefe del Departamento de Protección Ambiental ha estado luchando contra todas y cada una de las regulaciones para ayudar a proteger el medio ambiente. Su Secretario de Estado es el ex jefe de Exxon que tiene profundos lazos con Rusia. Y las pocas políticas que ha intentado hasta ahora (una prohibición de que entren musulmanes en el país, nuevos oleoductos, retrocesos en la protección de los consumidores de Obama en los bancos) son increíblemente horribles. ¡Trump hace que George W. Bush se parezca a Franklin Roosevelt!

Su llegada al poder aún no me ha afectado personalmente, (más allá de enfadarme mucho, jajaja) pero si algunas de las cosas que él propone se cumplen, tendrán un efecto profundo en mucha gente por generaciones. Las personas pueden perder su atención médica, por ejemplo.

Casi todos los que conozco sienten que nuestro país está al borde de un precipicio. No creo que exageren. Trump se está comportando como un dictador y solo lleva en el cargo un mes. Está atacando a los medios, afirmando que cualquier noticia o encuesta que no sea positiva para él es mentira, que son “falsas”. Dijo que los medios son “el enemigo del pueblo estadounidense”. Este es el tipo de cosas que Stalin u otros dictadores hicieron. Y miente constantemente. ¿Cómo será en un año (si todavía está aquí)?

El medio ambiente será destruido, las personas perderán la atención médica, las grandes empresas tendrán un reinado libre para hacer lo que quieran sin consecuencias, y nuestras libertades civiles se verán erosionadas. Nuestras relaciones con nuestros aliados democráticos (los que quedan) se deshilacharán, y Estados Unidos podría aislarse en el mundo.

Paco:

Como yo, muchos no creímos que ganaría las primarias republicanas, y mucho menos la elección a presidente. Viendo lo visto, esto nos hace pensar que la política tradicional y sobre todo los políticos tradicionales no han sabido llegar a las personas. Esto se puede explicar por muchos factores: falta de empatía con las personas de a pie, corrupción a muchos niveles, endogamia, sensación de lejanía del representado de su representante, etc.

Por lo poco que he hablado con la gente que conocía en D.C. están preocupados, pero a la vez un poco esperanzados en que el sistema de poderes y contrapoderes americano funcione y la presidencia de Trump no llegue a ser algo realmente desastroso. Y ya lo hemos visto en como los tribunales han parado su decreto de prohibir la entrada a ciudadanos de 7 países. También en como la prensa ha forzado la dimisión de Michael Flynn como consejero de seguridad nacional por sus conversaciones con el embajador ruso siendo todavía presidente Obama.

Personalmente me preocupa la facilidad de él y de los que les rodean de decir mentiras sin el más mínimo rubor, la relación de admiración que tiene por una persona tan poco democrática como Vladimir Putin, su deseo de que la Unión Europea se desmorone, y su oratoria divisiva y excluyente. Las palabras pueden ser realmente dañinas. Me preocupa que inicie una carrera armamentística nuclear, deportación masiva, que no respete para nada los descubrimientos científicos en cosas tan importantes como el cambio climático.

Creo que Trump ganó, no porque se votará a él, sino que mucha gente votó anti-algo. Y ese algo estaba personificado en Hillary Clinton, una candidata del “stablishment”. Además Hillary Clinton no era tampoco una candidata que pudiéramos considerar excelente.

Su política creará más puestos de trabajo. Es posible. No sé. También tendrá que ver el resto de la situación económica mundial. Y me preocupa mucho las desigualdades que se puedan generar con su política. Pero para esto hay que dar más tiempo. En política internacional no sé que pasará. Con May en UK, y con la posibilidad de Le Pen ganar las elecciones presidenciales en Francia, y otros en Europa, junto con el deseo manifiesto de Putin de debilitar la Unión Europea, me preocupa mucho el futuro de los ciudadanos europeos.

Foto: Matt Johnson, vía Flickr (CC)

De la aldea global a la aldea globalizada

Hola, qué tal. Un pequeño rescate del marasmo, del agostamiento, del abandono al que he sometido a este espacio desde hace casi un mes. Pero tan pequeño que me limitaré a hacer un Ctrl+c, Ctrl+v de un post que escribí el pasado 2 de octubre para ser publicado en el blog de unas compañeras gallegas, 365 posibilidades, con motivo del Día Mundial de la Educación Social y de la iniciativa Carnaval de Blogs que, un año más (y van cinco), promueve la gente del Colegio de Educadores Sociales de Cataluña. En esta edición el tema propuesto era el de “Los retos de la educación social en tiempos de la globalización”. Artículo que, aún apoyado por mis amigos de Educablog, me costó pergeñar y que, admito, puede resultar, no sé, quizá un tanto redundante habida cuentas de otras piezas que pueda haber por ahí al respecto del tema en cuestión. O no, no sé. Lo dejo a vuestra consideración y no me enrollo más. A ver si en los próximos días regreso con más fuerza. Salud.

Tuvo que sonar bien aquello de Aldea Global. Imagino que, en su momento, el término acuñado por Marshall McLuhan en la década de los 60 se compraría por muchos activistas, interventores sociales y demás figuras como un eslogan a reivindicar, un lema que imprimir en camisetas y por el que pelear.

Desgraciadamente, el tiempo nos ha demostrado que aquella idea de globalización que podía desprenderse del citado término (basada, entiendo, en internacionalismo, solidaridad, interculturalidad, etc) acabó virando hacia un concepto más mercantilizado, más orientado al intercambio desde un punto de vista comercial, productivo… vaya, que pasamos de la aldea global al mercado global y dicho cambio dejaba de lado a la persona, sus ideas, sus derechos… cosificándolo todo, tecnificándolo todo, olvidándose de la cooperación, de la distribución de la riqueza, de la dignidad personal… y debilitando los estados del bienestar que con tanto esfuerzo se intentaron construir.

La ideología neoliberal, esa que tanto rehúye, precisamente, de las ideologías, absorbió o se apropió de la idea global dejando tras de sí un sinfín de estados-naciones-pueblos sin autonomía con la que gestionar las crisis sociales y económicas que nos han sacudido en las últimas décadas.

Y ahí estamos, las educadoras y educadores sociales… llorando la pérdida del lema o de la idea (supuestamente) primigenia de aldea global y capeando el temporal de consecuencias del mercado global; adaptándonos a esa jungla, a sus pobladores y a las formas inherentes al sistema (occidental), tratando que las víctimas sean las menos; aceptando (obligatoria o voluntariamente) las características que esta realidad (sí, esta realidad, la de ahora, la de ayer y, posiblemente, la de mañana) también ha traído a nuestra profesión: la persona es usuaria, dedicamos más tiempo a informes, diseñamos cada vez más herramientas científicas de último modelo made in UE, etc…

Y ahí estamos, adaptados queriendo desadaptarnos, en muchos casos, sin muchas posibilidades de conseguirlo. Sobreviviendo (metafórica y, desgraciadamente, en muchas ocasiones, literalmente) a estos tiempos que ya son unos cuantos y que, de una forma u otra, ya deberíamos conocer de sobra. Quizá, por ello, en realidad, ya estamos más que adaptados. Se puede decir, sin querer sonar peyorativo, que sí, que las educadoras y educadores sociales también formamos parte del sistema.

Dicho lo cual y aceptando que estamos dentro, algo se podrá hacer, ¿no? Perseguir ese utópico mantra universitario que nos decían en la carrera a finales del siglo XX basado en la transformación social… buscando ese cambio de paradigma (¿sería del técnico al crítico?) pero a sabiendas de que el enemigo (me disculpan el tono beligerante) es enorme… no, mejor: es GLOBAL.

La potenciación de la criticidad en estos tiempos en los que no da tiempo a ser crítico, por tanto, sería un punto de partida. OK. Reivindicar la identidad propia frente a la repetición, la fotocopia, el cliché alienante (me resulta curioso, me permiten el inciso, esta apuesta por una especie de defensa de lo individual cuando una de las cosas que más se ha renegado de la globalización ha sido, justamente, la individualización que traído, en detrimento de lo comunitario, concepto que, por otra parte, casaba muy bien con la idea de lo global, al menos semánticamente. Ya paro) OK. Trabajar por el empoderamiento de las personas, por la igualdad de las personas, por sus reconocimientos, poner en valor los grandes acuerdos en materia de derechos… OK, vale.

¿Cómo? Partido a partido, como el Cholo, siendo un partido un barrio, un aula, una casa, un centro cívico… ya saben, eso de mucha gente haciendo cosas pequeñas y tal… (lema Mr. Wonderful total, o sea, otra arenga absorbida por la máquina, por el mercado… me disculpan el nihilismo, please)

Habrá que reconocer que, según leo y escribo esto, me digo que más de lo mismo… o sea, son recetas que siempre he leído/escuchado (entre otras miles, claro)… son ideas que van en nuestro ADN profesional y que me llevan a preguntarme: ¿por qué no somos capaces de culminarlas, de llevarlas a la práctica?, ¿por estar dentro del sistema, como decíamos antes?, ¿hay que refundar el sistema?, ¿quizá, en su momento, pensamos, ingenuamente, que una conceptualización como la de aldea global encajaba perfectamente en el ideal que una educadora o educador social podía perseguir como meta final y eso ha conllevado una, digamos, pérdida de tiempo o aceptación parcial?, ¿cuándo empezamos a darnos cuenta de que esto no era así?

Igual no es cuestión de tiempo, si no de ritmo, de velocidad. Quizá los cambios (políticos, sociales, migratorios, culturales…) aparejados a la tendencia globalizadora, a ese paradigma nos han pasado por la derecha y, probablemente, ha sido muy difícil seguirles siquiera el rastro. O ellos muy rápidos o nosotras muy lentas, no lo sé.

Sea como fuere, por supuesto que habrá que seguir apostando por la persona, sus derechos, por la igualdad entre los seres humanos, etcétera, sin duda, y habrá que hacerlo como decíamos: piano piano, sin prisa pero sin pausa (a pesar de la ventaja que nos llevan), desde abajo, horizontalmente pero tirando para arriba… haciendo política, claro, etc… y deberíamos pensar, por qué no (quiero pensar que ya lo hacemos), en seguir ese itinerario valiéndonos, aprovechándonos y apoyándonos en algunos aspectos que nos ha traído el mercado global, sabiendo identificar las oportunidades que nos brinda, que también las hay: las herramientas de comunicación, avances científicio-técnicos (sí, también debemos apropiárnoslos sin olvidar que son sólo una herramienta y que debemos aprovecharlo para el bien común), la facilidad para configurar redes de apoyo mutuo, la posibilidad de nuevas vías de autofinanciación basada en el mecenazgo interpersonal, las facilidades para moverse, para desplazarse, nuevas formas de asociacionismo, la apertura a nuevos nichos (pequeño desliz mercadotécnico, perdón) o ámbitos de intervención, etc…

Los retos están ahí. Son enormes (globales), claro. Nos sacan mucha ventaja, sí. Pero, al final, siempre nos queda la artesanía, lo manufacturado frente al plástico; lo realizado con pasión frente a lo realizado desde la frialdad mercantilizada; iremos más lento pero perseguimos calidad versus cantidad; sigamos ese camino, sigamos resistiendo y buscando la manera de transformar las cosas. Precisamente la supervivencia del tercer sector y su autoconciencia son fuente de esperanza para la transformación, sin desdeñar, ojo, el riesgo de mercantilización del mismo. Continuemos, pues, con todas las trabas (adaptándonos también a ellas), anhelemos la idea de McLuhan que, digo yo, debió fascinar a nuestros predecesores y transformemos, por tanto, el mercado en aldea, la aldea de todos y todas.

#EdusoDay2017 – La Educación Social en la escuela

La Educación Social en la escuela. Pues dónde iba a ser si no, ¿no? Puede que haya mucha gente que desconoce nuestro curro que lo vea así. Pero la realidad nos dice que el ámbito o marco escolar no es, precisamente, uno en el que más integrada esté la labor de los educadores sociales. No, al menos, desde un punto de vista oficial, oficioso o de forma directa… o sea, no formamos parte de los organigramas de los institutos, no somos una figura que se pueda encontrar en el claustro o en los equipos pedagógicos de los centros, etcétera… sí intervenimos, en cambio, en la periferia de las aulas, trabajando con mucha chavalería un montón de aspectos, desde un montón de programas, etc… pero eso, desde fuera, sin pertenecer, por decirlo así, a la comunidad educativa.

Y, ¿saben qué? Personalmente considero que somos una profesión, las y los educadores sociales, que, en realidad, podríamos aportar un montón de cosas a dicha comunidad. Cosas que, me disculpan, no paso a enumerar a continuación. Primero, porque no ando con mucho tiempo y este es un post meramente informativo (en un momento la información en cuestión) o pretendía serlo antes de empezar a enrollarme; y segundo, porque en este artículo (Educadores sociales en la escuela para el desarrollo integral de la persona) del profesor de la Pere Tarrés, Jesús Vilar, se explican a las mil maravillas los servicios que podemos dispensar en un colegio o en un instituto.

Pero, como les decía, en realidad, venía a hablar de mi libro. Mi libro es un sarao que hemos organizado mis hermanos de EducaBlog, las compañeras y compañeros del CEESPV, con la inestimable colaboración del Ayuntamiento del pueblo, para el lunes de la próxima semana, 2 de octubre, fecha en la que se celebra el Día Mundial de la Educación Social, traducido al lenguaje tuitero como #EdusoDay2017. El acto en cuestión es una jornada que trata… pues eso: de la Educación Social en la Escuela.

Si queréis más información al respecto, os invito a visitar el post en educablog.es; si queréis consultar el programa, aquí abajo os dejo una imagen del mismo; si queréis asistir a esta jornada, podéis inscribiros en este enlace; si finalmente vais, también he de advertiros que, más o menos, la segunda parte del evento estará dinamizada por el que abajo firma. Y sí, sé que con esta advertencia puedo hacer reducir el número de asistentes.

Buenas noches.