[Listas Tontas] Los discos de la década

Me he enterado que se acaba la década porque la Rockdelux ha sacado un número especial con unas cuantas listas repasando estos 10 años. En serio. No era consciente hasta verlo. Y, claro, me ha hecho echar la vista atrás.

Esta década de los 10 o cómo se diga ha sido, posiblemente (y en este caso creo no pecar de cienfebrista), la más intensa de mi vida. O la más emocionante. No sé. Hablemos de fútbol, por ejemplo: nada más arrancar la década, va España y gana un mundial. ¡UN MUNDIAL!. Nunca había vivido algo así.Y también en este periodo ha sido en el que he vivido por primera vez, de forma plenamente consciente, caída y auge de mi equipo favorito: descenso a tercera y ascenso inmediato del Barakaldo CF en la siguiente temporada (años 2011 y 2012 respectivamente)

Asimismo, este segundo decenio del siglo XXI arranqué en un curro que acabó convirtiéndose en el que más años he pasado, hasta que inesperadamente me surgió otro trabajo, en el que ahora me hallo. Esta década ha sido en la que junto a mis amigos de EducaBlog hemos publicado tres libros, tres, nada más y nada menos, y también en la que consolidamos ese proyecto sobre la Educación Social en la red, si bien admitiré que últimamente está un poco de capa caída.

Aparte de todo eso, sin duda esta década ha estado marcada por dos hitos biológicos o personales: el fallecimiento de mis padres y el nacimiento de mis dos hijos. Este último hecho, como comprenderán, marca que no hayan sido estos últimos años los que más cine haya consumido, más libros haya leído o los que más conciertos haya presenciado, aunque tampoco puedo quejarme. Curiosamente, sí creo poder aseverar que ésta ha sido la década en la que más pasta me he dejado en libros y en discos, curiosamente cuando han acabado de implantarse totalmente las plataformas en streaming, las que, obviamente, también uso y también pago.

En cualquier caso, hablando de discos y volviendo a la publicación del mencionado especial de la Rockdelux he de decir que ¡hostia, no me siento representado!. Es como si, tomando como referencia los listados de dicha revista, no hubiese vivido estos diez años desde un punto de vista cultural. Me explico con números (y sólo refiriéndome a discos… de pelis, libros y cómics ya hablamos otro día): de los 50 discos nacionales que dice la Rockdelux que han sido los mejores de este segundo decenio, sólo tengo 8 en mi discoteca particular; del mismo modo, de la centena de referencias internacionales, coincido en 12. Es decir, de los 150 mejores discos de la década que va de 2010 a 2019 secundo veinte de ellos. Un 13,33%, si no he hecho mal los cálculos. O sea, que o soy muy poco moderno o muy ortodoxo o no estoy atento a lo que se cuece o yo qué sé.

Así, quizá por envidia o por querer reivindicar mis discos o porque me encantan las listas o por lo que sea, os dejo 40 discos favoritos (20 nacionales y 20 internacionales) de estos diez años. Todo muy yo, claro, aunque mañana mismo estas listas podrían cambiar de cabo a rabo. A ver en cuántos coincidís, va:

Diez discos nacionales:

20. WE ARE STANDARD: Great state
19. HOLA A TODO EL MUNDO: Estela castiza
18. LEÓN BENAVENTE: León Benavente
17. PERRO: Tiene bacalao, tiene melodía
16. CHARADES: Revolución solar
15. CORIZONAS: The News Today
14. FINO OYONARTE: Sueños y tormentas
13. ESPANTO: Rock’n’roll
12. DELOREAN. Subiza
11. TEMPLETON: El murmullo
10. KLAUS & KINSKI: Tierra, trágalos
9. SEÑOR CHINARRO: Presidente
8. AIRBAG: Manual de montaña rusa
7. BIZNAGA: Sentido del espectáculo
6. CAROLINA DURANTE: Carolina Durante
5. NOVEDADES CARMINHA: Juventud infinita
4. LOS PLANETAS: Zona temporalmente autónoma
3. SVPER: Pegasvs
2. JOSELE SANTIAGO: Transilvania
1. TRIÁNGULO DE AMOR BIZARRO: Salve discordia

Diez discos internacionales:

20. THE DRUMS: The Drums
19. JESUS & MARY CHAIN: Damage and joy
18. DIVINE COMEDY: Bang goes to the knighthood
17. IRON & WINE: Kiss each other clean
16. VETIVER: The errant charm
15. DJANGO DJANGO: Django Django
14. THE XX: Coexist
13. FLEET FOXES: Helplessness blues
12. THOSE PRETTY WRONGS: Those pretty wrongs
11. MY BLOODY VALENTINE: m b v
10. TEENAGE FANCLUB: Here
9. REAL ESTATE: Atlas
8. FATHER JOHN MISTY: I love you honey bear
7. DAVID BOWIE: Blackstar
6. ALLAH-LAS: Worship the sun
5. MICHAEL KIWANUKA: Home again / Kiwanuka
4. SUFJAN STEVENS: Carrie and Lowel
3. ROBYN HITCHCOCK: Robyn Hitchcock
2. ARCADE FIRE: The suburbs
1. PJ HARVEY: Let England Shake

La pasión es el olvido de uno mismo y usted no tiene otra preocupación que la de enriquecer su espíritu”. (La Montaña Mágica, de Thomas Mann)

Si la memoria no me falla, quien así se dirige a Hans Castorp, protagonista de la excelsa La Montaña Mágica, es Mynheer Peeperkorn, el hedonista personaje llegado casi al final del libro al sanatorio Berghof y que cautiva al joven Castorp.

La cuestión es que al leer ese breve fragmento, yo me sentí interpelado. Creo que define muy bien a un Cienfiebres. Un Cienfiebres no es alguien apasionado, aunque pueda parecerlo, aunque pueda sentir entusiasmo por cualquier cosa. Alguien apasionado es quien se vuelca totalmente en algo, quien se obsesiona con algo. Eso es demasiado para un Cienfiebres. Un Cienfiebres no profundiza, sino que se queda en la superficie, aunque no lo parezca.

Un Cienfiebres, volviendo a la frase de Peeperkorn, no se olvida de uno mismo. Un Cienfiebres es un tanto ególatra. Y no sé si suena grandilocuente y demasiado abstracto lo de enriquecer el espíritu, pero, en cierta forma, también lo compro.

Enriquecerse de experiencias, de relaciones, de actividades, de hobbies… si todo eso, entre otras cosas, conlleva el enriquecimiento espiritual, pues eso, que la alusión de Peeperkorn es perfecta.

De hecho, para quien haya leído La Montaña Mágica, resulta evidente que Hans Castorp es un Cienfiebres. Enseguida se suma, con reservas iniciales pero sin ambages a la peculiar vida de allá arriba. Se acostumbra y se adapta a la misma erigiéndose, con el tiempo (ese gran tema en la novela de Mann), en un veterano y experimentado paciente. Por si fuera poco, Castorp se adapta a un ambiente, a priori rutinario, gracias a enfebrecerse con diferentes temáticas: filosóficas, médicas, amatorias, naturalistas, deportivas, musicales… sin profundizar, creo yo, sin apasionarse en ninguna, aunque pueda parecerlo.

En fin, esta interpretación mía, esta analogía que establezco del gran personaje de Mann conmigo mismo puede resultar a quien esté leyendo ésto hasta un tanto patológica, pero no puedo evitar confesar que lo he sentido así y que el fragmento que encabeza esta entrada ha sido el detonante para escribir estas cuatro letras, para volver a darle al teclado en Cienfiebres y eso, tras casi cuatro meses sin hacerlo, no es moco de pavo.

[AUTOBOMBO] Entrevisto a Santiago Segurola para Histórico Barakaldo

“Ir con tu padre al fútbol siempre es lo mejor que le puede pasar a un niño. Es un día de fiesta“.

“Nunca comprendió, ni yo tampoco, porque había un sector en el Barakaldo anti Athletic”.

“Yo adoro Barakaldo pero recordar cómo creció y cómo el franquismo permitió que viviéramos en esas condiciones de hacinamiento, emanando gases, con una niebla tóxica de primer nivel… es tremendo”.

“Ya no es que importe muy poco lo poco importante sino que lo que siempre ha sido importante apenas interesa ya porque sólo interesan los dos equipos, el Barcelona y el Madrid, todo lo demás es como si no existiera o como si fuera una especie de folklore casi innecesario. Personalmente, es algo que no puedo soportar, pero digamos que ese régimen se corresponde con el régimen social actual, es decir, los ricos más ricos que nunca y los pobres más pobres que nunca”.

“El Barakaldo, el Sestao, el Portugalete, el Arenas, el Getxo… deben tener necesariamente una buena relación con el Athletic y el Athletic con esos clubs. El Athletic no debe ejercer ningún tipo de tiranía ya que va a vivir de ese caladero, por lo que la generosidad por ambas partes es necesaria, no sólo para el Athletic sino para todo el fútbol vizcaíno”.

“En cualquier caso, habría que articularlo bien, ser transparente, no mentir a la gente, decir la verdad, una estrategia de convocatoria para los hinchas, ser claros y transparentes en la gestión y, desde luego, deslindarse de cualquier movimiento buitre… y es que no podemos olvidar que el fútbol es muy goloso”.

Algunos ya sabréis que he colaborado, por tercera vez (las otras dos son ésta y ésta), en el nostálgico blog Histórico Barakaldo esta misma semana. En esta ocasión, he tenido la suerte de poder publicar una entrevista que pude realizar hace unas semanas al prestigioso periodista deportivo Santiago Segurola, toda una eminencia – al menos para mí – en dicho ámbito y un modelo al que imitar en lo que a plasmar por escrito reflexiones futbolísticas o de otras disciplinas hace referencia. Un gustazo, como digo, poder departir con Segurola sobre el club de mis amores, el equipo de fútbol del pueblo que nos vio nacer, a él y a mí.

Encima de estas líneas he destacado algunos fragmentos de la entrevista pero, obviamente, lo suyo es que acudáis a la fuente original para revisar la entrevista entera ya que, aunque no esté bien que yo lo diga, creo que quedó una pieza bonita e interesante. Podéis hacerlo pinchando aquí.

Desde aquí agradecer a los responsables de Histórico Barakaldo su invitación a participar en su espacio y, por supuesto, la predisposición de Santiago Segurola para contestar mis preguntas y pasar un rato charlando conmigo sobre el Barakaldo CF. Espero que os guste.

*Foto vía Mitos y Leyendas del fútbol – MENTIR

Tres discos para dinamitar una tarde burguesa

Iba a ser una tarde de sábado como Dios manda. Los niños acicalados. Nosotros arreglados pero sin grandes aspavientos. Una fina lluvia que no impediría que diésemos un paseo tranquilo por el pueblo. Un paseo de esos de pipas de calabaza, de gusanitos para el niño, de los de brazo de ella entrelazado con el mío. Sin grandes alharacas. De ir a tomar algo al bar de la calle peatonal: café, KAS de naranja, un mostito y a casa. Todo bien, anodino según se mire; lo propio, en realidad, a determinadas edades, en determinadas situaciones familiares. Planes de sábado de lo más común. Los que no vas a compartir en tus redes sociales para no dar imagen de carca. Todo así, como muy aburguesado. O no. Yo creo que es transversal a diferentes clases sociales. O sea, todo muy normal. Todo bien. Correcto. Hasta que me quise hacer con unos artefactos sonoros made in Baraka. Y esto cambió, al menos en mi febril mente, la fotografía.

En el tranquilo paseo sin rumbo fijo, nuestros pies acabaron en la calle Gipuzkoa. Veo que se entreabre la persiana del 15.000 Hops, garito dedicado a las cervezas artesanas y de una cada vez mayor raigambre entre los aficionados a dicha bebida del pueblo. Recuerdo que Anita, la de los Peleles y la de los Sinclairs, me dijo que ahí, en ese bar, podía hacerme con el EP de Los Retumbes, otro de sus proyectos musicales paralelos. Ni corto ni perezoso penetro en el garito y me llevo el último ejemplar disponible del dúo de rock primitivo. Esta repentina adquisición, me hace rememorar que hay otra referencia que tengo que recoger.

No quiero marear a la Dueña y a los herederos pero, dado que aún no nos habíamos asentado en ningún abrevadero, les sugiero que, mientras lo buscamos, nos pasemos por El Tubo para llevarme el último EP de los Dr. Maha’s Miracle Tonic. Que seguro que está cerrado, mujer, pero ya que vamos de paseo, pues pasamos por ahí. Y efectivamente, el templo del punk-rock de Barakaldo, de la margen izquierda y me atrevería a decir que de Euskadi, está cerrado pero a punto de abrirse ya que don David, acompañado de su moza, aparecen para empezar a preparar el antro para la noche. Saludos cordiales y para adentro. Mi primogénito decide acompañarme. La Dueña se queda fuera con el carro.

– Aita – inquiere Nicolás al llegar al garito – huele raro.

Sí, El Tubo huele raro. Huele a rock, hijo mío, le digo. A humo. A noche. Reímos y coincidimos en que quizá, dentro de unos años, le darán igual esos hedores. Quizá lo catastrófico pueda llegar a ser que desaparezcan. Sea como fuere, olores aparte, el crío se deleita cuando le enseñamos la colección de bufandas de fútbol que decora El Tubo. Y yo me llevo el EP de los Maha. Y pregunto por el fenómeno musical del momento, esos Campamento Rumano de los que todo el mundo habla. Y Kalbo, David, me dice que ahí le queda un ejemplar del disco, que me lo lleve. Y lo hago. Y más tarde me enteraré que Patxi se ha quedado sin él. Ya lo siento. Y salimos.

Y noto turbada la cara de mi señora, alejada del lugar donde la habíamos dejado. Tiene razones. Me dice que unos yonkis han aparecido cerca de ella y del bebé profiriendo, con el clásico tono elevado de estas personas, insultantes amenazas. No a ella, sino a alguien que no estaba ahí. El caso es que cuando ha escuchado no sé qué de rajar la cara con una botella ha decidido alejarse un poco de la escena, a la espera de que acabásemos de salir de El Tubo.

Y justo se pone a llover con más fuerza. Que nos volvamos ya para abajo, dice. Ni pipas de calabaza ni, ahora, brazo entrelazado. Ni tomar algo en una calle peatonal. A uno de los tugurios del barrio, a ver un rato un absurdo Huesca – Atlético de Madrid con unas cortezas de cerdo. Hay que ver. Con lo idílicamente clase-media que parecía todo al principio. La sensación de que ese plan familiar se ha distorsionado un poco se acrecienta al pinchar los tres discos. Y me da por apuntarme en un papel algunas de las imágenes de esa tarde. Para contarlo, aquí y ahora. Que, en realidad, no he contado nada, ya sé… pero siempre se puede intentar relatar episodios de lo más común y que parezca algo más emocionante, ¿no? La idea era, en verdad, animar a la audiencia a escuchar a los tres grupos que, indirectamente, dinamitaron la tarde y, ya ven, me ha salido hacerlo así. Espero no les importe. Ni a ellos ni a ustedes.

¿Has repetido?

Le volví a ver el otro día. Junto a una sucursal de una entidad financiera. De pie, sus labios pegados a un micrófono, tocando una guitarra española; en el suelo, la funda del instrumento para recolectar las monedas que la gente tenga a bien echarle por escuchar sus tonadillas.

Unas canciones sensibles, románticas, con letras típicas, evidentes. Glosas de cantautor enamorado o herido de amor, que es lo mismo. Versiones dulcificadas de temas clásicos de pop. Todo muy blanco, muy inofensivo. Inofensivo. Ya ves. Cualquiera diría que el autor de dichas interpretaciones fue el que hace un cuarto de siglo me desvió el tabique nasal de dos patadas en la cara.

No puedo evitar fijarme en él cada vez que le veo tocando su guitarra en la calle. A pesar de los golpes que me propinó y del miedo que me hizo pasar durante algunos fines de semana, no siento rencor, ni tengo ganas de venganza. En realidad, no me inspira casi ninguna emoción. Como mucho, se me dibuja una sonrisa en la cara pensando que verle me hace rememorar aquella tarde y, por tanto, me brinda la oportunidad de contarlo todo. Otra vez. Pero ahora por escrito y a un público potencialmente mayor.

Fue el fin de semana inmediatamente anterior a empezar 1º de BUP. Sentados en un banco de la “parti”, charlábamos tranquilamente cuatro amigos. De repente, un grupo de adolescentes, de, aparentemente, edades parecidas a las nuestras aparecieron a nuestro lado. Eran más. Nos doblaban en número. Rodearon el banco. Uno se sentó entre dos de nosotros y otros dos se pusieron enfrente, de pie. Uno de ellos se erigió en portavoz del grupo. El cantautor. El actual poeta urbano.

Comenzó diciendo cosas intrascendentes que no recuerdo bien para, a continuación, preguntar a qué colegio íbamos. En la sucesión de respuestas de mis tres amigos y de la mía propia, además de escuchar la de nuestro interlocutor, no caí en la cuenta, ingenua y desgraciadamente, que el futuro trovador estaba escolarizado en el centro enemigo al mío. Bueno, más bien el que recién acababa de abandonar para iniciar mi andadura en el instituto.

Precisamente, en relación al momento académico de los presentes, es cuando se desencadena el fatal desenlace. A la pregunta de en qué curso estábamos, todos respondemos 8º de EGB y/o, como era mi caso, a punto de empezar 1º de BUP. Nuestro divo, sin embargo, afirmó hallarse haciendo 6º. En vista de su aspecto físico, de sus dimensiones, de su porte, incluso de su forma de expresarse, mi mente supuso que esta incoherencia sólo podía deberse a algún desliz académico y, ni corto ni perezoso, inquirí: ¿HAS REPETIDO?

Se destapó la caja de los truenos. Mi interlocutor, el futuro romántico cantautor, en dos rápidos movimientos propios de un cinturón negro de karate, me cruzó la cara de dos precisos puntapiés. A ver, supongo que íbamos a cobrar de todas todas, estoy seguro de ello, de que venían a eso, pero, bobo de mí, le puse en bandeja de plata la oportunidad por el hecho de querer saciar mi curiosidad y por pecar de empático (¿en qué estaría pensando, maldita sea, en brindarle apoyo escolar para ayudarle a mejorar?) De hecho, no creo siquiera que se sintiese ofendido ante la pregunta “¿has repetido?”, pero, puestos a buscar una excusa para demostrar sus capacidades en lo que a artes marciales se refiere, pues eso, que se lo dejé a huevo. O sí, quién sabe, igual sí le molestó y, vaya usted a saber, igual ese fue el acicate que le llevó a sentarse a componer piezas tiernas y desnudas que, a día de hoy, comparte en la vía pública, tras, eso sí, descargar su furia sobre mi pituitaria.

Apéndice, dicho sea de paso, que empezó a sangrar profusamente tras recibir los impactos del proto-rapsoda y que hizo que, ante la visión de la hemorragia, el bardo y sus secuaces huyesen rápidamente, dejándonos a mí y a mis amigos, con un palmo de narices, nunca mejor dicho. Llorando y herido, subí a casa y mi hermano, alarmado al ver lo sucedido, salió como alma que lleva el diablo en busca de los atacantes, pero no logró darles alcance (si llega a alcanzarlos seguramente nuestro futuro artista habría cantado la Traviata) De hecho hoy es el día que ni siquiera me atrevo a decirle que el cantautor de la esquina, ese que interpreta temas tan vomitivamente edulcorados, es el que me mandó a San Eloy con la porra como un pimiento.

Ay. Me quedo un rato ensimismado, mirándole, escuchándole. Supongo que él supone que estoy prendado ante sus edulcoradas y diabéticas composiciones y parece que incluso se esmera más en rasguear su guitarra, en mejorar la entonación y el chorro de voz. Él, claro, no me reconoce. Imagino que sólo sería una víctima más de sus años de furia pre-adolescente. Le escucho pero no le escucho. Solo le veo, nos veo, en aquel banco de la particular, yo preguntando si había repetido y él elevando, cual Jean Claude Van Damme, su pierna para impactar en mi rostro. Por un momento, se me pasa por la cabeza echarle una moneda pero recordando lo susceptible que es el muchacho, me alejo de él con una sonrisa en la boca. A pesar de todo.

* La foto la he sacado de aquí, de un banco de imágenes libres de derechos y tal.