Egorecopilatorio Febril Estival 2018 – (y) VII

De la Ego Fiebre o categoría cajón de sastre-nasrcisista.

Y ahora sí, acabamos el Egorecopilatorio en su séptimo episodio atendiendo a otras muescas o rastros que deja este verano de 2018, el cuarto de Nico, el primero de Telmo, en este que escribe sin pensar en películas, fútbol, libros o discos.

¿Y a qué puedo hacer mención, pues, en clave cienfebrista? Pues al pueblo. Esa estancia de un mes en una localidad navarra, ribereña, el muncipio sesgado por la Variante (en la imagen), Azagra… ese pueblo al que, de cara a la galería, muestro cierto estupor o pesadez por pasar allí el grueso de mis vacaciones pero al que, en verdad, no sólo no me importa ir sino que, viendo a los pequeños, he de decir que me gusta ir, me gusta verles pasar allí sus veranos. En realidad, mi queja dirigida al pueblo debería centrarse más a ciertas rutinas instauradas en la estancia que parecen inamovibles. Por ejemplo, la piscina. No soy muy de piscina y entiendo que es la principal oferta de ocio ante las calurosas jornadas en la villa. Pero, copón, es el día de la Marmota teñido del azul de su agua y del verde de sus jardines. En fin, algo tendré que hacer para gestionar mejor estas repetitivas costumbres.

Por ejemplo, ir más al monte. Una actividad que siempre me ha encantado y que este verano he retomado en su versión más light (paseos por la peña adyacente al pueblo de una hora de duración y a una hora prudencial) y en su versión más hard: maravillosa subida al Moncayo.

¿Más? Fiestas. Salir, beber, el rollo de siempre. Y comer. Y volver a beber. Gran recuerdo me llevo de las fiestas de una localidad riojana, Quel, a la que fui invitado y en la que nos corrimos una farra muy interesante. Hablando de farra, gran recuerdo de la boda de los amigos David (ya saben, el autor de Imago) y Mariló. Gran recuerdo, insisto, aunque públicamente confesaré aquí que lo del soplar se me fue un poco de las manos… pero mejor dejemos ese tema.

¿Más? Búsqueda de aceras rugosas para las siestas de Telmo, siestas que NO HAN EXISTIDO EN TODO EL VERANO para Nicolás, para desdicha mía, fundamentalmente… y, en esas búsquedas, escuchar paredes, actividad que también habéis realizado un montón de amigos y amigas que seguís contribuyendo a engordar Paredes que Hablan, el blog ad hoc… y hacerlo con unas sandalias rollo turista alemán que me he comprado este verano… y hasta aquí.

Fin del egorecopilatorio estival. A ver si con estas siete entradas narcisistas y sin interés, desengrasamos un poco y me da por alimentar un poco más estas Cienfiebres. Hasta que llegue ese momento en el que me vuelva a sentar a darle a la tecla, besos y abrazos.

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Egorecopilatorio Febril Estival 2018 – VI

De la Libro Fiebre o categoría destinada a recopilar textos sobre libros.

Acabando casi este serial que es el Egorecopilatorio estival, creo reconocer en la lectura, en los libros, quizá la fiebre más importante. Puede responder, supongo, al hecho de que, en esta época del año, con más tiempo libre, siempre se pueden encontrar más momentos para leer. Sea como fuere, algunos títulos han caído, otros ahí los mantenemos, desde julio, y otros nombres aparecen para ser iniciados, para enfebrecernos en el futuro… ejemplos:

Muy emocionado con la lectura de “Hijos de fútbol” de Galder Reguera. Lo de emocionado es literal: se me saltaron las lágrimas casi al final; este verano me he acercado, por primera vez, a la obra de Michel Houllebecq. Lo he hecho a través de una de sus últimas novelas, “Sumisión“. Y, bueno, aunque por momentos resulta un poco, no sé, farragoso, me ha enganchado bastante su historia y sobre todo el personaje protagonista, su halo, sus actitudes… También han caído “El deseo de repetir” del escritor bilbaíno Yavéh M. de la Cavada (que me ha gustado bastante aunque tiene un tono, no sé, demasiado “generacional”) y un par de comics: “Los puentes de Moscú”, de Alfonso Zapico, y “Wilson”, de Daniel Cloves, que me ha entusiasmado.

Además, como decía en el episodio pop, sigo con el “Atardecer en Waterloo“, el libro dedicado a los Kinks (muy bueno por momentos aunque con sus dosis de excesos fruto de una exhaustiva arqueología en la vida y obra de la banda) y me he empezado un buen tocho, fruto de la vehemencia en su reivindicación del amigo Sera Sánchez y derivado de una lectura de una entrevista a su autor: “En defensa de la Ilustración”, de Steven Pinker. Asimismo, uno de los autores que más me enfebrecen, habiendo leído sólo un libro de él, es Manuel Chaves Nogales, del que sigo escarbando en artículos, programas de radio y que me ha llevado a iniciar otra de sus obras más aclamadas: “El maestro Juan Martínez que estaba allí” (en la imagen)

Egorecopilatorio Febril Estival 2018 – V

De la Fiebre Social o categoría en la que se recogen contenidos relacionados con la Educación Social, la política, el activismo, etcétera.

En las menciones a las exiguas referencias cinematográficas de este verano de hace unos días, decía que esa “Yo, Daniel Blake” servía de impulso a mi rol profesional, indisolublemente ligado a la vida personal. En ese sentido, creo que, además del cine, la realidad social nos sigue dando motivos para posicionarnos de una forma u otra. Por ejemplo, este verano, como muchos de los anteriores (pero no especialmente más éste por mucho que los haya muchos interesados en hacernos ver que sí es así), la llegada de migrantes a Europa vuelve a generar ríos de tinta, polémicas, generosidad, solidaridad, desprecio… en este caso, prefiero quedarme con las muestras de ayuda de algunas instituciones y de buena parte de la sociedad civil. Y, desde aquí, sólo queda difundir, por ejemplo, noticias como ésta que vienen a desmontar muchos de los mitos de los que algunos se valen para justificar su aporofobia.

Hablando de aporofobia, el término de Adela Cortina aparece en este estupendo reportaje que se emitió el pasado jueves 23 de agosto en el programa Hora 25 de la Cadena SER que versó sobre la pobreza, la solidaridad y demás. Casi que me veo en la obligación de insertarlo aquí para disfrute de alguien de la escasa audiencia de Cienfiebres.

Es más, me apoyaré en esta pieza (permítanme el autobombo) de cara a confeccionar un escrito que me he comprometido a hacer sobre Educación, Equidad Social y Políticas públicas para un libro al respecto de la Universidad de Barcelona. Propuestas y alianzas que surgen, ya ven ustedes, por una estancia prolongada en el pueblo. Guiño-guiño, Pablo.

Y ya que menciono por ahí la palabra política, pues hombre, no negaremos que el cambio de gobierno ha sacudido o nos ha generado bastantes tertulias este verano. No es cuestión ahora de ponernos a desmenuzar mucho de lo que el gabinete Sánchez está acometiendo. Grosso modo, lo resumiría en algunos bandazos y en mucho simbolismo. Actos que no sabes si están ahí por tapar determinadas cosas o porque, ¡qué concho!, porque se tienen que hacer. Uno de los ejemplos más claros, en ese sentido, tiene que ver con la exhumación de los restos de Franco. Muchos no lo ven como algo prioritario y otros muchos dicen que sólo sirve para reabrir heridas. Sólo diré que me parece que dejar de homenajear mediante un mausoleo a un dictador es algo que se tiene que hacer, pese a que muchos nunca verán un buen momento para ello, y que, personalmente, creo que las heridas no estaban cerradas precisamente o curadas, al menos, justo por la existencia de esos restos en ese siniestro lugar. Y ya.

Egorecopilatorio Febril Estival 2018 – IV

De la Fiebre Pop o categoría en la que recojo escritos sobre discos, canciones, conciertos y demás.

Los Kinks. Sin duda, la gran fiebre musical del verano. Le debo una Banda Sonora en Cienfiebres a la banda de los Davies. Pero esperaré a ello en el momento en que acabé “Atardecer en Waterloo”, la completa obra dedicada al grupo británico firmada por Iñaki García y Manuel Recio, principal detonante de la febrícula kink.

Stereolab. Porque sí, porque siempre están ahí. Porque les puedo escuchar de casualidad o no y, cuando eso sucede, me lleva a leer cosas sobre la banda, a buscar discos, singles, camisetas o pegatinas. Y eso ha pasado en varias ocasiones este verano que se nos va.

Tomorrow. Porque me reencontré con una canción alucinante (la del vídeo que encabeza esta entrada), como es “On a Saturday” de Keith West y la temperatura se elevó considerablemente, llevándome a enfebrecer con dicho artista y su banda, Tomorrow, etcétera.

Dan Penn. Porque el 6 de octubre esta figura del soul arribará en Bilbao. Y todo el mundo lo vive como un hito imperdible. Y allí estaremos. Pero, hasta este verano, más allá de que me sonase su nombre, yo desconocía la obra de este hombre, algo a lo que le hemos puesto remedio haciéndome con un CD con sus canciones en Fame, disco que, si duda, ha sido el que más hemos escuchado en el coche estas vacaciones.

Hablando de conciertos. No fui a My Bloody Valentine en Kobetamendi. Snif. Es lo que más me duele de todo lo que me haya podido perder este verano. Por ello, no sigamos por ahí. No negaré también, que me hubiera gustado disfrutar más del Festibar de Barakaldo. A ver si el año que viene me lo monto mejor. Y, por último, para un concierto que iba a ir, al de Liam Gallagher en Aranda de Duero, con lo que me costó organizarme el desplazamiento desde Azagra, en el momento de ir a coger la entrada, oh, agotadas. En fin. Esperemos resarcirnos, como ya he dicho, en el Soul 4 Real, en la cita de Dan Penn y los Masqueraders.

Egorecopilatorio Febril Estival 2018 – III

De la Fiebre Gol o categoría que recoge entradas relacionadas con el fútbol.

El Mundial ha sido determinante. Determinante, digo, para crear un monstruo. El monstruo, digo, es mi hijo mayor. Y el monstruo es balompédico. Sí, entre el mencionado campeonato y mi adoctrinamiento, hemos conseguido que el crío se obsesione con el fútbol. A ver, que no me alegra especialmente que el chico ahora sólo quiera jugar a fútbol, que reconozca todos los escudos de equipos de primera o que me inquiera a todas horas sobre futbolistas varios. No me alegra pero he de confesar que tampoco me entristece. Es decir, le cortaré un poco el vacilón, jugaré con él a otras cosas y tal, hablaremos de otros temas pero, en un rato, me bajo a comprarle un sobre de cromos.

Fruto del enfebrecimiento de mi primogénito, este verano conocimos a Pablo, monitor de un campus de Osasuna. Encantador. Dicharachero. Muy educador y educativo todo él. Hizo muy buenas migas con Nicolás, quizá por la vehemencia con la que el niño acudía a él diariamente mientras duró el campus en Azagra y monitores y participantes ocupaban las piscinas municipales unas horas (nuestro principal hábitat en este periodo) a hablarle, pues eso, de fútbol. Así, el último día, Pablo le regaló a Nicolás una pegatina con el escudo del equipo rojillo y un cromo de su hermano, futbolista profesional que hasta este año ha militado en la primera división. Hablando al respecto, esto es, de su hermano, su carrera y demás, se me despertó una bombillita de cara a rellenar algunas páginas del inútil cuaderno mencionado en el primer episodio de este serial. Una idea que, eso sí, llevará su curro: tratar de relatar la vida de muchos adolescentes o pre-adolescentes que por sus capacidades balompédicas tienen que salir de sus casas, de sus pueblos e integrarse en organigramas complejos, sin el apoyo y respaldo de su red familiar más cercana. Escuchar la historia del hermano de Pablo, lo mal que lo pasó en ese proceso, pues eso, me inspiró, si bien, seguramente, ya habrá quien haya hecho una pieza de esas características.

¿Más sobre fútbol este verano? Sí, claro. Nuestra larga estancia en el pueblo llegó a brindarme la oportunidad de ver algunos partidos de pretemporada de equipos de la comarca y del propio municipio. Que vaya cuelgue, me podrán decir por el hecho de tragarme partidos así. Y puede que no les falte razón pero, ¿saben? Hablando con la gente del pueblo observé que para ellos, acudir al fútbol cada domingo, a ver a su equipo, a los chavales de la villa o de municipios circundantes, era un espacio socializador y de ocio. Una actividad concebida para salir de la rutina, para echar un café, un pacharán, charlar con los compañeros y pasar dos horas agradables. Una concepción del fútbol caduca, primigenia, si quieren, que, como todos sabemos, se pierde entre anuncios, mercadotecnia, partidos de la liga española en EEUU y dinero, mucho dinero. De aquel fútbol popular, concebido para la gente del pueblo (literalmente) poco queda si sólo nos fijamos en el fútbol televisado, en el fútbol de relumbrón. Sin embargo, aún quedan, si queremos, esos clubs regionales, del pueblo y para el pueblo, en el que aquel concepto aún se mantiene.

Y el Baraka y el Liverpool, claro. No me extenderé. Del primero, que empieza – ya ha empezado – una nueva temporada en la que, la verdad, uno no está muy ilusionado ni con la plantilla que se ha confeccionado (ojalá y me tapen la boca con buen fútbol y buenos resultados) ni con el enrarecido ambiente que, desgraciadamente, sigue rodeando al club de mis amores. Y del Liverpool, que empieza – ya ha empezado – una nueva temporada en la que los de Klopp han arrancado dando continuidad a la sobresaliente campaña anterior de forma que las tres primeras jornadas se han saldado con victoria red y la puerta a cero, resultados que, de alguna forma, alivia, casi elimina, el escozor de la final de Champions.