[AUTOBOMBO] Ganador del #RelatoPanenka

Los volúmenes que aparecen en la foto vienen a engrosar mi biblioteca en lo que a temática futbolera se refiere. Sí, el balompié ha generado – y genera – muchos e interesantes títulos. Pero no vengo, en realidad, a hablar de literatura futbolera o de estos ejemplares en concreto. De hecho, los libros de la imagen me sirven de excusa para practicar el Autobombo, esto es, el aplaudirme a mí mismo por equis motivo. En este caso, comparto con la cada vez más exigua audiencia de Cienfiebres, el hecho de que, fíjense qué cosas, resulté ganador del concurso #RelatoPanenka que la magnífica revista de fútbol Panenka organiza cada año en Twitter con motivo del día del libro. ¿Y cómo participé? Pues eso, escribiendo un tuit, un pequeño relato adaptado al máximo de caracteres de la mencionada red social con el fútbol como temática. ¿Y qué escribí? Pues esto:

Y nada, que aunque ya difundí la noticia en otros espacios, tanto virtuales como presenciales, considero que no estaba de más traerlo aquí. Y, por supuesto, manifestar mi agradecimiento a los que consideraron que mi tuit era acreedor de dicho reconocimiento y mi ilusión por el premio y, sobre todo, por el hecho de que, aunque sea humilde, no deja de ser mi primera vez en esto de obtener un galardón por escribir una pequeña, muy pequeña, pieza de ficción.

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Niño adoctrinado y bebé volador: una personal y tardía crónica de la final de la Champions

Mañana se cumplirán dos semanas. Además de las del 27 de abril y del 31 de mayo, se colaba una fiebre el 26 de mayo. Una gorda y orejona. Y roja. La final de la Copa de Europa. No una cualquiera. La disputaban el Real Madrid y el Liverpool, un club muy querido, el inglés, en esta casa. Nuestro segundo equipo. Y uso la primera persona del plural porque mi primogénito es del Liverpool. Del Barakaldo y del Liverpool. Y sí, llámenlo adoctrinamiento.

Al tema. Jugaba el Liverpool contra el Madrid una final de la Champions. Fue nuestra primera final de la Champions juntos. Bueno, ha habido otras tres en medio pero entre que él era demasiado pequeño y que los conjuntos que las habían disputado en esos años nos daban un poco igual, no eran dignas de vivirse con fiebre. Esta sí. De ahí que, desde la mañana nos disfrazásemos. Nos enfundamos nuestras zamarras red para comprar fruta en el barrio y para ir al parque. El Kalbo fue de los primeros conocidos que nos vio de esta guisa. “Elegantes”, nos dijo. Luego unos amigos del parque, padre e hijo, merengues ellos. Sin camiseta blanca. Puyas recíprocas entre ambas parejas. De buen rollo, que los niños estaban delante.

Según avanza la jornada, empiezo a plantearme acudir con el crío a ver la final con los Bilbao Reds. La peña del Liverpool había preparado unos buenos fastos para presenciar el encuentro en un local de Santurtzi. Las dudas, claro, radican en cómo aguantará el niño los 90 minutos. Y en cómo estará el otro, el recién llegado a la familia. Y cómo estará su madre.

La ley de Murphy. El pequeño, hasta la fecha de autos un bendito, decide que ese día, ESE DÍA, EL DE LA FINAL, ESA TARDE, es la ideal para berrear, para tener cólicos, hambre constante, para llorar sin consuelo en cualquier postura, en cualquier habitáculo, en cualquier lugar… lo que sea. Nada le calma y las 20:45 se acercan peligrosamente. Descartamos opción Bilbao Reds, por tanto. La madre, por su parte, condescendiente y comprensiva ante nuestra (vale, mi) fiebre y pensando también en generar un ambiente más relajado para que se calme el bebé, concede que bajemos al bar de debajo de casa.

Lo hacemos corriendo. Nos aposentamos con Chasquis, patatas, caña de cerveza, batido de chocolate y ataviados con las casacas rojas casi cuando suena el pitido inicial. El Liverpool ha salido mejor. Presiona arriba. El Madrid parece descolocado. Desconcertado. Minuto 15 y el niño empieza a aburrirse. Le he bajado unos coches. “Juega, hijo”. Navas saca un buen disparo de Alexander Arnold. Necesito fumar pero me aguanto. Al lado, un tipo solitario parece querer ocultar una camiseta del Real Madrid que viste bajo un chaquetón. Le sonrío y le animo a que la enseñe. No me hace caso. Salah se lesiona o Ramos le lesiona, no sé, el caso es que no quiero volver a sonreír al tipo de al lado con la segunda o tercera equipación merengue de no sé qué temporada. El heredero me pregunta 700 u 800 veces qué le ha pasado a Salah, que por qué llora mientras que, al mismo tiempo, imita la caída del egipcio en el suelo del garito para disfrute de los parroquianos. Su camiseta del Liverpool se mancha con serrín y se le pegan varios sobres de azucarillos. Cinco minutos después de la desgraciada lesión de la figura red, se lesiona Carvajal. Me pido otra caña. Desde la salida del 11 y la entrada de Lallana, el Liverpool ha bajado. Ha sido un golpe psicológico muy duro. El Madrid ha olido sangre y ha crecido. Marcelo empieza a subir la banda. Ya no hay temor en la zaga blanca. Esto pinta mal. Aún así, los primeros 45 minutos acaban a cero. Salimos fuera. El crío juega con una perra y su amo y sus amigos le dan coba, momento que aprovecho yo para hacerme y fumarme un cigarro medio estrangis y para ver el móvil. Mensaje de la dueña: “no puedo más”. “Cariño, vamos para casa”. Él quiere seguir viendo el partido en el bar pero no le doy opción.

Los berridos del retoño se oyen desde la escalera. Sigue llorando desconsolado. Rojo, casi granate. “Se ha querido sumar a la fiesta red”, me digo. La gracieta no tiene gracia, ni siquiera en mi cabeza. Ella me lo pasa. El mayor se va con ella. Nos quedamos el bebé y yo. De pie, yo sin descalzar y aún con la camiseta de los scousers. Lo acuno como si preparara un Bloody Mary. Alcanzo el mando. Enciendo la televisión. El cachorro no me permite tomar asiento en el sofá. El mayor vuelve a la sala. Él sí se sienta frente al televisor. “Aita, ¿por qué lloraba Salah?”, pregunta. Otra vez. “Cariño, ha empezado la segunda parte”, trato de zanjar. De pie, paseando de un lado a otro en una sala oscura iluminada por el fulgor verde del estadio de Kiev que nos llega a través de los rayos catódicos, echando furtivas miradas al desarrollo del match. El grande vuelve a marchar con la madre que está tumbada en la cama.

Con el gol de Benzema, tras estratosférica cantada de Karius, el bebé casi vuela para, así, poder llevarme las manos a la cabeza. Con el empate de Mane, el bebé casi vuela para, así, poder elevar los brazos y saltar de alegría. Con el primer gol de Bale, el bebé casi vuela para, así, poder aplaudir el susodicho chicharro. Con el segundo tanto del galés, el bebé casi vuela para, así, poder enjugar mis lágrimas. Curiosamente, el pequeño decreta el final del partido. Tras el 3-1, cae dormido. Correcto. Apago la tele, lo llevo a la cuna, y marcho con el resto de la familia. Es mejor así. Me ahorro imágenes de celebraciones y demás.

No teman. Ningún menor salió herido en esta historia. Sigan con lo que estaban haciendo.

* La imagen, de aquí.

Telmo e Imago

Os lo advertí. Eran los dos nombres de 2018 y ya me lo están demostrando. Son mis principales fiebres en la actualidad.

El pasado 27 de abril llegó Telmo. Casi cuatro kilos de cachorro. Todo bien. Recordando qué era eso de acunar a un retoño a las dos de la mañana, trayendo de nuevo a nuestro vocabulario palabras como calostro o meconio… en esa onda. Pero todo bien. Encantados. Igual es que (¡ATENCIÓN, TOPICAZO!) con el segundo todo te lo tomas como más relajado y tal pero bueno…

El próximo 31 de mayo (el jueves que viene) llegará IMAGO. Bueno, en realidad, ya ha llegado, yo ya lo tengo, claro. Y mis compañeros de EducaBlog y David de Haro y algún que otro personajillo de la escena Eduso también, por supuesto. Pero su puesta de largo será como digo, el próximo jueves en la sala Bilborock, coincidiendo con el 31 aniversario de mi primera comunión.

No me extenderé más. Telmo e Imago, Imago y Telmo no me dejan demasiado tiempo para ello. Les dejo, eso sí, unas cuantas palabras redactadas cual nota de prensa para explicar a la gente que no lo sepa qué es eso de Imago (lo de Telmo no creo que haga falta) y me retiro a mis aposentos, no sin antes advertir de que es posible que haya más spam al respecto en las próximas jornadas y amenazando con nuevas y vibrantes bobadas para la abandonada audiencia de Cienfiebres.

EducaBlog plantea un imaginario gráfico de la Educación Social a través de IMAGO

“Acompañamos vidas mientras vivimos y en ese encuentro es imposible diferenciar quien sabe de quien no”. La cita, del Educador Social Asier Gallastegi, abre IMAGO, nuevo proyecto editorial de la plataforma EducaBlog (www.educablog.es) que verá la luz el próximo 31 de mayo y que, como en iniciativas anteriores, pretende acercar el mundo de la Educación Social a la ciudadanía.

En esta ocasión el formato elegido para tal cometido es un fotolibro de 56 páginas que recoge una colección de instantáneas realizadas por el fotógrafo David de Haro (Barakaldo, 1976) en las que aparecen reflejados tanto profesionales de la intervención social, como las personas objeto de dicha práctica, así como momentos, lugares y escenas que cartografían esta actividad.

Para el desarrollo de esta obra, se ha contado con la colaboración de un importante número de entidades que han abierto sus puertas al fotógrafo para indagar, a través de su cámara, las relaciones educativas entre ambas partes y para suscitar la reflexión y el debate en torno a la universalidad de esta práctica, proponiendo, además, un juego visual mediante el que el lector toma parte activa de cara a identificar(se) a los diferentes agentes implicados y a profundizar en las diferentes historias que las imágenes seleccionadas presentan.

Así, la colección de fotografías que componen IMAGO plantea un recorrido poético y onírico, de gran emotividad, que invita al espectador a implicarse para tratar de extraer sus propias interpretaciones al respecto de las vidas de sus protagonistas (Educadores y Educandos), en los diferentes ámbitos en los que la profesión del Educador Social está presente. Las fotografías se complementan, en la parte final del libro, con ocho páginas en las que tanto los responsables de EducaBlog como el resto de profesionales participantes en IMAGO contextualizan la obra a partir del feedback emitido tras la visualización de las imágenes. Además del propio contenido de la obra, el propio fotolibro en sí está diseñado y elaborado con materiales de la más alta calidad que dotan de valor al propio álbum en sí.

EducaBlog (www.educablog.es), espacio dedicado a la Educación Social, lleva trabajando en la visibillización de la misma desde 2006. Además de la web y de las redes sociales en las que está presente, sus responsables realizan acciones formativas relacionadas con las TIC y la intervención social con diferentes colectivos (Colegios Profesionales, alumnado de institutos de secundaria, alumnado del grado universitario de Educación Social etc… ), han realizado el documental “Conversando Educación Social: Proyecto EducaBlog” (2014), disponible gratuitamente en la plataforma Vimeo, el libro “EducaBlog 2006 – 2011: de la Red al Papel” (2011) en el que se recopilan los artículos más destacados escritos en el primer lustro de vida del blog y la colección de relatos “#EdusHistorias: un viaje por la Educación Social” (2015) en el que Educadoras y Educadores Sociales de todo el estado participaron aportando cuentos basados en sus experiencias profesionales.

David de Haro, por su parte, es un fotógrafo que ha dedicado la mayor parte de su trayectoria profesional al trabajo en medios de comunicación. En la actualidad, compagina la gestión de la promotora cultural Fotopop con una profundización en su vertiente más artística, formándose en el Centro de Fotografía Contemporánea de Bilbao, desarrollando trabajos personales en un registro más creativo y documental.

“IMAGO” se presenta en sociedad el jueves 31 de mayo, en un acto que arrancará a las 19:30 de la tarde, en la Sala Bilborock (Iglesia de la Merced, Mesedeetako Kaia, 1, Bilbao) y en el que intervendrán los miembros de EducaBlog, David de Haro, Loli Velasco, Fran Martinez (Asociación Aldaika) y Roberto Vidal Failde (Cáritas Diocesana) así como algunas de las personas participantes en este proyecto.

*La imagen que acompaña este texto es una de las piezas fotografiadas por David de Haro y que se pueden encontrar en el interior de IMAGO.

Interrogantes Suicidas

El caso es que la opción no era ni mucho menos la más fácil. ¡Joder! ¡Deberían intentar leer los escritos de esa gente que se ha suicidado! Empezamos con Virgina Woolf, y conseguí leer como dos páginas de ese libro sobre un faro, pero lo que leí me bastó para saber por qué se había matado: se había matado porque no sabía hacerse entender.

Es Jess, mi personaje favorito de ”En Picado” (Anagrama, 2006), última novela del británico Nick Hornby.

Este fragmento del monólogo de Jess me sirve para reflexionar un poco acerca de varias cuestiones, a saber:

El halo maldito que rodea a algunos escritores que atrae a los lectores. ¿Nos inspira más confianza el típico autor que vive solo, sin familia, que sufre problemas de alcoholismo y que, final y desgraciadamente, acaba pegándose un tiro en la sien?

¿Nos atraen los creadores que acaban suicidándose?, ¿creemos que vamos a encontrar en sus textos las claves que a nosotros nos sirvan para no acabar en una situación parecida?

¿Cuesta entender a estos narradores?, ¿entendemos sus mentes, sus almas o sus corazones, lugares de donde brota la prosa o la poesía madita que acaban plasmando?, ¿los vemos como un complicado y enrevesado bosque en el que la maleza impide ver la claridad y, por tanto, todo producto que surja de ahí será igual de enrevesado?

¿Nos acercamos a sus escritos por morbo?, ¿es todo una pantomima?, ¿no inspira más confianza un autor con una estructura de trabajo disciplinada y seria frente al caos de esos escritores malditos?

Pues estas son algunas de las cuestiones que me han surgido al leer la reflexión de Jess al acercarse a la literatura de autores fallecidos como consecuencia del suicidio. Por cierto, Jess inicia estas lecturas en el marco de su grupo de compañeros suicidas que pocas semanas antes han estado a punto de arrojarse de una azotea abajo.

* Este texto lo escribí en la Revista Literaria de la extinta editorial narrador.es en algún momento entre los años 2007 y 2011 o por ahí, no recuerdo bien.

El conato de respuesta, de nuevo, un mes después.

La periodista se dirige a mí buscando fuentes. Necesita una voz autorizada que pueda dar una opinión sosegada al respecto. Se me ocurren dos nombres. Me comprometo a consultarlos.

El primero de ellos me dice que no. No le apetece hablar en primera persona y, ni mucho menos, representando a la institución para la que trabaja. Es un tema demasiado delicado. No cree, de hecho, que la propia institución diese permiso para ello. El segundo nombre también rechaza participar. Comenta que el momento no es el más idóneo. Las emociones están a flor de piel. Quizá, comenta, dentro de un mes o así no haya problema.

Traslado ambas negativas a la periodista. Desde su rol entiendo que la alternativa de esperar un mes no le vale. Ella trabaja en/con/para/desde la actualidad. No pasa nada.

El mes está a punto de cumplirse. Efectivamente, ya no hay ruido. No hay debate público, ni runrún inmisericorde. Ya no hay conversaciones de bar al respecto. Tampoco en las fruterías o en las pescaderías. La actualidad va demasiado aprisa, más en estos tiempos. La realidad, en cambio, sigue ahí. Las potenciales fuentes del principio siguen trabajando con jóvenes, violentos o no. Quizá más cómodos ahora, cuando los chicos han dejado de ser noticia.

Muchas de estas educadoras sociales, de estos profesionales de la intervención social, sea cual sea su especialidad, son escépticos, a su vez, con las administraciones. Las mismas que se activaron en aquellos aciagos días pidiendo explicaciones, demandando medidas, solicitando ayuda a sus subalternos en la trinchera. El mencionado escepticismo responde a la sensación de que, en breve, todo volverá a estar igual que antes; en standby, a la espera, cruzando los dedos para que no vuelva a ocurrir algo que les ponga en el disparadero, en el foco de la actualidad, una actualidad que ofrecía preguntas, que pedía respuestas. Una actualidad que, por diferentes motivos, rehusaron.

Yo no me pude contener. El pasado 26 de enero escribí un texto en EducaBlog en el que analicé, también, a mi forma, de la manera más sosegada que pude, lo que estaba ocurriendo. Traté de responder a la actualidad, hecha carne en forma de interrogantes que me planteaban familiares y amigos. Un conato de respuesta sobre los desgraciados episodios violentos protagonizados por menores que sacudieron Bilbao durante días.

Casi un mes después lo traigo aquí. Para que no se nos olvide. Para que todos aquellos que nos activamos aquellos días seamos conscientes y no bajemos la guardia. Para que pese a que el tema en cuestión ha desaparecido de los encabezamientos a cuatro columnas y de los titulares de los telediarios, la gente sea consciente de que se sigue trabajando para que sucesos así no se repitan, pretendiendo incidir, de hecho, de nuevo desde un punto de vista periodístico, en que, quizá, también se podrían sacar noticias poniendo en valor ese trabajo sordo y oscuro que se realiza cotidianamente con carácter preventivo, un trabajo que también merece ser reconocido por la todopoderosa actualidad, aunque falten componentes morbosos que aumenten el número de clicks.

Si queréis, aquí está: Ya que me lo preguntas, querido… conato de respuesta sobre la violencia protagonizada por menores.