El conato de respuesta, de nuevo, un mes después.

La periodista se dirige a mí buscando fuentes. Necesita una voz autorizada que pueda dar una opinión sosegada al respecto. Se me ocurren dos nombres. Me comprometo a consultarlos.

El primero de ellos me dice que no. No le apetece hablar en primera persona y, ni mucho menos, representando a la institución para la que trabaja. Es un tema demasiado delicado. No cree, de hecho, que la propia institución diese permiso para ello. El segundo nombre también rechaza participar. Comenta que el momento no es el más idóneo. Las emociones están a flor de piel. Quizá, comenta, dentro de un mes o así no haya problema.

Traslado ambas negativas a la periodista. Desde su rol entiendo que la alternativa de esperar un mes no le vale. Ella trabaja en/con/para/desde la actualidad. No pasa nada.

El mes está a punto de cumplirse. Efectivamente, ya no hay ruido. No hay debate público, ni runrún inmisericorde. Ya no hay conversaciones de bar al respecto. Tampoco en las fruterías o en las pescaderías. La actualidad va demasiado aprisa, más en estos tiempos. La realidad, en cambio, sigue ahí. Las potenciales fuentes del principio siguen trabajando con jóvenes, violentos o no. Quizá más cómodos ahora, cuando los chicos han dejado de ser noticia.

Muchas de estas educadoras sociales, de estos profesionales de la intervención social, sea cual sea su especialidad, son escépticos, a su vez, con las administraciones. Las mismas que se activaron en aquellos aciagos días pidiendo explicaciones, demandando medidas, solicitando ayuda a sus subalternos en la trinchera. El mencionado escepticismo responde a la sensación de que, en breve, todo volverá a estar igual que antes; en standby, a la espera, cruzando los dedos para que no vuelva a ocurrir algo que les ponga en el disparadero, en el foco de la actualidad, una actualidad que ofrecía preguntas, que pedía respuestas. Una actualidad que, por diferentes motivos, rehusaron.

Yo no me pude contener. El pasado 26 de enero escribí un texto en EducaBlog en el que analicé, también, a mi forma, de la manera más sosegada que pude, lo que estaba ocurriendo. Traté de responder a la actualidad, hecha carne en forma de interrogantes que me planteaban familiares y amigos. Un conato de respuesta sobre los desgraciados episodios violentos protagonizados por menores que sacudieron Bilbao durante días.

Casi un mes después lo traigo aquí. Para que no se nos olvide. Para que todos aquellos que nos activamos aquellos días seamos conscientes y no bajemos la guardia. Para que pese a que el tema en cuestión ha desaparecido de los encabezamientos a cuatro columnas y de los titulares de los telediarios, la gente sea consciente de que se sigue trabajando para que sucesos así no se repitan, pretendiendo incidir, de hecho, de nuevo desde un punto de vista periodístico, en que, quizá, también se podrían sacar noticias poniendo en valor ese trabajo sordo y oscuro que se realiza cotidianamente con carácter preventivo, un trabajo que también merece ser reconocido por la todopoderosa actualidad, aunque falten componentes morbosos que aumenten el número de clicks.

Si queréis, aquí está: Ya que me lo preguntas, querido… conato de respuesta sobre la violencia protagonizada por menores.

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Gabinete Caligari: “Camino Soria”. Mi Banda Sonora.

“Son muy buenos. Empieza por G”. Una especie de cuestionario, de juego de concurso de preguntas y respuestas que yo le hacía a mi hermano mayor cuando yo rondaría la tierna edad de 9 años. Una contestación sencilla habida cuenta de que él, José, había inducido, sin pretenderlo, durante semanas, la propia respuesta: Gabinete Caligari.

El, por aquel entonces, nuevo disco de Jaime (de) Urrutia y compañía había sonado sin parar en el vetusto radio-cassette de casa. Y las loas y parabienes a ese “Camino Soria” eran el acompañamiento habitual a cada escucha. Y yo, influenciado por las opiniones de mis hermanos, secundaba. Me adhería a los halagos mientras imitaba a Urrutia, air-guitar incluída, usando el picaporte de la puerta de la sala como remedo del micrófono. Aprendiendo las canciones del mencionado álbum.

“Camino Soria” quedó relegado en mi adolescencia al marasmo. Quizá, al principio, lo escuchaba como podía escuchar el “Tren de largo recorrido” de La Unión, esto es, en la intimidad del hogar y sin admitir públicamente o entre mi círculo de amistades que lo hacía. No podía reconocer que me gustaba algo que le gustaba a mis hermanos. Aún más, con el pistoletazo de salida a mi melomanía, derivado por el advenimiento de aquello que fue el brit-pop, no podía abrazar un disco cantado en castellano, con bastantes guiños que yo entendía como folclóricos o con unos miembros, los de Gabinete, con un look que se alejaba muy mucho al de mis, por entonces, nuevos héroes.

A pesar de todo, “Camino Soria” me seguía pareciendo un discazo absoluto y ese sentimiento, esa certeza, me llevó a comprármelo en un momento en el que compraba cosas muy alejadas de ello. Ahí ya contaba con más años y empezaba a admitir, tímidamente, lo que me gustaba ese disco. Mi sorpresa fue cuando, en un determinado momento, empecé a conocer y coincidir con respetadas voces de mi entorno musical que también se jactaban de admirar a los Caligari.

Ahí, ya sí, eliminé el ‘guilty’ y me quedé exclusivamente con el ‘pleasure’. Pero, a pesar de ello, parecía que para ser verdaderamente pata negra, debía uno referirse a la época más oscura del conjunto madrileño, a sus trabajos previos en escuderías independientes, a su sonido más oscuro, más new wave. “Camino Soria”, en definitiva, seguía pareciendo, en determinados círculos y en cierta forma, menor por el hecho de que se editó en una major y porque triunfó comercialmente. O, al menos, eso me pareció percibir a mí.

Y sí, por ejemplo, ese “Cuatro rosas” previo es una jodida maravilla pero, no sé, creo que sigue lejos de “Camino Soria”. Y lo digo no sólo porque, en cierta forma, este trabajo haya formado parte de mi banda sonora personal y biográfica sino porque desde el tema que lo abre, los “Pecados más dulces que un zapato de raso” hasta la homónima canción que lo cierra, “Camino Soria”, todas y cada de las nueve son auténticas joyas, con magníficas historias detrás, perfectamente conjuntadas y musicadas. Una colección de canciones que hacen que para mí, el exitoso “Camino Soria” pueda/deba ser incluído en un top ten de los mejores discos españoles de la historia. En el mío, evidentemente.

Y sí, esto es Cienfiebres. Y ayer, 14 de febrero, salió a la venta “Camino Soria”, el libro, editado por Contra y escrito por el que fuera batería de la banda, Edi Clavo, ya presente en mi estantería. Hagan, por tanto, la cuenta para comprender lo escrito hasta aquí. De hecho, se me podría tachar de oportunista o facilón al sumarme hoy a una ola que se compone de muchas opiniones positivas de fans irredentos, advenedizos varios o personalidades volubles, como la mía. Es más, releyendo lo plasmado antes de darle a publicar, no creo salir bien parado en esta especie de confesión en la que me puedo llegar a presentar como una veleta que se ha movido según como soplase el viento, demasiado pendiente de las opiniones de los demás, siempre, quiero pensar, dentro de unas edades en las que esto puede llegar a ser lo más normal del mundo entre la mayoría de la gente. De hecho, mentiría si dijese que con este álbum ha sido la única vez en la que he bandeado. Qué va. Puede haber – hay – más vaivenes así.

Lo que sí digo, aquí y ahora, ya para acabar y como testimonio de ello queda este escrito que quedará perdido en la ingente e inabarcable red de redes, lo que sí sentencio, decía, es: no volveré a renegar de “Camino Soria”, por más que (no lo descarten) surjan voces en el futuro que lo vilipendien a raíz del libro de Clavo y la promoción del mismo, amén de la próxima reedición de lujo que va a salir, voces que buscan la distinción y que, en pos de ella, son igual de volubles que el abajo firmante. “Camino Soria” es un clásico atemporal e histórico, digan lo que digan.

Gracias, José.

Eso os pedimos, Buenacasa: dar un paso adelante.

Hacía mucho que no ponía nada de fútbol o, más bien, del Barakaldo por estos lares, a excepción hecha del post retrospectivo sobre el pasado centenario del club fabril a finales del pasado año. El caso es que hoy me llamado la atención este fragmento de la entrevista que el delantero gualdinegro, Sergio Buenacasa, ha concedido al diario El Correo (en la imagen):

“Creo que tendríamos que haber dado un paso adelante y no meternos tan atrás. Si tuviéramos más la posesión del balón y nos lanzásemos con más decisión a aumentar la diferencia, igual no nos pasarían estas cosas” (estas cosas = perder puntos en los últimos minutos)

Esas dos líneas destacadas, como decían, me han resonado especialmente. Por un lado, porque no sé si el punta zaragozano se refiere exclusivamente a lo del pasado domingo en Irún o al montón de puntos que se han perdido esta temporada en similares condiciones. Por otra parte, me pregunto si estas cosas (la gestión de los minutos finales) se trabajan en los entrenamientos y demás. Asimismo, la crítica que lanza Buenacasa en dicho fragmento, no sé si es “auto” o va dirigida al banquillo o a todos en general. Estaría bien saber, aunque la respuesta es de suponer, si esa actitud de ir “con más decisión a aumentar la diferencia” viene marcada desde el entrenador o parte a iniciativa de los futbolistas en función del devenir del partido.

Sea como fuere, lo que tienen que saber tanto jugadores como el señor Larrazabal, actual inquilino del banquillo de Lasesarre, es que la masa social del Barakaldo CF, en general, pide eso, es decir, ir a por los partidos sin titubear, sin echarse atrás con el marcador a favor o, al menos, saber gestionar las ventajas de otra forma que no sea la de encajar golpe tras golpe con la esperanza de que ninguno de ellos nos haga pupa. Una estrategia que, como digo, se ha puesto en práctica de forma casi generalizada en lo que llevamos de temporada, una estrategia que, en mi opinión, nos ha costado muchos puntos, puntos con los que, a buen seguro, ahora estaríamos en los puestos nobles que dan acceso a disputar el playoff de ascenso.

“¿Cómo será en un año (si todavía está aquí)?”. Trump: un mes (un año) entre nosotros.

“¿Cómo será Trump en un año (si todavía está aquí)?”. Seth se hacía esa pregunta hace aproximadamente unos 10 u 11 meses. Se la hacía, a modo de reflexión, contestándome a mí. Respondiendo a una serie de preguntas que lancé a unas cuantas personas residentes en los EE.UU. con motivo de la llegada al poder del histriónico personaje. El caso es que ayer, 20 de enero de 2018, se cumplió el año. Y sí: Trump sigue aquí, entre nosotros. Entre ellos, sobre todo.

Trump: un mes entre nosotros. Así había pensado titular aquello. La llegada a la Casa Blanca de Donald Trump ya había generado ríos de tinta y de bits semanas antes de su proclamación, desde que se supo que había ganado las elecciones e incluso antes. Dicha atención mediática (a nivel mundial) y las peculiares características que describían al mandatario, me llamaban poderosamente la atención, al menos desde el punto de vista de querer saber si ese eco y todo lo que le rodeaba, tenía reflejo en la percepción del día a día de personas residentes en dicho país. Por ello, tiré de algunos contactos que andan por allí y me planteé resolver esa duda. Darles un mes (o algo más) para ver qué me decían al respecto de la nueva era.

Como buen cienfebrista (bueno, siendo benévolo conmigo mismo, por falta de tiempo), todo quedó en agua de borrajas. A pesar de ello, hoy, en pleno primer aniversario de su investidura, he revisado mis borradores del ordenador y me he decidido a, por qué no, compartir en este espacio precisamente eso, ese borrador inicial sin finiquitar y, a continuación, algunos de los titulares que mis fuentes me dejaron al respecto y que, como digo, no acabaron en dicho documento. Os dejo con ello (y sí, ya sé que podía haber intentado acabarlo pero – odio decir esto – es lo que hay) recordando, como digo, que tanto lo escrito como lo recogido tiene en torno a 9 o 10 meses de antigüedad, es decir, no sé si dicho periodo podría haber alterado las impresiones de mis contactos.

El pasado 20 de enero de 2017, Donald J. Trump se convertía en el 45º presidente de los EE.UU. El multimillonario empresario y estrella de la televisión asumía un frío viernes de invierno el cetro de emperador mundial, lanzando un encendido discurso de tintes claramente nacionalistas que obtuvo réplicas ciudadanas en forma de marchas, manifestaciones y demás protestas.

A partir de ahí, la polémica no ha dejado de perseguir al mandatario a raíz de los decretos que ha firmado, de las leyes que trata de promulgar o los disparos que realiza a 140 caracteres desde la red social Twitter. Y esta polémica, esta continua actividad, ha generado un incansable seguimiento mediático y, por lo tanto, una presencia casi constante en la actualidad mundial durante este tiempo.

En este sentido, siempre he tenido la sensación, cuando se han producido grandes cambios políticos, que, a nivel cotidiano, no cambiaba nada. O, al menos, en el corto plazo. O sea, los cambios “macro” del recién llegado se producen y, efectivamente, pueden alterar muchas cosas pero, como decía, al menos mi día a día tampoco cambiaba tanto.

Claro que los cambios que yo he podido vivir en primera persona quizá no han sido para tanto o, dicho de otro modo, el sustituido y el sustituyente no diferían tanto entre sí. A lo mejor, cuando acabó el franquismo y se consolidó la democracia, ahí sí se notarían cambios en la calle, en los hogares, en las empresas… de forma inmediata. Digo yo.

Ese contraste entre el cambio político y la sensación de que la cosa no variaba tanto también se genera por el bombo que, normalmente, se le dan a esas permutas. Es decir, los periódicos, revistas, programas de televisión y demás generan (o en mí, al menos, lo consiguen) una expectación ante el cambio que luego no se corresponde con la realidad cotidiana y cortoplacista. Curiosidad o expectativa que, evidentemente, también se encargan de generar los propios candidatos.

A pesar de ello y volviendo al magnate estadounidense, su constante presencia mediática, sus polémicas decisiones, sus vehementes declaraciones, las movilizaciones y respuestas que está provocando, etcétera, lleva a preguntarme si, quizá, esta vez, de forma más evidente o inmediata y con la perspectiva que da el tiempo que lleva entre nosotros, se estará notando algo distinto en el día a día de la ciudadanía, de las personas de a pie.

Por ello, dado que la distancia geográfica me impide comprobarlo in situ, he decidido acudir a personas que viven en los Estados Unidos. Hombres y mujeres que están experimentando estos primeros días de la era Trump, desde un punto de vista personal y subjetivo, basado, obviamente, en su propia realidad, para tratar de aclarar(me) esas dudas.

En este sentido me ha llamado la atención el hecho de que algunos de los que he preguntado han recibido tal impacto con el acceso de Trump al despacho oval que han preferido no calentarse más con el tema. Es el caso de Yuri, antiguo compañero de tertulia radiofónica instalado desde hace unos años en diferentes ciudades de EEUU, que me dijo lo siguiente: “Tras el palo anímico que ha supuesto verle llegar a la Casa Blanca, no tengo cuerpo ni interés alguno en darle coba a este señor”. Una lástima no contar con las opiniones de este amigo.

Como decía, el golpe paralizador no sólo ha afectado al bueno de Yuri. Uge, periodista de Gernika que también lleva viviendo unos cuantos años en la costa Este americana (primero Nueva York, ahora Boston), también se ha mostrado consternado con la victoria del polémico candidato republicano. “Trump me descoloca la agenda a diario”, confiesa. Otro efecto de este nombramiento lo está viviendo a través de las reacciones de su hija de cuatro años: “Por lo pronto, mi hija mayor está aprendiendo de política. Dice que no le gusta Trump y que prefiere el otro”.

Además del amigo Uge, he tenido la suerte de contar con otros dos contactos que residen en la ciudad de Boston. Uno de ellos es la compañera y amiga Noelia, educadora social que reside en la mencionada urbe de la costa Este y que, atendiendo a sus respuestas, sí que parece que está empezando a vislumbrar consecuencias negativas en la era Trump. “Cambridge y Boston son ciudades refugio en las cuales las autoridades municipales no colaboran con la política de Trump. La respuesta del presidente ha sido comenzar a hacer redadas por parte de los de inmigración, especialmente pidiendo los papeles a ciudadanos que parezcan latinos. Esta comunidad está consternada y tiene miedo”.

El otro bostoniano que ha tenido a bien participar y contestar mis breves preguntas ha sido Jim, un hombre del rock, vendedor de electrodomésticos, de las afueras de la ciudad, con amigos en común conmigo y que, ojo, es el único de los participantes en este artefacto que se posiciona sin ambages del lado pro-Trump. “Sí, voté por él. Admito que en lo que lleva, ha cometido algunos errores pero creo que, en cuanto pase un poco de tiempo y con la ayuda de las personas adecuadas, estaremos bien”.

Además de Jim, he tenido la oportunidad de preguntar a otro estadounidense al respecto del que es su nuevo presidente. Al igual que Jim, el lazo común que me une con Seth es la música ya que toca en un grupo que ha actuado varias veces en España. Seth reside en una pequeña ciudad de Carolina del Norte llamada Mocksville. A diferencia de Jim, Seth es muy crítico con Trump y su gabinete. “Es incluso peor de lo que pensé que sería y eso que ya creía que iba a ser un maldito desastre.Trump no está interesado en nada más que ver noticias por cable, twittear y hacer reuniones de campaña”.

Con esta afirmación de Seth no coincide el último contacto que ha tenido a bien saciar mi curiosidad. En esta ocasión, se trata de un científico cordobés, Paco, que ha vivido casi veinte años en Washington DC y que, aunque ha regresado a España hace escaso tiempo, sigue con inusitada atención lo que ocurre al otro lado del Atlántico. “En realidad no ha sido algo inesperado, ya que sabíamos cómo se comportaba. La sensación que yo tengo es que Trump en lo primero que piensa es en sí mismo, después en sí mismo, y más después en sí mismo. Desde mi punto de vista es un narcisista patológico”.

Hechas las presentaciones y avanzados los posicionamientos previos de los encuestados, les insisto en el día a día. Qué ven, qué escuchan, qué perciben en este nuevo tiempo. Así, Noelia admite no haber tenido ningún problema, aunque sí cree haber notado malas caras en alguna tienda “porque, al hablar, mi acento me delata”. “Creo que los que tenían un posicionamiento negativo contra los inmigrantes se sienten más legitimados con Trump en el poder y ahora pueden expresarse de una manera más clara y directa en contra de ciertas personas en el país”. A pesar de ello, la compañera se consuela por vivir en Boston. “Por suerte, esta ciudad es demócrata y no estoy en Winsconsin o Texas, algo que modificaría seguramente mi relato”.

Por su parte, Jim, otro de los bostonianos del artículo, confiesa sentirse bien bajo el mandato de Trump. “Tengo la suerte de tener trabajo y eso me permite mantener a mi familia alejada de la política. Los que no votaron por Trump creen que esto es el fin del mundo. Pasó lo mismo durante los últimos ocho años con Obama. O sea, América y el mundo estarán bien”.

Como os decía al principio, hasta aquí llegó el texto que redacté sin pulir. A continuación, en un acto de generosidad, os dejo con algunos de los fragmentos destacados que, en mi opinión, me dejaron mis contactos. Los pego tal cual, sin mayor edición:

Noelia:

Las redadas se han dado mayoritariamente en el metro, cosa lógica porque aquí nieva y hace frío como para poder encontrar a mucha gente en la calle, en el metro es donde se concentra más gente. Aquí nos hemos manifestado y hay colectivos jóvenes que están empezando a expresar su disconformidad también de forma artística haciendo exposiciones con dibujos y pinturas reivindicativas.

Trump ganó porque aquí hay mucha gente que literalmente odia a Hillary y la alternativa ha sido para ellos lo menos malo, no lo bueno.

Además de eso se unen factores socioeconómicos como un cambio a nivel mundial del modo de producción. Las grandes empresas como General Motors, las del acero, etc, se han ido a pique porque actualmente hemos pasado de una sociedad industrial a una sociedad postindustrial pero esa gente que se ha quedado en paro no ha sabido como reciclarse ya que son zonas donde hay poco trabajo y además aquí estudiar es muy caro. Quieren una solución ya y en este hombre de negocios creen que pueden encontrar la solución a sus problemas.

Lo positivo de todo esto es que la ciudadanía se está moviendo y movilizando como nunca. Desde la lucha por los derechos civiles y las manifestaciones en contra de la guerra del Vietnam la gente no salía de esta manera a la calle. Eso es positivo porque hace que la gente ponga límites al poder, se una con sus semejantes en la comunidad por un mismo fin.

Uge:

En los sindicatos y las organizaciones de la sociedad civil hemos estado trabajando a destajo para parar la nominación de Andrew Puzder a la Secretaría de Trabajo, algo así como el Ministro de Trabajo de Trump. Un ejecutivo de restaurantes de comida rápida, opuesto a la subida del salario mínimo, que ha dicho que los robots son mejores empleados que las personas: “They’re always polite, they always upsell, they never take a vacation, they never show up late, there’s never a slip-and-fall, or an age, sex, or race discrimination case,” Puzder previously said in an interview with Business Insider.

Pararlo ha requerido un nivel de movilización en la calle que no se veía desde hace tiempo. Una pequeña victoria para el movimiento sindical en la era Trump.

Jim:

El mayor cambio con Trump será en los negocios. Con la relajación de las regulaciones y los recortes de impuestos las empresas empezarán a invertir dinero otra vez, empezarán a contratar gente y pagarán más impuestos, con los que podremos rebajar la deuda. Creo que su experiencia en los negocios se impondrá al final, aunque deberá rodearse de gente experimentada para llevar a buen puerto las gestiones del día a día.

(sobre las movilizaciones de buena parte de la población tras la investidura de Trump) Este es un país democrático y la gente ha hablado. No se vio nada parecido en los últimos 8 años con Obama… Hay un pequeño grupo que siempre empieza los disturbios, seguramente del bando perdedor. Nada justifica la violencia ni esta reacción ante unas elecciones que fueron ganadas de forma clara y legítima.

Trump ganó porque ofreció una alternativa frente a algo que no había funcionado durante mucho tiempo. La gente quería cambio.

Seth:

Trump y su “equipo” mentirán desde lo más pequeño a lo más importante, e incluso cuando se les presenta la evidencia de la verdad, simplemente dirán que es “noticia falsa” y continuarán mintiendo.

Su responsable de Educación está totalmente en contra de la educación pública y quiere que la educación religiosa obtenga dinero de los contribuyentes. Su jefe del Departamento de Protección Ambiental ha estado luchando contra todas y cada una de las regulaciones para ayudar a proteger el medio ambiente. Su Secretario de Estado es el ex jefe de Exxon que tiene profundos lazos con Rusia. Y las pocas políticas que ha intentado hasta ahora (una prohibición de que entren musulmanes en el país, nuevos oleoductos, retrocesos en la protección de los consumidores de Obama en los bancos) son increíblemente horribles. ¡Trump hace que George W. Bush se parezca a Franklin Roosevelt!

Su llegada al poder aún no me ha afectado personalmente, (más allá de enfadarme mucho, jajaja) pero si algunas de las cosas que él propone se cumplen, tendrán un efecto profundo en mucha gente por generaciones. Las personas pueden perder su atención médica, por ejemplo.

Casi todos los que conozco sienten que nuestro país está al borde de un precipicio. No creo que exageren. Trump se está comportando como un dictador y solo lleva en el cargo un mes. Está atacando a los medios, afirmando que cualquier noticia o encuesta que no sea positiva para él es mentira, que son “falsas”. Dijo que los medios son “el enemigo del pueblo estadounidense”. Este es el tipo de cosas que Stalin u otros dictadores hicieron. Y miente constantemente. ¿Cómo será en un año (si todavía está aquí)?

El medio ambiente será destruido, las personas perderán la atención médica, las grandes empresas tendrán un reinado libre para hacer lo que quieran sin consecuencias, y nuestras libertades civiles se verán erosionadas. Nuestras relaciones con nuestros aliados democráticos (los que quedan) se deshilacharán, y Estados Unidos podría aislarse en el mundo.

Paco:

Como yo, muchos no creímos que ganaría las primarias republicanas, y mucho menos la elección a presidente. Viendo lo visto, esto nos hace pensar que la política tradicional y sobre todo los políticos tradicionales no han sabido llegar a las personas. Esto se puede explicar por muchos factores: falta de empatía con las personas de a pie, corrupción a muchos niveles, endogamia, sensación de lejanía del representado de su representante, etc.

Por lo poco que he hablado con la gente que conocía en D.C. están preocupados, pero a la vez un poco esperanzados en que el sistema de poderes y contrapoderes americano funcione y la presidencia de Trump no llegue a ser algo realmente desastroso. Y ya lo hemos visto en como los tribunales han parado su decreto de prohibir la entrada a ciudadanos de 7 países. También en como la prensa ha forzado la dimisión de Michael Flynn como consejero de seguridad nacional por sus conversaciones con el embajador ruso siendo todavía presidente Obama.

Personalmente me preocupa la facilidad de él y de los que les rodean de decir mentiras sin el más mínimo rubor, la relación de admiración que tiene por una persona tan poco democrática como Vladimir Putin, su deseo de que la Unión Europea se desmorone, y su oratoria divisiva y excluyente. Las palabras pueden ser realmente dañinas. Me preocupa que inicie una carrera armamentística nuclear, deportación masiva, que no respete para nada los descubrimientos científicos en cosas tan importantes como el cambio climático.

Creo que Trump ganó, no porque se votará a él, sino que mucha gente votó anti-algo. Y ese algo estaba personificado en Hillary Clinton, una candidata del “stablishment”. Además Hillary Clinton no era tampoco una candidata que pudiéramos considerar excelente.

Su política creará más puestos de trabajo. Es posible. No sé. También tendrá que ver el resto de la situación económica mundial. Y me preocupa mucho las desigualdades que se puedan generar con su política. Pero para esto hay que dar más tiempo. En política internacional no sé que pasará. Con May en UK, y con la posibilidad de Le Pen ganar las elecciones presidenciales en Francia, y otros en Europa, junto con el deseo manifiesto de Putin de debilitar la Unión Europea, me preocupa mucho el futuro de los ciudadanos europeos.

Foto: Matt Johnson, vía Flickr (CC)

Cosecha 2017. El resto de MI 2017. Y Fin.

Pantomima Full. El procès. El vídeo de Silvia Charro e Iván Pérez. La equidistancia. Las Fake News. Trump. La turismofobia. La aporofobia (próximamente, espero, en EducaBlog). La crisis de los Rohinya. El fichaje de Neymar. El terrible atentado de Barcelona. El centenario del Baraka. Etcétera.

En el párrafo anterior, algunos de los hitos o noticias que así, a bote pronto, me sobrevienen pensando en estos doce meses que dejamos atrás. Y sí, me faltarán cosas y puede que, incluso, me sobren otras. Acontecimientos todos ellos que nos han rodeado a ti y a mí por estar a este lado del Atlántico o en esta parte de arriba del hemisferio.

Y si miro hacia mí mismo, si analizo el 2017 en un plano más personal, ¿qué veo? Pues lo que se deduce de esta mera acción: una cierta egolatría propia de mi perfil 7 en un eneagrama. Sí, ya lo digo en el “About” del blog, pero mi compañero, jefe y amigo Kepa me ha insistido este año en que uno de los rasgos que más me definen es la gula, el ansia por todo o, mejor, por muchas cosas; ahí están los discos, los libros, etc… que he listado estos días. Todo sin profundizar. No lo necesito. Mi pulsión es la propia gula en sí misma. Por eso Kepa me dice que le parece muy acertado lo de las cien fiebres.

Kepa. Kepa y Ana. Citarles es recordar que este año he vuelto a trabajar con ellos tras año y pico de paréntesis laboral. Paréntesis que empleé en currar en otro ámbito, en otras cosas, con otras gentes (MArije, Susana, Yolanda, Iratxe, Quique…) Pero he vuelto, en 2017, a la cooperativa.

También decía algo de ansia, equiparándola con la gula. De ansia o, mejor dicho, de ansiedades, algo he aprendido este año. A identificar sus síntomas, al menos. Me queda decidir si profundizo en ellas un poco más, tratando de adivinar sus orígenes o, como buen cienfebrista, me quedo, por el momento, ahí, en la superficie.

Las Cien Fiebres. Pues lo dicho: música, mucha. Discos, canciones, conciertos. Libros. Más cine que otros años (me congratulo por ello) Fútbol. Este año, además de mi filiación gualdinegra, me he hecho socio de los Bilbao Reds. También me he afiliado o adscrito de forma oficial con la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica.

¿Más? Bueno, no sé. He intentado escribir más en clave ficción. Inicié un conato de serial en el que me comprometía conmigo mismo a escribir una pieza semanal. Obviamente, no lo conseguí. Parece que me conocí ayer. Pero bueno, estoy contento con algunas de las cosas que surgieron (ahí las tienes, por si te apetece echar un vistazo) Desde ese planteamiento más ¿creativo, creador? (descojónense si quieren), he tenido algunas colaboraciones con otros blogs o medios (con Histórico Barakaldo, con Crónica Deportiva Sentimental y, además, he vuelto a la radio)

Y no sé. No sé qué más queréis que os diga en esta especie de retrospectiva egocéntrica del casi finiquitado 2017. A decir verdad, para escribir todo esto que habéis leído hasta ahora, he tenido que acudir al archivo del blog, a las redes sociales y a lugares en los que, de alguna forma, haya podido quedar registrada parte de mi actividad este año. Tengo mala memoria y estas herramientas me han ayudado. Supongo (bueno, no supongo, sé) que hay muchas más cosas que han dibujado esta decimoséptima anualidad del presente siglo en mi persona pero no me voy a preocupar más en hallarlas.

Para acabar, dos nombres. Estos dos los tenía en la cabeza desde el momento en que me senté a escribir este post. Los he querido dejar para el final porque, en realidad, son los dos nombres que preveo más van a protagonizar el próximo 2018, sobre todo uno de ellos. Imago (del que, en realidad, algo ya pueden saber porque es un proyecto que lleva dos años de andadura y parece que, por fin, va a fructificar en breve) y, sobre todo, Telmo. Este va a ser, sin duda, el nombre de 2018.

Queridos lectores de Cienfiebres, disfruten mucho y que tengan una muy feliz entrada de año. Un abrazo.