Tres discos para dinamitar una tarde burguesa

Iba a ser una tarde de sábado como Dios manda. Los niños acicalados. Nosotros arreglados pero sin grandes aspavientos. Una fina lluvia que no impediría que diésemos un paseo tranquilo por el pueblo. Un paseo de esos de pipas de calabaza, de gusanitos para el niño, de los de brazo de ella entrelazado con el mío. Sin grandes alharacas. De ir a tomar algo al bar de la calle peatonal: café, KAS de naranja, un mostito y a casa. Todo bien, anodino según se mire; lo propio, en realidad, a determinadas edades, en determinadas situaciones familiares. Planes de sábado de lo más común. Los que no vas a compartir en tus redes sociales para no dar imagen de carca. Todo así, como muy aburguesado. O no. Yo creo que es transversal a diferentes clases sociales. O sea, todo muy normal. Todo bien. Correcto. Hasta que me quise hacer con unos artefactos sonoros made in Baraka. Y esto cambió, al menos en mi febril mente, la fotografía.

En el tranquilo paseo sin rumbo fijo, nuestros pies acabaron en la calle Gipuzkoa. Veo que se entreabre la persiana del 15.000 Hops, garito dedicado a las cervezas artesanas y de una cada vez mayor raigambre entre los aficionados a dicha bebida del pueblo. Recuerdo que Anita, la de los Peleles y la de los Sinclairs, me dijo que ahí, en ese bar, podía hacerme con el EP de Los Retumbes, otro de sus proyectos musicales paralelos. Ni corto ni perezoso penetro en el garito y me llevo el último ejemplar disponible del dúo de rock primitivo. Esta repentina adquisición, me hace rememorar que hay otra referencia que tengo que recoger.

No quiero marear a la Dueña y a los herederos pero, dado que aún no nos habíamos asentado en ningún abrevadero, les sugiero que, mientras lo buscamos, nos pasemos por El Tubo para llevarme el último EP de los Dr. Maha’s Miracle Tonic. Que seguro que está cerrado, mujer, pero ya que vamos de paseo, pues pasamos por ahí. Y efectivamente, el templo del punk-rock de Barakaldo, de la margen izquierda y me atrevería a decir que de Euskadi, está cerrado pero a punto de abrirse ya que don David, acompañado de su moza, aparecen para empezar a preparar el antro para la noche. Saludos cordiales y para adentro. Mi primogénito decide acompañarme. La Dueña se queda fuera con el carro.

– Aita – inquiere Nicolás al llegar al garito – huele raro.

Sí, El Tubo huele raro. Huele a rock, hijo mío, le digo. A humo. A noche. Reímos y coincidimos en que quizá, dentro de unos años, le darán igual esos hedores. Quizá lo catastrófico pueda llegar a ser que desaparezcan. Sea como fuere, olores aparte, el crío se deleita cuando le enseñamos la colección de bufandas de fútbol que decora El Tubo. Y yo me llevo el EP de los Maha. Y pregunto por el fenómeno musical del momento, esos Campamento Rumano de los que todo el mundo habla. Y Kalbo, David, me dice que ahí le queda un ejemplar del disco, que me lo lleve. Y lo hago. Y más tarde me enteraré que Patxi se ha quedado sin él. Ya lo siento. Y salimos.

Y noto turbada la cara de mi señora, alejada del lugar donde la habíamos dejado. Tiene razones. Me dice que unos yonkis han aparecido cerca de ella y del bebé profiriendo, con el clásico tono elevado de estas personas, insultantes amenazas. No a ella, sino a alguien que no estaba ahí. El caso es que cuando ha escuchado no sé qué de rajar la cara con una botella ha decidido alejarse un poco de la escena, a la espera de que acabásemos de salir de El Tubo.

Y justo se pone a llover con más fuerza. Que nos volvamos ya para abajo, dice. Ni pipas de calabaza ni, ahora, brazo entrelazado. Ni tomar algo en una calle peatonal. A uno de los tugurios del barrio, a ver un rato un absurdo Huesca – Atlético de Madrid con unas cortezas de cerdo. Hay que ver. Con lo idílicamente clase-media que parecía todo al principio. La sensación de que ese plan familiar se ha distorsionado un poco se acrecienta al pinchar los tres discos. Y me da por apuntarme en un papel algunas de las imágenes de esa tarde. Para contarlo, aquí y ahora. Que, en realidad, no he contado nada, ya sé… pero siempre se puede intentar relatar episodios de lo más común y que parezca algo más emocionante, ¿no? La idea era, en verdad, animar a la audiencia a escuchar a los tres grupos que, indirectamente, dinamitaron la tarde y, ya ven, me ha salido hacerlo así. Espero no les importe. Ni a ellos ni a ustedes.

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Cosecha 2018. El pop.

Sin muchos preámbulos. Este año lo titulo así, con lo de “El pop” porque, más allá de los, para mí, mejores discos del año, quiero hacer otras distinciones. Y sin más… ni menos… aquí, como en otras de las millones de listas que han abundado durante este mes, se viene a aplaudir las selecciones o a vilipendiar la desfachatez de elegir equis álbum o ene canción, sin entrar en mayores disertaciones o argumentos. Así que no me extiendo, digo, extendiéndome.

Este año he vuelto a destinar una parte importante de mis ingresos a comprar discos en formato físico (CD y vinilo) Entre los editados durante estos casi finiquitados doce meses, he comprado un total de 24 referencias. Este criterio, el de la compra, es determinante para que aparezcan en esta lista ya que, en la mayoría de los casos, antes de comprarlos habían pasado el filtro de ser testados en plataformas de streaming, principalmente Spotify, aunque hay excepciones (discos comprados en conciertos – que me convencieron, claro – y cosas así) y, por tanto, han tenido su correspondiente fiebre y su consecuente suelte de gallina. De esos 24, mi top 10 del año sería:

10.- FATHER JOHN MISTY: God’s favorite customer
9.- SR. CHINARRO: Asunción
8.- HONEYBUS: For where have you been: The lost tracks
7.- SPIRITUALIZED: And nothing hurt
6.- THE JAYHAWKS: Back roads and abandoned motels
5.- DROPKICK: Longwave
4.- COOPER: Tiempo, temperatura, agitación
3.- PETE ASTOR: One for the ghost
2.- JOEL SARAKULA: Love Club
1.- FINO OYONARTE: Sueños y tormentas

Dado que han sido también unos cuantos los singles y EP’s editados este 2018 que han ido a parar a mi discoteca particular, me gustaría hacer mención a algunos de ellos en una pequeña lista:

1.- THE ANGLOS: Broke down piece of man/Four walls of gloom
2.- BELLE & SEBASTIAN: How to solve our human problems. (Part 1, 2, 3)*
3.- CANGREJUS: La elegancia entra en su casa
4.- JOHN’S CHILDREN: Desdemona
5.- CAROLINA DURANTE: Examiga

* la primera parte de la serie de tres EP’s de Belle & Sebastian en realidad se editó a finales de 2017.

En cualquier caso, desdeñar, en estos tiempos, el consumo virtual o digital de música sería una especie de incongruencia espacio-temporal. Por ello, por ahí tengo anotados (guardados) unos álbumes que me han gustado muchísimo y que, como digo, sólo he disfrutado, de momento, a través del Spotify, a la espera, eso sí, de que sus correspondientes ediciones físicas sean un poco más accesibles.

BETACAM: Mítico.
DANIEL ROMANO: Finally free
THE LIMIÑANAS: Shadow people
MGMT: Little dark age
STONE FOUNDATION: Everybody, anyone
TRIÁNGULO DE AMOR BIZARRO: El gatopardo
THE ESSEX GREEN: Hardly electronic

Del mismo modo que antes destacaba singles, es decir, formatos de corta duración, he tenido también mi lista de canciones favoritas de 2018 en el Spotify, canciones algunas que me han empujado a escuchar álbumes enteros y otras que he disfrutado sin necesidad de ampliar nada más… algunas de ellas…

THE FERNWEH: Timepiece
THE ESSEX GREEN: Sloane ranger
THE MAX MESSER GROUP: Free
FERNANDO ALFARO: Qué clase de animal
PECKER: Seremos parte del huracán
MIQUI PUIG: Raros
GRUFF RHYS: Frontier man
MILES KANE: Loaded
SUEDE: The invisibles

Lo curioso, en todo caso, es que, puestos a medir las horas escuchadas a lo largo del año, es más que probable que le haya dedicado más tiempo a artistas, bandas y discos pretéritos que a los coetáneos. No soy el único al que le pasa eso, estoy seguro. Al final, acabamos tirando de (nuestros) clásicos por hache o por be. Haciendo un poco de memoria sobre este 2018, citaré cuatro grupos (muy obvios en mi caso, como bien puede saber quien me conoce un poco en estas lides) que me han enfebrecido a raíz de aniversarios, libros, películas o por razones más insondables:

THE KINKS
STEREOLAB
EL NIÑO GUSANO – LA COSTA BRAVA – SERGIO ALGORA
PULP
COLIN BLUNSTONE
LA GRANJA
THE HONEYBUS

Y vamos acabando con una de mis actividades preferidas alrededor de la música: asistir a conciertos. Este año, por evidentes razones de índole familiar, no he podido disfrutar en número como a mí me hubiese gustado. De hecho, al 2019 le pido un poco más de tiempo para la música en directo… veremos si es posible… tres conciertos muy disfrutados de este 2018 que se nos va:

COOPER (Shake, 6 de enero, formato acústico)
DR. MAHA’S MIRACLE TONIC + SANTI CAMPOS + RUNAWAY LOVERS (Ambigú, 3 de febrero, fiesta V aniversario de los TwoBaskos)
DAN PENN + THE MASQUERADERS (Kafe Antzoki, 6 de octubre, Soul 4 Real)

Egorecopilatorio Febril Estival 2018 – IV

De la Fiebre Pop o categoría en la que recojo escritos sobre discos, canciones, conciertos y demás.

Los Kinks. Sin duda, la gran fiebre musical del verano. Le debo una Banda Sonora en Cienfiebres a la banda de los Davies. Pero esperaré a ello en el momento en que acabé “Atardecer en Waterloo”, la completa obra dedicada al grupo británico firmada por Iñaki García y Manuel Recio, principal detonante de la febrícula kink.

Stereolab. Porque sí, porque siempre están ahí. Porque les puedo escuchar de casualidad o no y, cuando eso sucede, me lleva a leer cosas sobre la banda, a buscar discos, singles, camisetas o pegatinas. Y eso ha pasado en varias ocasiones este verano que se nos va.

Tomorrow. Porque me reencontré con una canción alucinante (la del vídeo que encabeza esta entrada), como es “On a Saturday” de Keith West y la temperatura se elevó considerablemente, llevándome a enfebrecer con dicho artista y su banda, Tomorrow, etcétera.

Dan Penn. Porque el 6 de octubre esta figura del soul arribará en Bilbao. Y todo el mundo lo vive como un hito imperdible. Y allí estaremos. Pero, hasta este verano, más allá de que me sonase su nombre, yo desconocía la obra de este hombre, algo a lo que le hemos puesto remedio haciéndome con un CD con sus canciones en Fame, disco que, si duda, ha sido el que más hemos escuchado en el coche estas vacaciones.

Hablando de conciertos. No fui a My Bloody Valentine en Kobetamendi. Snif. Es lo que más me duele de todo lo que me haya podido perder este verano. Por ello, no sigamos por ahí. No negaré también, que me hubiera gustado disfrutar más del Festibar de Barakaldo. A ver si el año que viene me lo monto mejor. Y, por último, para un concierto que iba a ir, al de Liam Gallagher en Aranda de Duero, con lo que me costó organizarme el desplazamiento desde Azagra, en el momento de ir a coger la entrada, oh, agotadas. En fin. Esperemos resarcirnos, como ya he dicho, en el Soul 4 Real, en la cita de Dan Penn y los Masqueraders.

Gabinete Caligari: “Camino Soria”. Mi Banda Sonora.

“Son muy buenos. Empieza por G”. Una especie de cuestionario, de juego de concurso de preguntas y respuestas que yo le hacía a mi hermano mayor cuando yo rondaría la tierna edad de 9 años. Una contestación sencilla habida cuenta de que él, José, había inducido, sin pretenderlo, durante semanas, la propia respuesta: Gabinete Caligari.

El, por aquel entonces, nuevo disco de Jaime (de) Urrutia y compañía había sonado sin parar en el vetusto radio-cassette de casa. Y las loas y parabienes a ese “Camino Soria” eran el acompañamiento habitual a cada escucha. Y yo, influenciado por las opiniones de mis hermanos, secundaba. Me adhería a los halagos mientras imitaba a Urrutia, air-guitar incluída, usando el picaporte de la puerta de la sala como remedo del micrófono. Aprendiendo las canciones del mencionado álbum.

“Camino Soria” quedó relegado en mi adolescencia al marasmo. Quizá, al principio, lo escuchaba como podía escuchar el “Tren de largo recorrido” de La Unión, esto es, en la intimidad del hogar y sin admitir públicamente o entre mi círculo de amistades que lo hacía. No podía reconocer que me gustaba algo que le gustaba a mis hermanos. Aún más, con el pistoletazo de salida a mi melomanía, derivado por el advenimiento de aquello que fue el brit-pop, no podía abrazar un disco cantado en castellano, con bastantes guiños que yo entendía como folclóricos o con unos miembros, los de Gabinete, con un look que se alejaba muy mucho al de mis, por entonces, nuevos héroes.

A pesar de todo, “Camino Soria” me seguía pareciendo un discazo absoluto y ese sentimiento, esa certeza, me llevó a comprármelo en un momento en el que compraba cosas muy alejadas de ello. Ahí ya contaba con más años y empezaba a admitir, tímidamente, lo que me gustaba ese disco. Mi sorpresa fue cuando, en un determinado momento, empecé a conocer y coincidir con respetadas voces de mi entorno musical que también se jactaban de admirar a los Caligari.

Ahí, ya sí, eliminé el ‘guilty’ y me quedé exclusivamente con el ‘pleasure’. Pero, a pesar de ello, parecía que para ser verdaderamente pata negra, debía uno referirse a la época más oscura del conjunto madrileño, a sus trabajos previos en escuderías independientes, a su sonido más oscuro, más new wave. “Camino Soria”, en definitiva, seguía pareciendo, en determinados círculos y en cierta forma, menor por el hecho de que se editó en una major y porque triunfó comercialmente. O, al menos, eso me pareció percibir a mí.

Y sí, por ejemplo, ese “Cuatro rosas” previo es una jodida maravilla pero, no sé, creo que sigue lejos de “Camino Soria”. Y lo digo no sólo porque, en cierta forma, este trabajo haya formado parte de mi banda sonora personal y biográfica sino porque desde el tema que lo abre, los “Pecados más dulces que un zapato de raso” hasta la homónima canción que lo cierra, “Camino Soria”, todas y cada de las nueve son auténticas joyas, con magníficas historias detrás, perfectamente conjuntadas y musicadas. Una colección de canciones que hacen que para mí, el exitoso “Camino Soria” pueda/deba ser incluído en un top ten de los mejores discos españoles de la historia. En el mío, evidentemente.

Y sí, esto es Cienfiebres. Y ayer, 14 de febrero, salió a la venta “Camino Soria”, el libro, editado por Contra y escrito por el que fuera batería de la banda, Edi Clavo, ya presente en mi estantería. Hagan, por tanto, la cuenta para comprender lo escrito hasta aquí. De hecho, se me podría tachar de oportunista o facilón al sumarme hoy a una ola que se compone de muchas opiniones positivas de fans irredentos, advenedizos varios o personalidades volubles, como la mía. Es más, releyendo lo plasmado antes de darle a publicar, no creo salir bien parado en esta especie de confesión en la que me puedo llegar a presentar como una veleta que se ha movido según como soplase el viento, demasiado pendiente de las opiniones de los demás, siempre, quiero pensar, dentro de unas edades en las que esto puede llegar a ser lo más normal del mundo entre la mayoría de la gente. De hecho, mentiría si dijese que con este álbum ha sido la única vez en la que he bandeado. Qué va. Puede haber – hay – más vaivenes así.

Lo que sí digo, aquí y ahora, ya para acabar y como testimonio de ello queda este escrito que quedará perdido en la ingente e inabarcable red de redes, lo que sí sentencio, decía, es: no volveré a renegar de “Camino Soria”, por más que (no lo descarten) surjan voces en el futuro que lo vilipendien a raíz del libro de Clavo y la promoción del mismo, amén de la próxima reedición de lujo que va a salir, voces que buscan la distinción y que, en pos de ella, son igual de volubles que el abajo firmante. “Camino Soria” es un clásico atemporal e histórico, digan lo que digan.

Gracias, José.

Cosecha 2017. Los discos.

En las canciones, mis canciones, mis favoritas de 2017 que os presenté el otro día, no jerarquicé. Podría haberlo hecho, sí, pero no lo hice. No sé si me pudo una especie de gula o premura por publicar. De hacerlo antes que la Navidad nos pille de lleno y la gente ya no presté atención a las millones de listas que se están publicando en estos días. O quizá fue, simplemente, porque me costaba hacerlo, me costaba distinguirlas, teniendo en cuenta, además, que, de alguna forma, quedarse con diez de 172 ya supone una clasificación. Bueno, el caso, en todo caso, es que hoy, con los discos, planteo una disposición típica del 10 al 1, siendo 10 el mi décimo disco favorito del año y el 1, pues eso.

Mucho rollo, amigos, para introducir mi Cosecha 2017 en forma de discos. Y más rollo, claro, el que os viene a continuación pero sé que lo estabais esperando… Con ello os dejo, con mis diez álbumes favoritos de estos doce meses:

10.- LOS PLANETAS: “Zona temporalmente autónoma”. Igual me traiciona mi condición de fan de J y cía. Nada sorprendente para quien me conozca. Pero más allá de ser seguidor declarado de Los Planetas, su nuevo disco, “Zona temporalmente autónoma” nos ha devuelto, en mi opinión, lo mejor de los granadinos. Sólo por “Islamabad” o “Espíritu Olímpico” se merecen estar aquí. Recordad, en todo caso, que esto va de fiebres, de cienfiebres, y esta, desde un punto de vista histórico-biográfico, (casi) siempre merecerá un hueco en mis cosechas anuales.

9.- THE LUNAR LAUGH: “Mama’s Boy”. La dosis de sol de la costa Oeste de 2017, de pop de guitarras delicioso, de folk-pop pluscuamperfecto, etcétera. Vaya disco más bonito es “Mama’s boy”, joder. No queda otra que agradecer a Pedro Vizcaíno y su sello You are the Cosmos esta labor por descubrirnos cotidinamente la belleza en forma de canción redonda. “Mama’s Boy”, insisto: ¡Qué cosa más bonita! De esos discos de darle al “repeat” en varias canciones. De esos discos que le gustan a la dueña y que me pide que vuelva a poner en el coche. ¡Qué cosa más bonita!, insisto.

8.- LAS KASETTES: “Bajo el sol”. Me llamaron la atención con el maravilloso cover que hacen del tema de Elia y Elizabeth “Ponte bajo el sol”. Pero me escuché el disco entero y me conquistaron absolutamente. Si alguien organiza una fiesta o un picnic musicado, por favor, que pinchen el LP o, directamente, que las contraten para actuar. Maravillosas.

7.- SLOWDIVE: “Slowdive”. ¡Viva el Shoegazing! ¡Viva Creation Records! ¡Vivan los Slowdive! Una banda favorita que ha regresado este año con nuevos temas después de que su última referencia date del año 1995, o sea, 22 años. Y regresan con un señor disco, de aire oscuro, introspectivo y atmosférico, intenso, con deje experimental, que contiene, por otra parte, una señora canción prototípica, “Star roving”, para los que somos fans, en definitiva, de las bandas que se miran los pies al tocar y que editan para Creation. Putos amos.

6.- HAVOC: “Amado líder”. Cienfebrismo, sí. Los donostiarras se llevan el dudoso honor de componer uno de los mejores discos de 2017 para un Cienfiebres por una sencilla razón: porque me han proporcionado un chute de nostalgia (ese sentimiento que tanto nos gusta a todos por mucho que algunos se empeñen en negarlo) pielgallinesca. Escuchando “Amado líder” me he retrotraído a una época en la que el “Tejido de felicidad” era uno de los discos que más escuchábamos en la lonja; un momento en el que pagué una pasta por el “Sensazione” de Flow; días en los que nos íbamos a Basauri (cuando nadie tenía coche ni había metro) para ver, junto a cuatro pelagatos más, a La Habitación Roja; o me recuerda el bolo de Los Planetas en el Azkena de Vitoria y la brutal farra que nos corrimos esa noche o el de Sexy Sadie en Sopelana y tres cuartos de lo mismo; o me hace revivir como le insistía a Ana para que escuchase “Evolution” de Mercromina; o cómo quemé aquel recopilatorio llamado “Ruido” con, supuestamente, los grupos del momento de esa etiqueta que entonces era mucho y ahora no es más que algo manoseado hasta la extenuación llamada Indie… pues eso, Havoc han conseguido hacer que sienta algo como lo que sentía hace veinte años (y alguno más) y eso ya ha sido la hostia.

5.- JOSELE SANTIAGO: “Transilvania”. Nunca he sido muy fan de Los Enemigos, lo admito. Sé que esto me restará puntos para acceder a los puestos nobles del manual del buen rockero patrio pero es lo que hay. Dicho lo cual, quién me iba a decir a mí que este disco, este “Transilvania” iba a ser uno de los que más acabaría escuchando este año que se nos va, convirtiéndose en uno de mis favoritos. El caso es que me enganchó un tema, “El bosque”, quizá por sus formas más suaves, atemperadas y evocadoras, y una vez mordido el anzuelo, la manzana, canciones como “Un guardia civil” o “Ángel” o cualquiera de las nueve restantes me arrastraron irremisiblemente a un universo personalísimo e íntimo en el que en cada escucha se siguen encontrando nuevos y fascinantes territorios. Un auténtico discazo.

4.- MIQUI PUIG: “Escuela de capataces”. El cienfebrismo, como bien sabéis, es decir que el disco “Escuela de capataces” de Miqui Puig es lo mejor del año. Es decirlo, claro, en el mes de junio. Y, por supuesto, que, al de dos semanas, otro álbum y artista le arrebaten ese título. Esto es así. De hecho, son tres los que le han sacado de tan honorífico puesto. Pero también dije ese mismo mes de junio que “Escuela de capataces” estaría en mi top 5 y, ahí sí, afiné más. Y es que es una maravilla. Y es que vaya colección de canciones más bonitas que se ha vuelto a currar el ex Sencillos… Y es que sólo por el hecho de que unos de sus temas empiece diciendo “tan normal no será, cuando nos gusta la sangre embutida”, ya me ha ganado. Y si encima dicho tema y los diez restantes están realizados por un tipo que se mantiene coherente a sus señas de identidad y al buen gusto a la hora de elaborar temas de pop sin mayores pretensiones, pues eso, como para no incluirle entre mis discos favoritos de mi Cosecha 2017.

3.- BIZNAGA: “Sentido del espectáculo”. Álbum arrollador de punk-rock oldschool (¿soy el único que cree percibir el punk inglés de finales de los 70?), cargado de actitud. Más allá de la palabrería barata que yo pueda escribir, he devorado este álbum hasta la saciedad, me ha emocionado infinítamente, me ha reavivado esa especie de crisis pre-40’s que me ha hecho rastrear un pasado musical que debía haber vivido hace 20 años, desbrozando pasadizos llenos de alimañas, abriéndome las puertas de tugurios que no pensaba yo que fuese a conocer, enfebreciéndome, al fin, como ningún otro disco editado en España ha conseguido este año. Un artefacto tremendo y absolutamente certero en los mensajes que transmite.

2.- THE JESUS AND MARY CHAIN: “Damage and joy”. Algo típico, va: el último trabajo de los hermanos Reid gana con cada escucha. De hecho, cada una de esas ganancias le ha convertido en mi segundo favorito del año. Además, he de admitir que empecé con él con ciertas reservas porque algunas críticas leídas lo llegaba a tildar, en general, de medianía. Quizá a muchos de los que lo ven así, este regreso les pueda parecer excesivamente “accesible”. Bendita accesibilidad, añado. Canciones de rock clásico, con guitarras marca de la casa, canciones redondas, una tras otra, muy bien cohesionadas y algunas llamadas a convertirse en himnos del 2017 (“All things pass”, “Always sad”, “The two of us”…) En fin, fiebre total con este álbum.

1.- ROBYN HITCHCOCK: “Robyn Hitchcock”. Amenazo: os voy a escribir un artículo, algún día, reivindicando a los advenedizos. Lo digo en estos días de adviento. Los que llegamos los últimos, a veces, a elementos consagrados. A símbolos reconocidos. A propuestas de culto, con legiones de seguidores que, a menudo, pueden mirar por encima del hombro a los recién llegados pero que, finalmente, reciben de buen grado al nuevo miembro de la secta. Siguiendo con el tono ecuménico que está adquiriendo este texto, doy gracias a Dios por ser un advenedizo al universo Hitchcock. Me complace, además, llegar al mismo con el disco que muchos de sus feligreses aciertan a señalar como uno de los mejores, si no el mejor, de la extensa obra del británico. Yo, como advenedizo cienfebrista, lo he flipado, la verdad. Y no es que el que fuera miembro de los Soft Boys haya descubierto la pólvora, pero Hitchcock, en este trabajo que lleva su propio nombre y apellido, amalgama de tal forma el pop y el rock que todo amante del buen pop y el buen rock debe escuchar, que el disco en cuestión sirve de guía cuasi espiritual para cualquier persona presta a escuchar un puñado de canciones redondas, perfectas. “Robyn Hitchcock” logra recoger de una forma inmejorable algunos de los mejores sonidos que pueblan, en definitiva, la música popular históricamente: esas guitarras power poperas, esos guiños sixties psicodélicos, ese nervio nuevaolero, esos devaneos pseudo-countries… “I want to tell you about what I want”, “Mad Shelley’s letterbox”, “Detective Mindhorn”, “Autumn sunglasses”… en fin, Alabado sea el Señor (Hitchcock) y su Palabra en forma de 10 canciones y benditos seamos los advenedizos.